lunes, 3 de julio de 2017

Harry Potter y el prisionero de Azkaban- Cap 22

Aclaración: Bueno todos los personajes y los libros que leen pertenecen a Jo Rowling, yo solo lo traspaso a un blog para que puedan leerlo de una manera diferente con las intervenciones de ciertos personajes pertenecientes a ella.


Harry Potter y el Prisionero de Azkaban


Capitulo XXII: "Más lechuzas mensajeras"

-Creo que sería adecuado que Sirius lea el último capítulo, ¿No creen?- Sirius tomó el libro, con el ceño fruncido.
-Siempre creí que escribirían libros de mí y mis andanzas, pero nunca esperé que así…supongo que hay que especificar cuando crees en algo. Aunque no fui el que peor quedó de esa guerra- murmuró, sin poder dar un inevitable vistazo a Frank y Alice, algo que solo Neville notó.
-Me pregunto si es correcto lo que estamos haciendo, ni siquiera es legal Harry, el domino de nuestras acciones afectara no solo a nosotros, si no a Inglaterra y medio mundo mágico. ¿Crees que realmente todo salga bien? Tu lo has dicho nuestros planes suelen salir mal.
-Hermione, nuestros planes serán un asco, pero lo que tenemos a favor es que ya terminaba muy mal para muchos aún sin meternos,  ¿qué puedes hacerles peor que los que ya les hicieron? ¡Míralos! Destrozaron a todos aquí de una forma u otra, no hay chance de que las cosas sean peor de lo que ya lo eran.
-Empiecen- Sirius suspiró, antes de comenzar a leer.
-El último capítulo se llama Más lechuzas mensajeras.

—¡Harry! —Hermione le tiraba de la manga, mirando el reloj.

- ¿Por qué los relojes funcionan y no otros aparatos?- preguntó Seamus confundido.
-Porque los relojes son muy antiguos, además de que su funcionamiento es simple porque no necesitan energía eléctrica.

—. Tenemos diez minutos para regresar a la enfermería sin ser vistos. Antes de que Dumbledore cierre la puerta con llave.
—De acuerdo —dijo Harry, apartando los ojos del cielo—, ¡vamos!
Entraron por la puerta que tenían detrás y bajaron una estrecha escalera de caracol. Al llegar abajo oyeron voces. Se arrimaron a la pared y escucharon. Parecían Fudge y Snape.

-Cuando pienso que dos personas no pueden caerme peor, se juntan y se sobrepasan.
-Espera a conocer a Umbr…- Hermione le dio un codazo.

Caminaban aprisa por el corredor que comenzaba al pie de la escalera.
—... Sólo espero que Dumbledore no ponga impedimentos —decía Snape—. ¿Le darán el Beso inmediatamente?

Sirius se estremeció, Lily rozó su pierna con la de él por debajo de la mesa, como un pequeño tirón a la realidad, fuera de sus demonios.

—En cuanto llegue Macnair con los dementores. Todo este asunto de Black ha resultado muy desagradable. No tiene ni idea de las ganas que tengo de decir a El Profeta que por fin lo hemos atrapado. Supongo que querrán entrevistarle, Snape...

Canuto sintió una arcada. Mientras James hacía una mueca de asco.
-¿Puedo atacarlo? ¿Golpearlo? ¿Atarle las piernas con cinta y hacerlo quitar como ruleta?- Hermione negó rotundamente, Marlene frunció la cara como niña enfurruñada- ya no la dejan hacer nada a una, censura y opresión ¡Eso es!

Y en cuanto el joven Harry vuelva a estar en sus cabales, también querrá contarle al periódico cómo usted lo salvó.
Harry apretó los dientes.

De la misma manera que muchos en el comedor. Harry sentía que estaba por tener jaqueca, con el paso de los años las acciones de Snape parecían haberse justificado pero ahora, contándolas una por una y reviviéndolas se daba cuenta que él no era un santo, a pesar de que él era de los buenos…Harry se repitió la última frase en su mente, intentando no confundir sus pensamientos.
Entrevió la sonrisa hipócrita de Snape cuando él y Fudge pasaron ante el lugar en que estaban escondidos. Sus pasos se perdieron. Harry y Hermione aguardaron unos instantes para asegurarse de que estaban lejos y echaron a correr en dirección opuesta. Bajaron una escalera, luego otra, continuaron por otro corredor y oyeron una carcajada delante de ellos.

-Maldito bichejo insufrible- masculló Hermione.
-Vas a ganarte la antipatía de la sociedad protectora de Peeves abandonados- se burló Ron.

—¡Peeves! —susurró Harry, asiendo a Hermione por la muñeca—. ¡Entremos aquí!
Corrieron a toda velocidad y entraron en un aula vacía que encontraron a la izquierda. Peeves iba por el pasillo dando saltos de contento, riéndose a mandíbula batiente.
—¡Es horrible! —susurró Hermione, con el oído pegado a la puerta—. Estoy segura de que se ha puesto así de alegre porque los dementores van a ejecutar a Sirius... —Miró el reloj—. Tres minutos, Harry.

-Peeves no tiene nada contra mí, su corazón es tan puro que nos odia a todos por igual- explicó.

Aguardaron a que la risa malvada de Peeves se perdiera en la distancia. Entonces salieron del aula y volvieron a correr.
—Hermione, ¿qué ocurrirá si no regresamos antes de que Dumbledore cierre la puerta? —jadeó Harry.
—No quiero ni pensarlo —dijo Hermione, volviendo a mirar el reloj—. ¡Un minuto! —Llegaron al pasillo en que se hallaba la enfermería—. Bueno, ya se oye a Dumbledore —dijo nerviosa Hermione—. ¡Vamos, Harry!

-¡Apúrense!- Por la manera en que varios alentaban, parecía más una carrera de caballos que una lectura.
-¡Silencio ustedes! Que es algo serio esto, no un tonto partido de quidditch.
-Hablo una de las mejores buscadoras que Gryffindor ha tenido- Minerva regañó a Sirius con la mirada, pero sin contener una pequeña sonrisa de orgullo.

Siguieron por el corredor cautelosamente. La puerta se abrió. Vieron la espalda de Dumbledore.
—Os voy a cerrar con llave —le oyeron decir—. Son las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.
Dumbledore salió de espaldas de la enfermería, cerró la puerta y sacó la varita para cerrarla mágicamente. Asustados, Harry y Hermione se apresuraron. Dumbledore alzó la vista y una sonrisa apareció bajo el bigote largo y plateado.
—¿Bien? —preguntó en voz baja.

-Encierra a Harry y Hermione, al girarse ve a otros Harry y Hermione que liberaron a una bestia y a un asesino serial y lo primero que dice es ¿BIEN?- Molly parecía a punto de la crisis nerviosa- ¡Que son niños, Albus! Pones demasiado peso en sus pequeños hombros.
-Harry no tiene  nada pequeño- comentó Ginny distraídamente, ganándose varias miradas, desde pícaras y divertidas hasta asqueadas de parte de sus hermanos- ¿Qué? Nunca ha tenido hombros peq… ¡No me refería a eso y no me culpen de sus mentes pervertidas!
-Considerando que tuviste tres embarazos en cinco años…parece que el cachorro no tiene problemas de ese calibre- se burló Sirius, mientras Harry enrojecía como un tomate.

—¡Lo hemos logrado! —dijo Harry jadeante—. Sirius se ha ido montado en Buckbeak...
Dumbledore les dirigió una amplia sonrisa.
—Bien hecho. Creo... —Escuchó atentamente por si se oía algo dentro de la enfermería—. Sí, creo que ya no estáis ahí dentro. Entrad. Os cerraré.

-Nunca entenderé como puede estar tan calmado en situaciones tan surrealistas- Fabian se encogió de hombros.
-Es Dumbledore, puede hacer todo.

Entraron en la enfermería. Estaba vacía, salvo por lo que se refería a Ron, que permanecía en la cama. Después de oír la cerradura, se metieron en sus camas. Hermione volvió a esconder el giratiempo debajo de la túnica. Un instante después, la señora Pomfrey volvió de su oficina con paso enérgico.
—¿Ya se ha ido el director? ¿Se me permitirá ahora ocuparme de mis pacientes?

-Madame Pomfrey es la única persona que he conocido capaz de regañar a Albus Dumbledore- comentó Remus con cierto cariño, había pasado tantos días en la enfermería después de la luna llena y tantas situaciones en que Madame Pomfrey intentaba que su dolor fuera el mínimo posible que era imposible que no sintiera un agradecimiento enorme por aquella señora.

Estaba de muy mal humor. Harry y Hermione pensaron que era mejor aceptar el chocolate en silencio. La señora Pomfrey se quedó allí delante para asegurarse de que se lo comían. Pero Harry apenas se lo podía tragar. Hermione y él aguzaban el oído, con los nervios alterados. Y entonces, mientras tomaban el cuarto trozo del chocolate de la señora Pomfrey, oyeron un rugido furioso, procedente de algún distante lugar por encima de la enfermería.

-¿Más problemas?- bufó Dorcas- ¿No pueden tener aunque sea una hora de tranquilidad?

—¿Qué ha sido eso? —dijo alarmada la señora Pomfrey.
Oyeron voces de enfado, cada vez más fuertes. La señora Pomfrey no perdía de vista la puerta.
—¡Hay que ver! ¡Despertarán a todo el mundo! ¿Qué creen que hacen?

-No puede ser un alumno, ya lo hubiesen enviado a detención, Sirius se marchó…A no ser que- no fue una coincidencia que varios pares de ojos miraran derecho a la mesa verde y plata.

Harry intentaba oír lo que decían. Se aproximaban.
—Debe de haber desaparecido, Severus. Tendríamos que haber dejado a alguien con él en el despacho. Cuando esto se sepa...
—¡NO HA DESAPARECIDO! —bramó Snape, muy cerca de ellos—. ¡UNO NO PUEDE APARECER NI DESAPARECER EN ESTE CASTILLO! ¡POTTER TIENE ALGO QUE VER CON ESTO!

-¿Esto es de lo que te jactas Snape? ¿Tus brillantes actuaciones, poderes y mente fría? ¿Amenazar a un niño de trece años porque no te dejo vengar tu berrinche escolar? ¿Te parece acaso que te hace más hombre? No eres nada, eres una cáscara vacía repleta de resentimiento y envidia y deja de meterte con quienes quiero o acabarás muy mal- era impresionante, pensó Sirius, como Marlene podía verse tan amenazante a pesar de su estatura, su rostro infantil y sus ojos claros, pero lo supo por su mirada, aquella chica no mentía, no amenazaba en vano, sería capaz de destrozar a quien sea para defender a los que amaba…Se preguntó si Marlene murió al ser atacada o al defender a alguien, las dos opciones le hacían un hueco en el estómago.

—Sé razonable, Severus. Harry está encerrado.

¡PLAM!
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ACTUALIZACIÓN 9 DE JULIO.


La puerta de la enfermería se abrió de golpe. Fudge, Snape y Dumbledore entraron en la sala con paso enérgico. Sólo Dumbledore parecía tranquilo, incluso contento. Fudge estaba enfadado, pero Snape se hallaba fuera de sí.
—¡CONFIESA, POTTER! —vociferó—. ¿QUÉ ES LO QUE HAS HECHO?

Sirius se tronó el cuello, con una sonrisa triunfal.
-Me escapo, mi ahijado me quiere y a Quejicus le explota la vena de la frente, día productivo.

—¡Profesor Snape! —chilló la señora Pomfrey—, ¡contrólese!
—Por favor, Snape, sé razonable —dijo Fudge—. Esta puerta estaba cerrada con llave. Acabamos de comprobarlo.
—¡LE AYUDARON A ESCAPAR, LO SÉ! —gritó Snape, señalando a Harry y a Hermione. Tenía la cara contorsionada. Escupía saliva.

-A veces me sorprende como cuando crees que no puede ser más odioso…se supera a si mismo.
Lily intentó reír con los demás, pero James le dio la mano por debajo de la mesa, a pesar de que el disfrutaba ver a Snape en plena crisis nerviosa, sabía que era como una puñalada  para ella cada vez que él se metía con su hijo.

—¡Tranquilícese, hombre! —gritó Fudge—. ¡Está diciendo tonterías!
—¡NO CONOCE A POTTER! —gritó Snape—. ¡LO HIZO ÉL, SÉ QUE LO HIZO ÉL!

Minerva se frotó la sien.
-Merlín santo, que fijación tiene ese muchacho con Potter. Lo escucho quejarse sobre él desde hace siete años y aparentemente me esperan dos décadas más.

—Ya vale, Severus —dijo Dumbledore con voz tranquila—. Piensa lo que dices. Esta puerta ha permanecido cerrada con llave desde que abandoné la enfermería, hace diez minutos. Señora Pomfrey, ¿han abandonado estos alumnos sus camas?
—¡Por supuesto que no! —dijo ofendida la señora Pom­frey—. ¡He estado con ellos desde que usted salió!

Severus tenía el ceño fruncido con fuerza. No entendía como los Potter podían hacer lo que les plazca y siempre todos los aplaudían como si fuesen héroes. Solo eran unos petulantes cabrones.

—Ahí lo tienes, Severus —dijo Dumbledore con tranquilidad—. A menos que crea que Harry y Hermione son capaces de encontrarse en dos lugares al mismo tiempo, me temo que no encuentro motivo para seguir molestándolos.
Snape se quedó allí, enfadado, apartando la vista de Fudge, que parecía totalmente sorprendido por su comportamiento, y dirigiéndola a Dumbledore, cuyos ojos brillaban tras las gafas. Snape dio media vuelta (la tela de su túnica produjo un frufrú) y salió de la sala de la enfermería como un vendaval.

-¿Está mal sentir cierta satisfacción al arruinar lo de Snape?- Murmuró Hermione, Harry arrugó el ceño, de la misma manera que lo hacía Lily al enfadarse.
-Prefiero no replantearme mis sentimientos por Snape y sus acciones, siempre que lo hago me da jaqueca.

—Su colega parece perturbado —dijo Fudge, siguiéndolo con la vista—. Yo en su lugar; Dumbledore, tendría cuidado con él.
—No es nada serio —dijo Dumbledore con calma—, sólo que acaba de sufrir una gran decepción.

-Snape es en sí mismo una decepción  con patas- razonó Marlene.
-Creo que me quedaré contigo rubia, me agradas- felicitó Canuto.
-Nos conocemos desde primero, Lassie, y desde entonces quieres mirar mis bragas al subir la escalera, ¿por qué finges que no nos conocemos?
-Ya, pero yo tenía planes de revolcones geniales contigo, esto de ser pareja abre un mundo de posibilidades.
-Creo que voy a golpearte, pero lo más doloroso sería darte en la cara o la entrepierna, tu cara sería una pena y tu entrepierna sería más pérdida para mí que para ti.
-Me llamaste Lassie y hablaste de sexo en la misma conversación, no sé si me disgusta o no.
-James, recuérdame nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia tener una cita doble con estos dos.

—¡No es el único! —repuso Fudge resoplando—. ¡El Profeta va a encontrarlo muy divertido! ¡Ya lo teníamos arrinconado y se nos ha escapado entre los dedos! Sólo faltaría que se enterasen también de la huida del hipogrifo, y seré el hazmerreír. Bueno, tendré que irme y dar cuenta de todo al Ministerio...

Alastor bufó.
-Estupido Fudge.

—¿Y los dementores? —le preguntó Dumbledore—. Espero que se vayan del colegio.
—Sí, tendrán que irse —dijo Fudge, pasándose una mano por el cabello—. Nunca creí que intentaran darle el Beso a un niño inocente..., estaban totalmente fuera de control. Esta noche volverán a Azkaban.

Sirius se estremeció.
-Soy de los que creen que no deberían existir en ninguna parte del mundo, aún cuando se habla de los peores seres humanos, actuar sin humanidad nos vuelve iguales o peores que ellos- Dumbledore estaba tenso, la simple mención de Azkaban lo alteraba casi tanto como a Sirius.

Tal vez deberíamos pensar en poner dragones en las entradas del colegio...
—Eso le encantaría a Hagrid —dijo Dumbledore, dirigiendo a Harry y a Hermione una rápida sonrisa. Cuando él y Fudge dejaron la enfermería, la señora Pomfrey corrió hacia la puerta y la volvió a cerrar con llave. Murmurando entre dientes, enfadada, volvió a su despacho.

-Es admirable como Pomfrey ignora todo cuando se trata de atender a un alumno, puede caerse el mundo pero ella no se desconcentra- comentó Remus, con un dejo cariñoso en su voz, había pasado demasiadas mañanas bajo los cuidados de la enfermera y no podía evitar tener aprecio por aquella mujer que curaba sin preguntar.

Se oyó un leve gemido al otro lado de la enfermería. Ron se acababa de despertar. Lo vieron sentarse, rascarse la cabeza y mirar a su alrededor.
—¿Qué ha pasado? —preguntó—. ¿Harry? ¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde está Sirius? ¿Dónde está Lupin? ¿Qué ocurre?
Harry y Hermione se miraron.
—Explícaselo tú —dijo Harry, cogiendo un poco más de chocolate.

-Le pegas tu vicio a mi hijo- culpó Lily, poniendo los ojos en blanco. -Y yo que creí que el que pegaría vicios sería el perro.
-Me discriminan por ser perro- a la mitad de las muchachas del comedor se le caían las bragas al ver al galán de Hogwarts con esa expresión de pena.
-Qué curioso, la que se meta con el perro acabará pareciendo pekinés…Porque le aplastaré la cara contra la mesa- advirtió Marlene con una sonrisa que pretendía ser tierna.

Cuando Harry; Ron y Hermione dejaron la enfermería al día siguiente a mediodía, encontraron el castillo casi desierto. El calor abrasador y el final de los exámenes invitaban a todo el mundo a aprovechar al máximo la última visita a Hogsmeade. Sin embargo, ni a Ron ni a Hermione les apetecía ir, así que pasearon con Harry por los terrenos del colegio, sin parar de hablar de los extraordinarios acontecimientos de la noche anterior y preguntándose dónde estarían en aquel momento Sirius y Buckbeak.

-Les doy mi palabra que no era nada tan agradable o aventurero como imaginan, era poco menos que un vagabundo desnutrido.
-Sirius no hables así, lastimas a mucha gente en esta mesa- regañó Andrómeda, señalando con la cabeza a James que parecía a punto de llorar, al igual que Tonks.

 Cuando se sentaron cerca del lago, viendo cómo sacaba los tentáculos del agua el calamar gigante, Harry perdió el hilo de la conversación mirando hacia la orilla opuesta. La noche anterior; el ciervo había galopado hacia él desde allí.

-Es extraordinario como un par de horas hacen la diferencia- Remus suspiró con cansancio.
-Así funciona con los que son como yo, unas horas hacen la diferencia entre humano y bestia, entre ser lo que ven o ser un asesino, es la maldición, soy una criatura mald…-Remus sintió un fuerte golpe en la nuca, dado por una mano demasiado pequeña como para la fuerza del golpe.

-Tonto- Tonks volvió a sentarse junto a su madre, mientras Harry y los demás sonreían con cierta complicidad, Tonks no cambiaba con el tiempo.
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ACTUALIZACIÓN 16 de JULIO.



Una sombra los cubrió. Al levantar la vista vieron a Hagrid, medio dormido, que se secaba la cara sudorosa con uno de sus enormes pañuelos y les sonreía.
—Ya sé que no debería alegrarme después de lo sucedido la pasada noche —dijo—. Me refiero a que Black se volviera a escapar y todo eso... Pero ¿a que no adivináis...?
—¿Qué? —dijeron, fingiendo curiosidad.

-Solo Hagrid feliz por una criatura no lo notaría, son pésimos actuando, especialmente tú Hermione- la castaña fingió no darse por aludida, aún sabiendo que su cuñado tenía toda la razón del mundo.

—Buckbeak. ¡Se escapó! ¡Está libre! ¡Lo estuve celebrando toda la noche!

-Solo Hagrid feliz y borracho no lo notaría- ratificó Fred,  mientras Hagrid sonreía, demasiado feliz como para avergonzarse.

—¡Eso es estupendo! —dijo Hermione, dirigiéndole una mirada severa a Ron, que parecía a punto de reírse.
—Sí, no lo atamos bien —explicó Hagrid, contemplando el campo satisfecho—. Esta mañana estaba preocupado, pensé que podía tropezarse por ahí con el profesor Lupin. Pero Lupin dice que anoche no comió nada.

-¿Espera qué?- James miró al resto confundido- Nadie revelaría ese secreto, nadie salvo…Lily si aún quieres a ese bastardo como amigo sería buen momento para decírmelo, antes de que deje su cuello como un alfiler por estrangularlo- la pelirroja bajó la cabeza, sin saber como responder.
-¿Por qué él, Snape?- Sirius lo miró, sin la malicia usual, con seriedad- ¿Así funciona? No pudiste con James y te desquitas con Harry, no pudiste con Lily y te desquitas con la primer niña que te recuerda a ella- señaló a Hermione- y como no pudiste conmigo te desquitas con Remus, que ha sido el único de nosotros, demonios, el único en este colegio que nunca se ha reído de ti. ¡Si hasta te ofreció chocolate, maldita sea! Quieres destrozarme, ven a por mi, pero no te metas con él porque ahí si seré yo quien te recuerde porque te detesto como lo hago.
-¿Crees qué diciendo las mismas estupideces de héroe justiciero te aplaudiré como todos los imbéciles que van besando tu…?- Snape se detuvo al ver girarse a Lily, para mirarlo fijamente desde el asiento en la mesa de Gryffindor.
-¿Y si soy yo quien lo dice, Severus? ¿Serás capaz de responderme o seré otra estúpida con aires de héroe justiciero? Dime tú, ¿es lo que tú haces justo acaso?
-Lily…- Lucius lo miró con una mueca de asco, si había algo más despreciable que los sangre sucia, eran los traidores.
-Deja de pensar lo que estas pensando, que yo soy bastante traidorcita- cortó Astoria, mientras Draco ocultaba una sonrisa por semejante término.

—¿Cómo? —preguntó Harry.
—Caramba, ¿no lo has oído? —le preguntó Hagrid, borrando la sonrisa. Bajó la voz, aunque no había nadie cerca—. Snape se lo ha revelado esta mañana a todos los de Slytherin.

Solo Albus fue capaz de oír la opinión poco favorecedora de Minerva sobre la casa de las serpientes.

Creía que a estas alturas ya lo sabría todo el mundo: el profesor Lupin es un hombre lobo. Y la noche pasada anduvo suelto por los terrenos del colegio. En estos momentos está haciendo las maletas, por supuesto.

James se revolvió el pelo, con frustración.
-He sido la perdición de todos los que quería proteger…Peter se volvió un traidor, Sirius condenado al infierno, Remus expulsado por una estúpida rivalidad que ni siquiera era suya y Lily…Lily…-No podía decirlo, le dolía la simple idea de imaginar a su pelirroja sin ese sonrojo en sus mejillas y ese brillo en sus ojos esmeraldas- creo que lo mejor será que me aleje y así ustedes podrán h…-Lily le dio una bofetada, que dejó a todo el comedor estático.
-¿Estas demente o eres idiota? Remus te adora, Sirius te ama más que a su reflejo, tienes un hijo que debe nacer y yo no pienso quedarme como una soltera con treinta gatos, destrozaste mi paciencia cinco años para que saliera contigo y ahora que estoy a tus pies ¿pretendes dejarme? ¡Eso ni se te ocurra! Que ya pensé mi vestido de novia, estúpido.
-¿Estas a mis pies?- repitió, aún con la mano palpándose la mejilla afectada.
-¿En serio es todo lo que escuchaste?- Marlene puso los ojos en blanco.
-Me recuerdan a nosotros- comentó Ginny.
-No crees que esa broma de la maldición Potter es cierta ¿verdad? Miopía, pelirroja con carácter de los mil demonios…- Harry se calló, cuando Ron y Hermione lo miraron con exacta expresión de "¿Recién lo notas?"

—¿Que está haciendo las maletas? —preguntó Harry alarmado—. ¿Por qué?
—Porque se marcha —dijo Hagrid, sorprendido de que Harry lo preguntara—. Lo primero que hizo esta mañana fue presentar la dimisión. Dice que no puede arriesgarse a que vuelva a suceder.

-Aún no entiendo como acepté en primer lugar- Remus bajó la cabeza abatido.
-Eres el mejor profesor que ha tenido el colegio, no me hagas hacer que mi sobrina te pegue de nuevo- cortó Sirius.
-Estaría encantada- acotó Tonks, con una sonrisita traviesa.
-Entre todas las personas a las que podías parecerte, ¿Por qué a Sirius?- preguntó Andrómeda exasperada.

Harry se levantó de un salto.
—Voy a verlo —dijo a Ron y a Hermione.
—Pero si ha dimitido...
—No creo que podamos hacer nada.

—No importa. De todas maneras, quiero verlo. Nos veremos aquí mismo más tarde.
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ACTUALIZACIÓN 6 DE AGOSTO.



Remus suspiró, con una resignación que rozaba la tristeza. Ese era su destino, trabajar un par de semanas y ser despedido, o irse antes de que lo descubran, era la vida que le esperaba a un ser como él.
-Es solo un problema peludo Lunático, no sé porque le das tantas vueltas al asunto. Y tampoco porque vives como un pobre, sabes que el dinero de los Potter es tan tuyo como mío, no es de puro cariño que digo que son mis hermanos, yo siempre…
-Tú siempre me ayudaste James, pero no puedo ser un mantenido, mucho menos que me mantenga tu hijo, que podría ser mi hijo en edad…sería avergonzante. Y no entiendo como una mujer accedió a esa vida de paria- Ginny soltó una palabrota.
-Es el mejor profesor que hemos tenido y ser pobre no es ninguna deshonra, yo crecí en una familia pobre y fui inmensamente feliz, como lo soy casada con Harry tenga él dinero o no. Remus da igual si comes caviar o sopa mientras la persona que este contigo en la mesa te ame. Y ella te ama.
-Además de que se ríe pasando los dedos por los hoyitos de tu ropa- agregó Hermione con una sonrisa.
-En realidad creo que se divierte más quitando la ropa- Molly miró feo a su hijo mayor- ¿Nadie va a mencionar el hecho de que esos dos pasaban todas las noches de guardia aunque ni guardia hubiese?- Remus se sonrojó, tomando el color del cabello de Lily.
-Son las desventajas de casarte con alguien trece años más joven, no te da tregua-Los merodeadores miraron a Charlie al mismo tiempo, Canuto fue el primero en sonreír con picardía.
-¿Están diciendo que Remusín se agarró una cachorrita? ¡Te casaste con una veintiañera, Lunático! Menos mal que te echaron de Hogwarts por hombre lobo, antes de que lo hicieran por asaltar cunas.
El Remus adulto miró a su yo pequeño, al que estaba más rojo que un tomate y dio una mirada de soslayo a Tonks, que comía galletas distraída.  
-Sé lo que piensas, aún no sé que me vio o porque se enamoró como lo hizo, pero déjame decirte que es la mujer más maravillosa que he conocido y que seré un egoísta por estar con ella a pesar de todo.

La puerta del despacho de Lupin estaba abierta. Ya había empaquetado la mayor parte de sus cosas. Junto al depósito vacío del grindylow, la maleta vieja y desvencijada se hallaba abierta y casi llena. Lupin se inclinaba sobre algo que había en la mesa y sólo levantó la vista cuando Harry llamó a la puerta.
—Te he visto venir —dijo Lupin sonriendo. Señaló el pergamino sobre el que estaba inclinado. Era el mapa del merodeador.

-No puedo creer que hayamos sido alumnos de Lunático sin saberlo- Fred se pellizcó el puente de la nariz- ¡Son legendarios! Tuvimos a tres de cuatro ese año bajo el mismo techo y no lo supimos.
-Dos y medio, a Peter le falta el dedo, la ética y los cojones- Lily y McGonagall miraron con igual desaprobación a la rubia, mientras Sirius asentía con expresión seria.

—Acabo de estar con Hagrid —dijo Harry—. Me ha dicho que ha presentado usted la dimisión. No es cierto, ¿verdad?
—Me temo que sí —contestó Lupin. Comenzó a abrir los cajones de la mesa y a vaciar el contenido.
—¿Por qué? —preguntó Harry—. El Ministerio de Magia no lo creerá confabulado con Sirius, ¿verdad?
Lupin fue hacia la puerta y la cerró.

-Como si no te culparan de lo mío, también te culpan de lo de él- bufó James.
-Tranquilo, ya me he acostumbrado a eso- miró de soslayo y con nostalgia a la mesa de los profesores.

—No. El profesor Dumbledore se las ha arreglado para convencer a Fudge de que intenté salvaros la vida —suspiró—. Ha sido el colmo para Severus. Creo que ha sido muy duro para él perder la Orden de Merlín. Así que él... por casualidad... reveló esta mañana en el desayuno que soy un licántropo.

-¿Sabías que eso no te devolvería la orden, verdad? Eres lo suficientemente egoísta como para querer que si te hundes todos se hundan contigo- Snape rodó los ojos.
-Tú sabes mucho de hundirte McKinnon, estarás seis metros bajo tierra.
Canuto dio un golpe seco con la varita, que mandó a Severus contra la pared de piedra.
-¿No piensa intervenir?- Lucius le exigió a Minerva, quien solo frunció el ceño.
-Mal hecho señor Black, cinco puntos menos. Tú turno Slughorn- Horace puso su mejor expresión de Me he perdido de todo- Prácticamente ha bailado sobre la tumba de una de tus alumnas, Horace- recordó, con seriedad.
-Cin…Och..Die…-Minerva gruño- Quince, no…Veinte…Si eso ¡Veinte puntos menos para Slytherin!

—¿Y se va sólo por eso? —preguntó Harry.
Lupin sonrió con ironía.

—Mañana a esta hora empezarán a llegar las lechuzas enviadas por los padres. No consentirán que un hombre lobo dé clase a sus hijos, Harry. Y después de lo de la última noche, creo que tienen razón. Pude haber mordido a cualquiera de vosotros... No debe repetirse.

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SE QUE ESTO ES TERRIBLEMENTE CORTO, PERO ESTOY ENLOQUECIDA POR EL ESTRES, EL  DEL 15 AL 18 RINDO EXAMENES MUY IMPORTANTES Y MI CABEZA NO FUNCIONA DEL TODO.  EL DOMINGO YA VOY A INTENTAR SUBIR UN TROZO MAS GRANDE DEL CAPITULO.

PERDONEN :'(

-MERO. 


lunes, 17 de abril de 2017

Harry Potter y el prisionero de Azkaban- Cap 21

Aclaración: Bueno todos los personajes y los libros que leen pertenecen a Jo Rowling, yo solo lo traspaso a un blog para que puedan leerlo de una manera diferente con las intervenciones de ciertos personajes pertenecientes a ella.


Harry Potter y el Prisionero de Azkaban


Capitulo XX: "El secreto de Hermione"

-Nos quedan solo dos capítulos y las cosas pintan muy mal, tengo miedo por su seguridad- Arthur miró preocupado a Sirius- ¿Qué pasa entre esto y lo siguiente?
-Si liberan a Sirius, Snape dirá que fueron ustedes- Harry sentía un mal sabor cada vez que mencionaban las acciones de Snape y le costaba seriamente no cuestionar muchas cosas, especialmente cuando veía a su padrino emocionalmente destrozado.
-Lily leerá el siguiente capítulo- James le pasó el libro a una confundida pelirroja.
-¿Alguna razón en especial?- Potter dio una significativa mirada a la mesa de Slytherin.
-Si Canuto esta así, es porque no regresó a Azkaban, presiento que Quejicus hará un ridículo y será un maravilloso castigo que seas tú, preciosa pelirroja de mi corazón, quien lo lea.
-Reprobaría tu comportamiento completamente...si no reprobara aún más el suyo- suspiró resignada- El capitulo se titula "El secreto de Hermione"
-¡Te enamoraste de Sirius!- Sirius y Hermione se observaron con la misma expresión de asco.
-¡Es como si fuese mi tío, que asco!- el joven Sirius la miró indignado.
-Eh, que tu eres mayor que yo.
-En este momento, pero tú me llevas veinte años en mi momento.
-¿Podríamos no hablar de paradojas temporales? Hacen que mi cerebro llore- cortó Marlenne- y la chica es inteligente Sirius, no eres su tipo.
-Ya porque Ronald es el próximo Albus Dumbledore.
-¡Es inteligente!- defendió Hermione ante las risas de Fred y George.

—Asombroso. Verdaderamente asombroso. Fue un milagro que quedaran todos con vida. No he oído nunca nada pareci­do. Menos mal que se encontraba usted allí, Snape...
—Gracias, señor ministro.
—Orden de Merlín, de segunda clase, diría yo. ¡Primera, si estuviese en mi mano!
—Muchísimas gracias, señor ministro.

-¡Vibora rastrera hijo de...!- Molly apretó el hombro de su hijo mayor, para detener la grosería. Aunque tampoco se esforzó demasiado, ella estaba tan indignada como todos.
-La ambición de Severus por ser querido y admirado son su mayor debilidad- murmuró Albus, negando con la cabeza, Severus sería un gran aliado pero tenía tantas debilidades mundanas y egoístas que debía ser controlado. Y aún estaba esperando que se revelase cual era realmente la razón por la cual él parecía confiar ciegamente en Snape, le faltaba solo una de las piezas de aquel rompecabezas.

—Tiene ahí una herida bastante fea. Supongo que fue Black.
—En realidad fueron Potter; Weasley y Granger, señor ministro.
—¡No!
—Black los había encantado. Me di cuenta enseguida. A juzgar por su comportamiento, debió de ser un hechizo para confundir. Me parece que creían que existía una posibilidad de que fuera inocente. No eran responsables de lo que hacían. Por otro lado, su intromisión pudo haber permitido que Black escapara... Obviamente, creyeron que podían atrapar a Black ellos solos. Han salido impunes en tantas ocasiones anteriores que me temo que se les ha subido a la cabeza... Y naturalmente, el director ha consentido siempre que Potter goce de una libertad excesiva.

Lily apretó el libro con fuerza. Había pasado toda la primer parte de la lectura triste por Severus, pero ahora comenzaba a querer darle con el libro en la cabeza.
-El temperamento de la pelirroja está haciendo cortocircuito- comentó Sirius, con una sonrisa- Espero con ansías el momento en que su cabecita sulfurada explote.
-Espero que sea antes de que yo pierda el control, o le daré a Quejicus la peor paliza que le han dado en su vida- agregó James, con todo sombrío. Estaba harto de esa serpiente de quinta, arrastrado, mentiroso, cruel y trepador...como todo Slytherin.
-Todos las serpientes son iguales- Canuto y Cornamenta se miraron, no hacía falta que hablara para que Sirius supiera exactamente lo que estaba pensando.

—Bien, Snape. ¿Sabe? Todos hacemos un poco la vista gorda en lo que se refiere a Potter.

Harry arrugó el ceño.
-Oh vamos cariño, no puedes negar que eras el niño dorado de Dumbledore- Ginny rió- hasta McGonagall te dejaba romper las reglas. Aunque ser la novia del niño de oro tiene sus privilegios- el ojiverde la miró sorprendido- Bueno, Slughorn ni siquiera miraba mi caldero cuando se supo que éramos novios, solo decía ¡El talento se pega con el amor! cuando tú y yo sabemos que ni siquiera sé hacer un estofado decente mucho menos una poción de muertos en vida.
Slughorn se escondió en su asiento, mientras los demás profesores lo miraban con reprobación.

—Ya. Pero ¿es bueno para él que se le conceda un trato tan especial? Personalmente, intento tratarlo como a cualquier otro.

-No, trata mal a todos y a Harry lo trata peor que mal.

Y cualquier otro sería expulsado, al menos temporalmente, por exponer a sus amigos a un peligro semejante. Fíjese, señor ministro: contra todas las normas del colegio... después de todas las precauciones que se han tomado para protegerlo... Fuera de los límites permitidos, en plena noche, en compañía de un licántropo y un asesino... y tengo indicios de que también ha visitado Hogsmeade, pese a la prohibición.

-Lo que más me enferma de esta situación, es que ese desgraciado está intentando hacer con Harry lo que no pudo hacer conmigo. ¿Oíste Snape? Por más que Harry fuese expulsado no me verás caer, no tendrás el gusto de verme expulsado, no dejaré de ser popular, no dejaré de ser un gran jugador de Quidditch y...No dejaré de ser el hombre que Lily escogió. Puedes retorcerte en tu cueva y pretendes desquitarte con Harry, pero él no soy yo y eso te consume.
Snape temblaba por la pura ira, quería desollar a Potter con las manos, quería... quería... quería...el odio lo recorría y quería maldecirlo, la madera de la varita le quemaba en las manos, ansiosa por atacar. Y estaba a punto, a milímetros de torturarlo frente a todos sus asquerosos fanáticos pero algo lo detuvo. Algo que le perforó el pecho. Lily le dirigió una fría mirada, antes de recargarse en Potter, ella sabía lo que él quería hacer y se puso lo suficientemente cerca de él como para ser un escudo humano. Sabía que había una guerra entre ellos dos y había escogido de qué lado estar.

—Bien, bien..., ya veremos, Snape. El muchacho ha sido travieso, sin duda.

-Bueno, ha sido más que travieso- Molly arrugó el entrecejo- comprendo que los niños sean traviesos, es inevitable, pero tampoco es correcto dejar que niños de doce o trece años anden persiguiendo asesinos seriales- Sirius carraspeó- a pesar de que no corriesen peligro,  ellos creían que Sirius era peligroso y fueron tras él, podrían haber muerto con otro adversario.
-Molly tiene razón- apoyó Lily- sé que Harry luchará, es un luchador nato porque lo lleva en las venas, al igual que Ron y Hermione pero necesitan más sentido común.
-Tengo sentido común- refutó Hermione- pero en ocasiones hay que elegir que es más importante y que estas dispuesto a sacrificar por algo que realmente te importa. Ron y yo escogimos estar junto a Harry, sin importar que tan difícil fuera lo que tenía que enfrentar, ya sea perseguir a un psicópata, luchar en la guerra o ser padrinos de su hijo, lo apoyaremos sin mirar si es una locura o no.

Harry escuchaba acostado, con los ojos cerrados. Estaba completamente aturdido. Las palabras que oía parecían viajar muy despacio hasta su cerebro, de forma que le costaba un gran esfuerzo entenderlas. Sentía los miembros como si fueran de plomo. Sus párpados eran demasiado pesados para levantarlos. Quería quedarse allí acostado, en aquella cómoda cama, para siempre...

Lily se estremeció ante la idea.

—Lo que más me sorprende es el comportamiento de los dementores... ¿Realmente no sospecha qué pudo ser lo que los hizo retroceder; Snape?
—No, señor ministro. Cuando llegué, volvían a sus posiciones, en las entradas.
—Extraordinario. Y sin embargo, Black, Harry y la chica...
—Todos estaban inconscientes cuando llegué allí. Até y amordacé a Black, hice aparecer por arte de magia unas camillas y los traje a todos al castillo.

-¿Snape entregando a Black? ¡Que novedad! Y yo que creía que el buen Sevy iba a hacer las cosas correctamente- ironizó Marlenne.
-Aunque las acciones de Snape son bastante repugnantes, estoy intrigado por lo que sucedió ahí, solo un mago extraordinario podría alejar a todos esos dementores...¿Dumbledore?
-No, él no dejaría que Snape haga todo eso si supiera que Sirius es inocente. James no puede volver de la tumba a hacer un patronus, ¿Lupin quizás?
-Por más que me halague la idea de que me consideren capaz, no he sido yo.

Hubo una pausa. El cerebro de Harry parecía funcionar un poco más aprisa, y al hacerlo, una sensación punzante se acentuaba en su estómago.
Abrió los ojos.
Todo estaba borroso. Alguien le había quitado las gafas.

-Estúpida miopía- Ginny le acarició el brazo.
-Nadie lleva las gafas mejor que tú, te hacen más atractivo.
-No estás siendo imparcial.
-Eres mi esposo, nunca voy a ser imparcial.

 Se hallaba en la oscura enfermería. Al final de la sala podía vislumbrar a la señora Pomfrey inclinada sobre una cama y dándole la espalda. Bajo el brazo de la señora Pomfrey, distinguió el pelo rojo de Ron.
Harry volvió la cabeza hacia el otro lado. En la cama de la derecha se hallaba Hermione. La luz de la luna caía sobre su cama. También tenía los ojos abiertos. Parecía petrificada,

-Sabes esas no son experiencias que una quiera repetir, espero no volver a estar petrificada nunca en mi vida.

 y al ver que Harry estaba despierto, se llevó un dedo a los labios. Luego señaló la puerta de la enfermería. Estaba entreabierta y las voces de Cornelius Fudge y de Snape entraban por ella desde el corredor.
La señora Pomfrey llegó entonces caminando enérgicamente por la oscura sala hasta la cama de Harry Se volvió para mirarla. Llevaba el trozo de chocolate más grande que había visto en su vida. Parecía un pedrusco.
Remus se relamió el labio sin poder evitarlo.
-Quiero pensar Lunático que haces eso por el chocolate y no por la querida y respetable Señora Pomfrey- Remus tosió, con la cara del color del pelo de los Weasley, mientras la Enfermera murmuraba cosas sobre la poca "ubicación y respeto del chico Black"

—¡Ah, estás despierto! —dijo con voz animada. Dejó el chocolate en la mesilla de Harry y empezó a trocearlo con un pequeño martillo.
—¿Cómo está Ron? —preguntaron al mismo tiempo Hermione y Harry.

El pelirrojo soltó una risita.
-Casi les chupan el alma esos seres condenados y se preocupan por mí.

—Sobrevivirá —dijo la señora Pomfrey con seriedad—. En cuanto a vosotros dos, permaneceréis aquí hasta que yo esté bien segura de que estáis... ¿Qué haces, Potter?
Harry se había incorporado, se ponía las gafas y cogió su varita.

Marlene no contuvo la risotada.
-Merlín Lily, si fuera posible pensaría que ese niño es hijo de Sirius y James y no tuyo.
Sirius hizo una mueca de asco.
-Demonios Marlene imagenes mentales- se estremeció- está bien que lo quiera pero no ese cariño. Ahora contigo si acepto ese cariño- movió las cejas.
-No es el momento.
-Es decir que si aceptas en otro momento.
-No, yo, tú... Sigue leyendo Lily.

—Tengo que ver al director —explicó.
—Potter —dijo con dulzura la señora Pomfrey—, todo se ha solucionado. Han cogido a Black. Lo han encerrado arriba. Los dementores le darán el Beso en cualquier momento.
—¿QUÉ?

-No era la mejor frase para tranquilizarlo- suspiró Charlie.
-¿Cómo es que no te dieron el beso? es imposible que estén en la enfermería y lleguen a salvarte en dos segundos.
-El tiempo es suficiente cuando lo aprovechas lo suficiente- la frase de Hermione solo los confundió más, si eso era posible.

Harry saltó de la cama. Hermione hizo lo mismo. Pero su grito se había oído en el pasillo de fuera. Un segundo después, entraron en la enfermería Cornelius Fudge y Snape.
—¿Qué es esto, Harry? —preguntó Fudge, con aspecto agitado—. Tendrías que estar en la cama... ¿Ha tomado chocolate? —le preguntó nervioso a la señora Pomfrey
—Escuche, señor ministro —dijo Harry—. ¡Sirius Black es inocente! ¡Peter Pettigrew fingió su propia muerte! ¡Lo hemos visto esta noche! No puede permitir que los dementores le hagan eso a Sirius, es...

-Fudge es un inepto, siempre lo ha sido y siempre lo será- bufó Sirius- casi tan maniático como el maldito Bartemius Crouch.

Pero Fudge movía la cabeza en sentido negativo, sonriendo ligeramente.
—Harry, Harry; estás confuso. Has vivido una terrible experiencia. Vuelve a acostarte. Está todo bajo control.
—¡NADA DE ESO! —gritó Harry—. ¡HAN ATRAPADO AL QUE NO ES!

-¿Es qué a nadie le importa que vayan a arrancarle el alma a un inocente?- Dorcas golpeó la mesa indignada- ¡Les está diciendo que es inocente y lo ignoran!- había un enojo colectivo que hizo a Sirius sentir una extraña calidez en el estomago. Por primera vez en muchos años de infernal cárcel, estaba frente a una multitud que creía en él y lo defendería de todo aquello.
Marlene tosió.
-Bueno al menos yo me morí antes de desconfiar de él, no como otros- señaló con la cabeza a Remus.

—Señor ministro, por favor; escuche —rogó Hermione. Se había acercado a Harry y miraba a Fudge implorante—. Yo también lo vi. Era la rata de Ron. Es un animago. Pettigrew, quiero decir. Y..
—¿Lo ve, señor ministro? —preguntó Snape—. Los dos tienen confundidas las ideas. Black ha hecho un buen trabajo con ellos...

-¿Por qué no cruzo el salón y le parto la nariz ganchuda?- Lily suspiró.
-Porque pretendemos que maduraste para salir conmigo.
-Pero si maduré.
-No, no lo hiciste.
-¿Y por qué aceptaste salir conmigo?- la pelirroja se encogió de hombros.
-Eres guapo- la cara de James era un poema- James, es broma. Pero de verdad, la madurez no esta entre todas tus virtudes.
-Por un momento me sentí un objeto.
-Y así es como se sienten todas las que salen con Sirius- Canuto miró acusadoramente a Marlene.
-Ya, porque todos los que tú has dejado se quedaron a la mar de contentos.

—¡NO ESTAMOS CONFUNDIDOS! —gritó Harry.
—¡Señor ministro! ¡Profesor! —dijo enfadada la señora Pomfrey—. He de insistir en que se vayan. ¡Potter es un paciente y no hay que fatigarlo!
—¡No estoy fatigado, estoy intentando explicarles lo ocurrido! —dijo Harry furioso—. Si me escuchan...

Albus chasqueó la lengua. Era un error tan terrible no escuchar a las voces que sonaban entre el bullicio. Fudge estaba tan empecinado a escuchar lo que quería oír que aquella voz honesta era opacada con fuerza. Y sabía, lamentablemente, que aquello no se quedaría solo en esa situación. El silencio forzado de Fudge acabaría por generar aún más problemas.

Pero la señora Pomfrey le introdujo de repente un trozo grande de chocolate en la boca. Harry se atragantó y la mujer aprovechó la oportunidad para obligarle a volver a la cama.
—Ahora, por favor; señor ministro... Estos niños necesitan cuidados. Les ruego que salgan.
Volvió a abrirse la puerta. Era Dumbledore. Harry tragó con dificultad el trozo de chocolate y volvió a levantarse.
—Profesor Dumbledore, Sirius Black...

Sirius sintió un agradable peso en el pecho. Harry lo quería. Y solo hacía basta ver con la admiración con la que el niño lo miraba, como si él fuese un gran hombre al cual imitar.
-Nunca creí que llegaría una persona que quisiera más a Sirius de lo que él se quiere a sí mismo- Lunático sonrió- aunque tampoco creí que llegaría una persona que Sirius quisiera más que a James.
-Es mi cachorro, lo más importante que tengo. Y James siente  exactamente lo mismo.
Harry se removió, siempre había creído que él solo era un mal suplente de su padre para Sirius, pero parecía que el merodeador lo quería mucho más de lo que si quiera había imaginado.

—¡Por Dios santo! ¿Es esto una enfermería o qué? Señor director; he de insistir en que...
—Te pido mil perdones, Poppy, pero necesito cambiar unas palabras con el señor Potter y la señorita Granger. He estado hablando con Sirius Black.

Todos dejaron salir el aire que habían estado conteniendo. Si Dumbledore sabía todo, ya no caería solo sobre los hombros de Harry la misión de salvar a Sirius.

—Supongo que le ha contado el mismo cuento de hadas que metió en la cabeza de Potter —espetó Snape—. ¿Algo sobre una rata y sobre que Pettigrew está vivo?
—Eso es efectivamente lo que dice Black —dijo Dumbledore, examinando detenidamente a Snape por sus gafas de media luna.

-Aún no logro entender para que lado juega Snape, o para que lado cree Dumbledore que juega Snape- Harry mantuvo silencio, no podía responder eso, no aún.

—¿Y acaso mi testimonio no cuenta para nada? —gruñó Snape—. Peter Pettigrew no estaba en la Casa de los Gritos ni vi señal alguna de él por allí.
—¡Eso es porque usted estaba inconsciente, profesor! —dijo con seriedad Hermione—. No llegó con tiempo para oír...
—¡Señorita Granger! ¡CIERRE LA BOCA!

-¡Esos no son modos de hablarle a una alumna!- reprendió Minerva enfadada- ¡Y mucho menos a una alumna convaleciente!

—Vamos, Snape —dijo Fudge—. La muchacha está trastornada, hay que ser comprensivos.

-¿Cómo que trastornada?- Hermione arrugó la nariz con molestia.
-Te ves sorprendentemente bonita cuando haces eso- Fred soltó un 'vayan a la habitación', cuando Hermione lo besó.

—Me gustaría hablar con Harry y con Hermione a solas —dijo Dumbledore bruscamente—. Cornelius, Severus, Poppy Se lo ruego, déjennos.
—Señor director —farfulló la señora Pomfrey—. Necesitan tratamiento, necesitan descanso.

—Esto no puede esperar —dijo Dumbledore—. Insisto.
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PARTE 2 Actualización del 26 de Abril. 



La señora Pomfrey frunció la boca, se fue con paso firme a su despacho, que estaba al final de la sala, y dio un portazo al cerrar.
-Nadie ha de meterse con un paciente de la señora Pomfrey si no quiere terminar con un golpe.

Fudge consultó la gran saboneta de oro que le colgaba del chaleco.
—Los dementores deberían de haber llegado ya. Iré a recibirlos. Dumbledore, nos veremos arriba.

-Bien, y si puedes traer tostadas con mantequilla sería excelente, ya sabes arrancarle el alma a personas inocentes es súper importante la hora del té- ironizó Ginny, Fabian y Gideon la miraron con orgullo, sus pequeños clones-sobrinos no eran los únicos bromistas en la familia Weasley.

Fue hacia la puerta y la mantuvo abierta para que pasara Snape. Pero Snape no se movió.
—No creerá una palabra de lo que dice Black, ¿verdad? —susurró con los ojos fijos en Dumbledore.
—Quiero hablar a solas con Harry y con Hermione —repitió Dumbledore.
Snape avanzó un paso hacia Dumbledore.

-¿Es lo suficientemente terco como para discutir con Dumbledore?- murmuró Alice asombrada.
-Para discutir se necesitan dos, y dudo mucho que Dumbledore se preste a eso, aunque con él nunca se sabe.

—Sirius Black demostró ser capaz de matar cuando tenía dieciséis años —dijo Snape en voz baja—. No lo habrá olvidado. No habrá olvidado que intentó matarme.

-Uno hace una pequeña bromita y ya lo tildan de asesino- Hermione, Lily y Remus lo miraron con dureza, aunque la reprobación más asombrosa vino de parte de James- ¿En serio Corni? ¿Tú?
-Por Gryffindor, Canuto, sabes que adoro las bromas pero asesinar a alguien no es gracioso, aunque ese alguien sea un repulsivo ser humano de sangre fría.

—Mi memoria sigue siendo tan buena como siempre, Severus —respondió Dumbledore con tranquilidad.
Snape giró sobre los talones y salió con paso militar por la puerta que Fudge mantenía abierta. La puerta se cerró tras ellos y Dumbledore se volvió hacia Harry y Hermione. Los dos empezaron a hablar al mismo tiempo.
—Señor profesor; Black dice la verdad: nosotros vimos a Pettigrew
—Escapó cuando el profesor Lupin se convirtió en hombre lobo.
—Es una rata.

-Yo entiendo que la situación fuese conmocionante, pero empezar diciendo que el asesino no mató, que el profesor se convirtió en lobo frente a ustedes y que el muerto es una rata viva...no era la mejor manera de hacer que el viejo Dumby les crea- Gideon asintió, apoyando a su gemelo.

—La pata delantera de Pettigrew... quiero decir; el dedo: él mismo se lo cortó.
—Pettigrew atacó a Ron. No fue Sirius.
Pero Dumbledore levantó una mano para detener la avalancha de explicaciones.
—Ahora tenéis que escuchar vosotros y os ruego que no me interrumpáis, porque tenemos muy poco tiempo —dijo con tranquilidad—. Black no tiene ninguna prueba de lo que dice, salvo vuestra palabra. Y la palabra de dos brujos de trece años no convencerá a nadie. Una calle llena de testigos juró haber visto a Sirius matando a Pettigrew. Yo mismo di testimonio al Ministerio de que Sirius era el guardián secreto de los Potter.

-Mierda, eso sí que ha sido un golpe muy duro- Sirius miró herido al director, mientras Albus fruncía el ceño, sin ser capaz de disculparse. Sus errores siempre les costaban muy caro a muchos inocentes.

—El profesor Lupin también puede testificarlo —dijo Harry, incapaz de mantenerse callado.
—El profesor Lupin se encuentra en estos momentos en la espesura del bosque, incapaz de contarle nada a nadie. Cuando vuelva a ser humano, ya será demasiado tarde. Sirius estará más que muerto. Y además, la gente confía tan poco en los licántropos que su declaración tendrá muy poco peso. Y el hecho de que él y Sirius sean viejos amigos...

-Dumbledore está siendo demasiado duro con los niños- Arthur estaba dolido por la manera en que el honorable hombre estaba tratando a Harry, estaba tan acostumbrado a verlo como héroe y guerrero que lo trataba como su igual sin recordar que solo era un niño.

—Pero...
—Escúchame, Harry. Es demasiado tarde, ¿lo entien­des? Tienes que comprender que la versión del profesor Snape es mucho más convincente que la vuestra.
—Él odia a Sirius —dijo Hermione con desesperación—. Por una broma tonta que le gastó.
—Sirius no ha obrado como un inocente. La agresión contra la señora gorda..., entrar con un cuchillo en la torre de Gryffindor... Si no encontramos a Pettigrew, vivo o muerto, no tendremos ninguna posibilidad de cambiar la sentencia.

-¿Podría ser un poco más sensible con él?- Albus tuvo que bajar la frente, ante la mirada profunda de Lily, esos bellos ojos esmeraldas lo acusaban, lo regañaban y se sentía como un niño. Él había olvidado lo frágil que era el corazón de Harry, y él solo le hablaba como si fuese un mago adulto y entrenado para aquella vida repleta de dolor.

—Pero usted nos cree.
—Sí, yo sí —respondió en voz baja—. Pero no puedo convencer a los demás ni desautorizar al ministro de Magia.


-¿Desde cuándo respetas tanto al ministro, albus?- Minerva estaba confundida, ¿desde cuándo Albus dejaba morir a un inocente, solo así?
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 PARTE 3, ACTUALIZACIÓN 08 DE MAYO.

Harry miró fijamente el rostro serio de Dumbledore y sintió como si se hundiera el suelo bajo sus pies. Siempre había tenido la idea de que Dumbledore lo podía arreglar todo. Creía que podía sacar del sombrero una solución asombrosa. Pero no: su última esperanza se había esfumado.
-Y en esos momentos, notas que no ha dejado de ser un niño- Molly observó con tristeza al ojiverde, lo estaban empujando al abismo de la madurez de una patada y demasiado temprano.
-No te sientas mal, ya soy un adulto y todavía espero que Dumbledore tenga una respuesta a todo- consoló Remus.

—Lo que necesitamos es ganar tiempo —dijo Dumbledore despacio. Sus ojos azul claro pasaban de Harry a Hermione.
—Pero... —empezó Hermione, poniendo los ojos muy redondos—. ¡AH!
—Ahora prestadme atención —dijo Dumbledore, ha­blando muy bajo y muy claro—. Sirius está encerrado en el despacho del profesor Flitwick, en el séptimo piso. Torre oeste, ventana número trece por la derecha. Si todo va bien, esta noche podréis salvar más de una vida inocente. Pero recordadlo los dos: no os pueden ver. Señorita Granger, ya conoces las normas. Sabes lo que está en juego. No deben veros.

-¿Qué demonios está sucediendo?- era lo que todos se preguntaban en esos momentos, salvo algunas mentes ágiles que ya comenzaban a atar cabos y responder preguntas, encabezados por una pelirroja que miraba con suficiencia a Hermione.

Harry no entendía nada. Dumbledore se alejó y al llegar a la puerta se volvió.
—Os voy a cerrar con llave. Son —consultó su reloj— las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.
—¿Buena suerte? —repitió Harry, cuando la puerta se hubo cerrado tras Dumbledore—. ¿Tres vueltas? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es lo que tenemos que hacer?

-Pues girar en el piso como dos carruseles ebrios no es una opción, así que ¿Qué otra cosa podrían girar?- Lily suspiró.
-Solo hace falta girar el reloj un poco, para observar las cosas de otra manera ¿No crees Hermione?- la castaña asintió, confirmando así todas sus hipótesis.

Pero Hermione rebuscaba en el cuello de su túnica y sacó una cadena de oro muy larga y fina.
—Ven aquí, Harry —dijo perentoriamente—. ¡Rápido!
—Harry, perplejo, se acercó a ella. Hermione estiró la cadena por fuera de la túnica y Harry pudo ver un pequeño reloj de arena que pendía de ella—. Así. —Puso la cadena también alrededor del cuello de Harry.

-Problemas de espacio personal.

— ¿Preparado? —dijo jadeante.

-No creo que Harry sepa para qué se está preparando- advirtió Fabian. Los adultos comenzaban a darse cuenta que objeto en particular llevaba la castaña, pero el más interesado era Ojoloco, que ansiaba ver como aquellos tres actuaban al tener, literalmente, el tiempo en sus manos.

—¿Qué hacemos? —preguntó Harry sin comprender.
Hermione dio tres vueltas al reloj de arena.
La sala oscura desapareció. Harry tuvo la sensación de que volaba muy rápidamente hacia atrás. A su alrededor veía pasar manchas de formas y colores borrosos. Notaba palpitaciones en los oídos. Quiso gritar; pero no podía oír su propia voz.
Sintió el suelo firme bajo sus pies y todo volvió a aclararse. Se hallaba de pie, al lado de Hermione, en el vacío vestíbulo, y un chorro de luz dorada bañaba el suelo pavimentado penetrando por las puertas principales, que estaban abiertas. Miró a Hermione con la cadena clavándosele en el cuello.
—Hermione, ¿qué...?
—¡Ahí dentro! —Hermione cogió a Harry del brazo y lo arrastró por el vestíbulo hasta la puerta del armario de la limpieza. Lo abrió, empujó a Harry entre los cubos y las fre­gonas, entró ella tras él y cerró la puerta.

-Qué triste que la primera vez que te encierres con una chica sea para aprender algo, ¡Si supieras las cosas que yo...!- Sirius se cayó ante la mirada reprobatoria de Minerva.
-No te preocupes, conocemos bien los armarios de limpieza- los hermanos Weasley se dividieron, Fred, George y Percy hicieron muecas de asco, mientras que Bill, Charlie y Ron dirigían miradas furibundas.
-¿Por qué me miran así? ¡Me casé con ella! ¿Cómo piensan que ese niño viene en camino?
-¡Ya, pero no necesitamos esas imágenes mentales!

—¿Qué..., cómo...? Hermione, ¿qué ha pasado?
—Hemos retrocedido en el tiempo —susurró Hermione, quitándole a Harry, a oscuras, la cadena del cuello—. Tres horas.
Harry se palpó la pierna y se dio un fuerte pellizco. Le dolió mucho, lo que en principio descartaba la posibilidad de que estuviera soñando.

Como se nota que se crió entre muggles, pensó Lily.

—Pero...
—¡Chist! ¡Escucha! ¡Alguien viene! ¡Creo que somos nosotros! —Hermione había pegado el oído a la puerta del ar­mario—. Pasos por el vestíbulo... Sí, creo que somos nosotros yendo hacia la cabaña de Hagrid.

-Agh, las paradojas temporales son un asco. Nunca terminas de comprender la lógica de todo. Sabes que hacer, pero no sabes cuando ni para que tiempo...

—¿Quieres decir que estamos aquí en este armario y que también estamos ahí fuera?
—Sí —respondió Hermione, con el oído aún pegado a la puerta del armario—. Estoy segura de que somos nosotros. No parecen más de tres personas. Y... vamos despacio por­que vamos ocultos por la capa invisible. —Dejó de hablar; pero siguió escuchando—. Acabamos de bajar la escalera principal...
Hermione se sentó en un cubo puesto boca abajo. Harry estaba impaciente y quería que Hermione le respondiera a algunas preguntas.

-A todos nos gustaría eso, en realidad- acotó Marlene, que ya estaba harta de tanto misterio, definitivamente la paciencia no era una de sus muchas virtudes.

—¿De dónde has sacado ese reloj de arena?
—Se llama giratiempo —explicó Hermione—. Me lo dio la profesora McGonagall el día que volvimos de vacaciones.

-Apreciamos el favoritismo Minnie- Minerva rodeó los ojos.
-Señor Black, ¿Usted cree que usaría el giratiempos responsablemente sin fines cómicos o egoístas?- Sirius negó- exacto, yo tampoco. Si la señorita Granger lo tiene es por razones meramente académicas y porque confío en que no lo usara indiscriminadamente.

Lo he utilizado durante el curso para poder asistir a todas las clases. La profesora McGonagall me hizo jurar que no se lo contaría a nadie. Tuvo que escribir un montón de cartas al Ministerio de Magia para que me dejaran tener uno. Les dijo que era una estudiante modelo y que no lo utilizaría nunca para otro fin. Le doy vuelta para volver a disponer de la hora de clase. Gracias a él he podido asistir a varias clases que tenían lugar al mismo tiempo, ¿te das cuenta? Pero, Harry, me temo que no entiendo qué es lo que quiere Dumbledore que hagamos. ¿Por qué nos ha dicho que retrocedamos tres ho­ras? ¿En qué va a ayudar eso a Sirius?
Harry la miró en la oscuridad.

-Más de un inocente se salvara- Lily repitió las palabras, solo una pequeña pieza le faltaba en su rompecabezas, un inocente más que fuese a ser condenado...
-Buckbeak, eso es lo que te falta- La pelirroja y James se miraron, de alguna manera él podía leerle la mente y sabía, al cien por cien, que James no era nisiquiera capaz de utilizar la legeremancia...era pura telepatía. O años de que él la acose lo suficiente como para leerle el pensamiento.

—Quizás ocurriera algo que podemos cambiar ahora —dijo pensativo—. ¿Qué puede ser? Hace tres horas nos di­rigíamos a la cabaña de Hagrid...
—Ya estamos tres horas antes, nos dirigimos a la caba­ña —explicó Hermione—. Acabamos de oírnos salir.
Harry frunció el entrecejo. Estaba estrujándose el cerebro.

-Detesto que Dumbledore siempre de las pistas con cuentagotas ¿cuánto le costaba decir liberen al perro y a la gallina?
-La gallina te comería un brazo si quisiese- recordó Canuto.
-Se lo hubieses dicho a tu sobrino me-hago-pasar-por-manco Malfoy.


—Dumbledore dijo simplemente... dijo simplemente que podíamos salvar más de una vida inocente... —Y entonces se le ocurrió—: ¡Hermione, vamos a salvar a Buckbeak!
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PARTE 4, ACTUALIZACIÓN 14 DE MAYO. 




—Pero... ¿en qué ayudará eso a Sirius?
—Dumbledore nos dijo dónde está la ventana del despacho de Flitwick, donde tienen encerrado a Sirius con llave. Tenemos que volar con Buckbeak hasta la ventana y rescatar a Sirius. Sirius puede escapar montado en Buckbeak. ¡Pueden escapar juntos!

-¡Gran idea!- festejó James.
-¡Será un milagro si lo consiguen!- contradijo Lily.
-Obviamente lo es, porque aquí esta Sirius vivito, coleando y con alma.

Hermione parecía aterrorizada.
—¡Si conseguimos hacerlo sin que nos vean será un milagro!

-Ella entiende mi punto.

—Bueno, tenemos que intentarlo, ¿no crees? —dijo Harry. Se levantó y pegó el oído a la puerta—. No parece que haya nadie. Vamos...
-¿Podemos hablar de porque el niño con una capa invisible está escuchando tras la puerta para que nadie vaya a verlo?-Harry arrugó el ceño.
-No te espantes, perdí muchas veces más la capa- James abrió los ojos entre atónito y furioso.
-¿QUÉ TU QUÉ? ES UNA RELIQUIA FAMILIAR, ¡UNICA EN SU TIPO! Dime que aún la tienes o voy a castigarte- Lily iba a interrumpir, pero James la calló con un gesto- Juro que amo todo de ti pelirroja, pero esa capa es mi vida.
-Aún la tengo, le tomé más cariño con los años.

Harry empujó y abrió la puerta del armario. El vestíbulo estaba desierto. Tan en silencio y tan rápido como pudieron, salieron del armario y bajaron corriendo los escalones. Las sombras se alargaban. Las copas de los árboles del bosque prohibido volvían a brillar con un fulgor dorado.
—¡Si alguien se asomara a la ventana..! —chilló Hermione, mirando hacia atrás, hacia el castillo.
—Huiremos —dijo Harry con determinación—. Nos internaremos en el bosque. Tendremos que ocultarnos detrás de un árbol o algo así, y estar atentos.

-Nunca podré agradecerles el peligro que corrieron por mí, no estás en Gryffindor solo por tu padre Harry, eres la valentía hecha persona. Puede que tal impulsivo e insensato como tu padrino, pero con un valor envidiable- Harry se encogió de hombros.
-Eres mi única familia Sirius y si yo hubiese podido salvarte o morir contigo...lo habría hecho.
James, por primera vez en todos estos años, sintió envidia de Sirius. A pesar de todo lo que le había tocado pasar, al menos había tenido la oportunidad de ver a Harry, de acompañarlo al menos unos años, algo que él jamás había hecho.

—¡De acuerdo, pero iremos por detrás de los invernaderos! —dijo Hermione, sin aliento—. ¡Tenemos que apartarnos de la puerta principal de la cabaña de Hagrid o de lo contrario nos veremos a nosotros mismos! Ya debemos de estar llegando a la cabaña.

-Los viajes en el tiempo son demasiado complicados- Se quejó Fred- ¿se repite constantemente lo que hicieron? Es decir, es ese momento diez minutos después habría otros dos de ustedes mirándose a ustedes mientras se miraban- Hermione lo detuvo.
-Intenté descifrarlo durante todo el año, pero solo genera dolor de cabeza.

Pensando todavía en las intenciones de Hermione, Harry echó a correr delante de ella. Atravesaron los huertos hasta los invernaderos, se detuvieron un momento detrás de éstos y reanudaron el camino a toda velocidad, rodeando el sauce boxeador y yendo a ocultarse en el bosque...
A salvo en la oscuridad de los árboles, Harry se dio la vuelta. Unos segundos más tarde, llegó Hermione jadeando.

-Debo hacer más ejercicio físico- reconoció Hermione- me hubiese ayudado bastante.

—Bueno —dijo con voz entrecortada—, tenemos que ir a la cabaña sin que se note. Que no nos vean, Harry.

-La capa- masculló James.
-¡Supéralo, Bambi!- James miró indignado a Marlene, mientras Lily se mordía el labio para no soltar una carcajada.

Anduvieron en silencio entre los árboles, por la orilla del bosque. Al vislumbrar la fachada de la cabaña de Hagrid, oyeron que alguien llamaba a la puerta. Se escondieron tras un grueso roble y miraron por ambos lados. Hagrid apareció en la puerta tembloroso y pálido, mirando a todas partes para ver quién había llamado. Y Harry oyó su propia voz que decía:
—Somos nosotros. Llevamos la capa invisible. Si nos dejas pasar; nos la quitaremos.
—No deberíais haber venido —susurró Hagrid.
Se hizo a un lado y cerró rápidamente la puerta.
—Esto es lo más raro en que me he metido en mi vida —dijo Harry con entusiasmo.

-Definitivamente no es eso lo que deberían estar sintiendo- regañó Molly.
-Yo no estaba entusiasmada, estaba preocupada y bastante aterrada.

—Vamos a adelantarnos un poco —susurró Hermione—. ¡Tenemos que acercarnos más a Buckbeak!
Avanzaron sigilosamente hasta que vieron al nervioso hipogrifo atado a la valla que circundaba la plantación de calabazas de Hagrid.
—¿Ahora? —susurró Harry
—¡No! —dijo Hermione—. Si nos lo llevamos ahora, los hombres de la comisión creerán que Hagrid lo ha liberado. ¡Tenemos que esperar hasta que lo vean atado!
—Eso supone unos sesenta segundos —dijo Harry. Les empezaba a parecer irrealizable.

-Están muy cerca- A pesar de que sabían que la cosa acabaría bien, no podían negar la adrenalina que estaban sintiendo.

En ese momento oyeron romperse una pieza de porcelana.
—Ya se le ha caído a Hagrid la jarra de leche —dijo Hermione—. Dentro de un momento encontraré a Scabbers.
Efectivamente, minutos después oyeron el chillido de sorpresa de Hermione.
—Hermione —dijo Harry de repente—, ¿y si entráramos en la cabaña y nos apoderásemos de Pettigrew?

-¡ESO! Maten a la rata y problema resuelto.
-No es tan sencillo- corrigió Bill a George- No pueden romper la línea del tiempo.

—¡No! —exclamó Hermione con temor—. ¿No lo entiendes? ¡Estamos rompiendo una de las leyes más importantes de la brujería! ¡Nadie puede cambiar lo ocurrido, nadie! Ya has oído a Dumbledore... Si nos ven...
—Sólo nos verían Hagrid y nosotros mismos.
—Harry, ¿qué crees que pasaría si te vieras a ti mismo entrando en la cabaña de Hagrid? —dijo Hermione.

-El trauma de tu vida.

—Creería... creería que me había vuelto loco —dijo Harry—. O que había magia oscura por medio.
—Exactamente. No lo comprenderías. Incluso puede que te atacaras a ti mismo. La profesora McGonagall me dijo que han sucedido cosas terribles cuando los brujos se han inmiscuido con el tiempo. ¡Muchos terminaron matando por error su propio yo, pasado o futuro!

-No quiero volver a ver un reloj en mi vida- cortó Seamus -Es demasiado complicado.
-¿Se puede viajar muy atrás?- preguntó Neville, tanto Harry como Hermione supieron lo que estaba pasando por su mente.
-Sé que es difícil decidir no querer solucionar esas cosas- Harry suspiró- me costó asumir que no podía hacer eso, pero con el tiempo la lógica nos consumiría, tendríamos que vivir de nuevo esos trece años, y volveríamos a viajar, atrapados en un ciclo sin fin hasta morir. No es lo mismo repetir una hora que trece años, no es posible. No así. Si esto sale como planeamos, no necesitaremos nada más, ellos sobrevivirán- Frank le dio la mano a Alice bajo la mesa.
-Lo lograremos cariño, no vamos a dejarte solo, no de nuevo.

—Vale —dijo Harry—, sólo era una idea. Yo pensaba nada más que...
Pero Hermione le dio un codazo y señaló hacia el castillo. Harry movió la cabeza unos centímetros para tener una visión más clara de la puerta central. Dumbledore, Fudge, el anciano de la comisión y Macnair, el verdugo, bajaban los escalones.
—¡Estamos a punto de salir! —dijo Hermione en voz baja.
Efectivamente, un momento después se abrió la puerta trasera de la cabaña de Hagrid y Harry se vio a sí mismo con Ron y con Hermione saliendo por ella con Hagrid. Sin duda era la situación más rara en que se había visto, permanecer detrás del árbol y verse a sí mismo en el huerto de las calabazas.

-Que decepción fue verme, creí que era más alto. Y menos flaco.
-Y que mi cabello no parecía un nido de hornero- agregó Hermione con una mueca- a ti te ha ido bien con la altura y peso- consoló.
-Tu cabello esta...mejor- Hermione rodó los ojos.
-Siempre tan elocuente para halagar una mujer.
-No necesito saber halagar, ya me casé.
-¿Y no halagas a tu esposa?
-Se me cae la baba cuando aparece, creo que eso es un halago demasiado obvio- Harry sacudió las manos para enfatizar, mientras Ginny sonreía.
-Es un halago perfecto, cariño. No se le dan bien las palabras, pero bueno...se le dan bien otras cosas- Harry sonrió de lado, mientras Sirius carraspeaba y los hermanos Weasley fingían vomitar.

—No temas, Buckbeak —dijo Hagrid—. No temas. —Se volvió hacia los tres amigos—. Venga, marchaos.
—Hagrid, no podemos... Les diremos lo que de verdad sucedió.
—No pueden matarlo...
—¡Marchaos! Ya es bastante horrible y sólo faltaría que además os metierais en un lío.
Harry vio a Hermione echando la capa invisible sobre los tres en el huerto de calabazas.
—Marchaos, rápido. No escuchéis.

Minerva se lamentó de aquellas veces que no creyó a Hagrid capaz de ser profesor. A pesar de todo, él estaba actuando como correspondía, aún en esa situación tan difícil para él.

Llamaron a la puerta principal de la cabaña de Hagrid. El grupo de la ejecución había llegado. Hagrid dio media vuelta y se metió en la cabaña, dejando entreabierta la puerta de atrás. Harry vio que la hierba se aplastaba a trechos alrededor de la cabaña y oyó alejarse tres pares de pies. Él, Ron y Hermione se habían marchado, pero el Harry y la Hermione que se ocultaban entre los árboles podían ahora escuchar por la puerta trasera lo que sucedía dentro de la cabaña.
—¿Dónde está la bestia? —preguntó la voz fría de Macnair.

-Sigue siendo tan escalofriante como ahora- se estremeció Lily, mirando a la mesa de Slytherin donde Severus también la observaba. Lily siempre había intentado decirle sobre sus amistades peligrosas y macabras, pero él jamás había escuchado.

—Fu... fuera contestó Hagrid.
Harry escondió la cabeza cuando Macnair apareció en la ventana de Hagrid para mirar a Buckbeak. Luego oyó a Fudge.
—Tenemos que leer la sentencia, Hagrid. Lo haré rápido. Y luego tú y Macnair tendréis que firmar. Macnair, tú también debes escuchar. Es el procedimiento.
El rostro de Macnair desapareció de la ventana. Tendría que ser en ese momento o nunca.
—Espera aquí —susurró Harry a Hermione—. Yo lo haré.

-Dime que lo logra, ¡Dime que lo logra!- Hagrid sacudió a Flitwick, sentado a su lado, haciéndole perder las gafas.
-¡Hagrid, Hagrid! ¡Que Black esta vivo, esta vivo!- Hagrid tranquilizó las sacudidas pero no dejo de presionarle el brazo- ¡Que el hipogrifo también vivió!- Tironeó para zafarse de las manos enormes que parecían quebrarle los huesos- Por Merlín bendito.

Mientras Fudge volvía a hablar; Harry salió disparado de detrás del árbol, saltó la valla del huerto de calabazas y se acercó a Buckbeak.
—«La Comisión para las Criaturas Peligrosas ha decidido que el hipogrifo Buckbeak, en adelante el condenado, sea ejecutado el día seis de junio a la puesta del sol...»
Guardándose de parpadear; Harry volvió a mirar fijamente los feroces ojos naranja de Buckbeak e inclinó la cabeza. Buckbeak dobló las escamosas rodillas y volvió a enderezarse. Harry soltó la cuerda que ataba a Buckbeak a la valla.

Lily tampoco estaba demasiado segura de que la criatura no fuese a dañarlo.
-Tranquila, son criaturas fieles, además Buckbeak no dañaría ni una mosca- tranquilizó Sirius.

—«... sentenciado a muerte por decapitación, que será llevada a cabo por el verdugo nombrado por la Comisión, Walden Macnair...»

-Merlín santo, se llama Walden, ahora entiendo porque odia a la humanidad- se burló Marlenne.

—Vamos, Buckbeak —murmuró Harry—, ven, vamos a salvarte. Sin hacer ruido, sin hacer ruido...
—«... por los abajo firmantes.» Firma aquí, Hagrid.
Harry tiró de la cuerda con todas sus fuerzas, pero Buckbeak había clavado en el suelo las patas delanteras.
—Bueno, acabemos ya —dijo la voz atiplada del anciano de la Comisión en el interior de la cabaña de Hagrid—. Hagrid, tal vez fuera mejor que te quedaras aquí dentro.
—No, quiero estar con él... No quiero que esté solo.
Se oyeron pasos dentro de la cabaña.

-¡HAGANLO AHORA!- Dumbledore hizo un gesto tranquilizador en dirección a Hagrid, antes que él destrozara todo sobre la mesa de los profesores.
-Todo saldrá bien Hagrid, tranquilo.

—Muévete, Buckbeak —susurró Harry
Harry tiró de la cuerda con más fuerza. El hipogrifo echó a andar agitando un poco las alas con talante irritado. Aún se hallaban a tres metros del bosque y se les podía ver perfectamente desde la puerta trasera de la cabaña de Hagrid.
—Un momento, Macnair; por favor —dijo la voz de Dumbledore—. Usted también tiene que firmar. —Los pasos se detuvieron. Buckbeak dio un picotazo al aire y anduvo algo más aprisa.
La cara pálida de Hermione asomaba por detrás de un árbol.
—¡Harry; date prisa! —dijo.
Harry aún oía la voz de Dumbledore en la cabaña. Dio otro tirón a la cuerda. Buckbeak se puso a trotar a regañadientes. Llegaron a los árboles...
-Eso es, están a salvo- Molly tenía la respiración contenida, al igual que muchos, y por fin pudo soltarla un poco más calma.

—¡Rápido, rápido! —gritó Hermione, saliendo como una flecha de detrás del árbol, asiendo también la cuerda y tiran­do con Harry para que Buckbeak avanzara más aprisa. Harry miró por encima del hombro. Ya estaban fuera del alcance de las miradas. Desde allí no veían el huerto de Hagrid.
—¡Para! —le dijo a Hermione—. Podrían oírnos.
La puerta trasera de la cabaña de Hagrid se había abierto de golpe.

Lily apretó la mano de James, clavándole las uñas.

Harry Hermione y Buckbeak se quedaron inmóviles. Incluso el hipogrifo parecía escuchar con atención. Silencio. Luego...
—¿Dónde está? —dijo la voz atiplada del anciano de la comisión—. ¿Dónde está la bestia?
—¡Estaba atada aquí! —dijo con furia el verdugo—. Yo la vi. ¡Exactamente aquí!
—¡Qué extraordinario! —dijo Dumbledore. Había en su voz un dejo de desenfado.
—¡Buckbeak! —exclamó Hagrid con voz ronca.

-¡Justicia!- gritó Hagrid feliz y orgulloso.
-La justicia no hizo nada, todo lo contrario, dos niños de trece años contradijeron la justicia e hicieron el mundo menos injusto- corrigió Arthur.

Se oyó un sonido silbante y a continuación el golpe de un hacha. El verdugo, furioso, la había lanzado contra la valla. Luego se oyó el aullido y en esta ocasión pudieron oír también las palabras de Hagrid entre sollozos:
—¡Se ha ido!, ¡se ha ido! Alabado sea, ¡ha escapado! Debe de haberse soltado solo. Buckbeak, qué listo eres.
Buckbeak empezó a tirar de la cuerda, deseoso de volver con Hagrid. Harry y Hermione la sujetaron con más fuerza, hundiendo los talones en tierra.
—¡Lo han soltado! —gruñía el verdugo—. Deberíamos rastrear los terrenos y el bosque.

-Recuérdame romperle la nariz a ese idiota- bufó Canuto, mientras James asentía y Remus pretendía no oírlo.

—Macnair; si alguien ha cogido realmente a Buckbeak, ¿crees que se lo habrá llevado a pie? —le preguntó Dumbledore, que seguía hablando con desenfado—. Rastrea el cielo, si quieres... Hagrid, no me iría mal un té. O una buena copa de brandy.
—Por... por supuesto, profesor —dijo Hagrid, al que la alegría parecía haber dejado flojo—. Entre, entre...
Harry y Hermione escuchaban con atención: oyeron pasos, la leve maldición del verdugo, el golpe de la puerta y de nuevo el silencio.
—¿Y ahora qué? —susurró Harry, mirando a su alrededor.

-No pueden ir aún a la casa de los gritos, harán más complicada la situación.

—Tendremos que quedarnos aquí escondidos —dijo Hermione con miedo—. Tenemos que esperar a que vuelvan al castillo. Luego aguardaremos a que pase el peligro y nos acercaremos a la ventana de Sirius volando con Buckbeak. No volverá por allí hasta dentro de dos horas... Esto va a resultar difícil...

-Estupidos viajes en el tiempo.

Miró por encima del hombro, a la espesura del bosque. El sol se ponía en aquel momento.
—Habrá que moverse —dijo Harry, pensando—. Tenemos que ir donde podamos ver el sauce boxeador o no nos enteraremos de lo que ocurre.
—De acuerdo —dijo Hermione, sujetando la cuerda de Buckbeak aún más firme—. Pero hemos de seguir ocultos, Harry, recuérdalo.


-No sé si va a ser capaz de ver a Pettigrew y no reaccionar, es demasiado impulsivo.

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ACTUALIZACIÓN 28 DE MAYO. 


Se movieron por el borde del bosque, mientras caía la noche, hasta ocultarse tras un grupo de árboles entre los cuales podían distinguir el sauce.
—¡Ahí está Ron! —dijo Harry de repente.
Una figura oscura corría por el césped y el aire silencioso de la noche les transmitió el eco de su grito.

-Y el ciclo vuelve a empezar- Sirius no sabía cómo sentirse, en cierta forma sabía que debía sentirse agradecido de estar vivo y consciente, pero no dejaba de saberle a poco, a miseria.

—Aléjate de él..., aléjate... Scabbers, ven aquí...
Y entonces vieron a otras dos figuras que salían de la nada. Harry se vio a sí mismo y a Hermione siguiendo a Ron. Luego vio a Ron lanzándose en picado.
—¡Te he atrapado! Vete, gato asqueroso.

Hermione arrugó la nariz como cada vez que Ron la ofuscaba.
-¡Superen lo del gato y el ratón de una vez!- Harry y Ginny se miraron al escucharse decir la misma frase al mismo tiempo.
-Creí que nosotros eramos lo raro de la telepatía- se sorprendió George.
-Somos gemelos, nacimos del mismo intestino...aunque creo que ellos están conectados por otro órgano- Canuto rió mientras los demás caían en la cuenta, Molly los miró horrorizada por el comentario- ...¡Por el corazón! ¿En qué pensaban pillines?

—¡Ahí está Sirius! —dijo Harry. El perrazo había surgido de las raíces del sauce. Lo vieron derribar a Harry y sujetar a Ron—. Desde aquí parece incluso más horrible, ¿verdad? —añadió mientras el perro arrastraba a Ron hasta meterlo entre las raíces—. ¡Eh, mira! El árbol acaba de pegarme. Y también a ti. ¡Qué situación más rara!

-Si a tu otro yo le dan una paliza, ¿A ti te duele?- Hermione se rascó la cabeza, como si eso removiera su cerebro.
-Considerando que los que reciben la paliza son nuestro pasado los golpes continúan en nosotros, pero como antes de viajar en el tiempo estuvimos en la enfermería probablemente no nos doliesen tanto como en el pasado, dado que somos el futuro y en nuestro presente nos recuperamos.
-¿Por qué cada vez que esta niña abre la boca me siento como un ignorante?-el castaño se encogió de hombros- Esperaba que dijeras que soy inteligente Remus.
-Merlín santo Sirius eres una mujer esperando que le digan que esta delgada.
-¡Claro que no! Aunque tengo una buena figura.
-Claro, no pareces de más de cincuenta.
-¿Por qué cada vez que Marlene habla siento me golpea psicológicamente?- Marlene sonrió.
-Porque lo hago. Pero si eres sexy, cachorro. Los años solo te han mejorado.
-Si van a continuar esa conversación propongo que vayan a la torre de astronomía, es un gran lugar para...- George cerró la boca al ver como Minerva movía la cabeza, ese extraño movimiento de los gatos cuando levantan las orejas para oír mejor- charlar.
-Lo que es la modernidad, ahora le dicen charlar.

El sauce boxeador crujía y largaba puñetazos con sus ramas más bajas. Podían verse a sí mismos corriendo de un lado para otro en su intento de alcanzar el tronco. Y de re­pente el árbol se quedó quieto.
—Crookshanks ya ha apretado el nudo —explicó Her­mione.
—Allá vamos... —murmuró Harry—. Ya hemos entrado.
En cuanto desaparecieron, el árbol volvió a agitarse. Unos segundos después, oyeron pasos cercanos. Dumbledore, Macnair, Fudge y el anciano de la Comisión se dirigían al castillo.

Sirius sintió como si un trozo de hielo le perforara el pecho. Por segundos. Segundos que la maldita suerte no le había dado.
-Si te sirve de algo, podríamos compartir el titulo de los tipos con peor suerte de Reino Unido- bromeó Harry, sin sonreir.
-No he tenido mala suerte en la vida ¿sabes? La suerte ha sido cabrona conmigo, pero me lo ha compensado. Tuve un asco de infancia pero la mejor adolescencia que alguien pudiese querer, y cuando la persona que más quería me fue arrebata, llegaste tú, que me admiras y me quieres más de lo que merezco. La suerte es así Harry, algo te da y algo te quita, cuando lo miras en la lejanía la balanza siempre permanece equilibrada.
Lily y Marlene se miraron atónitas.
-Pasaste de ser un charco a un pozo sin fondo en cuanto a profundidad Sirius- felicitó Lily- te pego bien la paternidad.
James sonrió divertido.
-Sirius ha sido siempre un gran filosofo, solo que a veces no sabe cómo mantener sus filosofías en la práctica. Especialmente cuando se trata de patearle el trasero a alguien.
-Esos alguienes se lo merecían, la mayoría al menos.
-La mayoría no se lo merecían.
-Y la palabra alguienes no existe-agregó Hermione. Remus rodó los ojos, palmeando la espalda de Sirius.
-Hermione no lo hace apropósito, solo que ella es muy inteligente y a veces tú te pasas de bestia.

—¡En cuanto bajamos por el pasadizo! —dijo Hermione—. ¡Ojalá Dumbledore hubiera venido con nosotros...!
—Macnair y Fudge habrían venido también —dijo Harry con tristeza—. Te apuesto lo que quieras a que Fudge habría ordenado a Macnair que matara a Sirius allí mismo.

-Buen punto, quizás no era tan buena idea que Dumbledore los viera.

Vieron a los cuatro hombres subir por la escalera de entrada del castillo y perderse de vista. Durante unos minutos el lugar quedó vacío. Luego...
—¡Aquí viene Lupin! —dijo Harry al ver a otra persona que bajaba la escalera y se dirigía corriendo hacia el sauce. Harry miró al cielo. Las nubes ocultaban la luna.
Vieron que Lupin cogía del suelo una rama rota y apretaba con ella el nudo del tronco. El árbol dejó de dar golpes y también Lupin desapareció por el hueco que había entre las raíces.
—¡Ojalá hubiera cogido la capa! —dijo Harry—. Está ahí... —Se volvió a Hermione—. Si saliera ahora corriendo y me la llevara, no la podría coger Snape.
—¡Harry, no nos deben ver!
—¿Cómo puedes soportarlo? —le preguntó a Hermione con irritación—. ¿Estar aquí y ver lo que sucede sin hacer nada? —Dudó—. ¡Voy a coger la capa!

Alastor frunció el ceño. Eso era lo único, y lo más peligroso, de Potter como auror. La sangre caliente por sus venas le cegaba la razón. Debería controlar sus emociones.
-Lo sacó del padre.
-Ya habló la chica que solo es tranquila cuando duerme.
-Ni tanto, se la pasa murmurando cosas sobre "James" y algo relacionado con...-Lily le dio una patada en la pantorilla a Dorcas para callarla.
-¿Podemos tomar en serio lo que está pasando?- cortó, roja como su cabello, antes de volver, apresurada, a la lectura.

—¡Harry, no!
Hermione sujetó a Harry a tiempo por la parte trasera de la túnica. En ese momento oyeron cantar a alguien. Era Hagrid, que se dirigía hacia el castillo, cantando a voz en grito y oscilando ligeramente al caminar. Llevaba una botella grande en la mano.

-Hagrid, si vas a trabajar de profesor, debemos hacer algo con tu cariño hacía las botellas, licores, bares y todo lo que se le parezca- regañó Minerva con firmeza.

—¿Lo ves? —susurró Hermione—. ¿Ves lo que habría ocurrido? ¡Tenemos que estar donde nadie nos pueda ver! ¡No, Buckbeak!
El hipogrifo hacia intentos desesperados por ir hacia Hagrid. Harry aferró también la cuerda para sujetar a Buck­beak. Observaron a Hagrid, que iba haciendo eses hacia el castillo. Desapareció. Buckbeak cejó en sus intentos de escapar. Abatió la cabeza con tristeza.

-Oh mi pequeño bebé- Molly bufó.
-Considerando que pesa como trescientos kilos y puede romperte el cráneo con un mordisco no lo llamaría pequeño, y tampoco pondría a los niños a jugar con él.
-Bien hecho Hagrid- ironizó Bill- lograste que mi madre y Malfoy estuviesen de acuerdo en algo- Lucius y Molly se miraron con desprecio absoluto.

Apenas dos minutos después las puertas del castillo volvieron a abrirse y Snape apareció corriendo hacia el sauce, en pos de ellos. Harry cerró fuertemente los puños al ver que Snape se detenía cerca del árbol, mirando a su alrededor. Cogió la capa y la sostuvo en alto.
—Aparta de ella tus asquerosas manos —murmuró Harry entre dientes.

-Por fin la valoras un poco- murmuró entre dientes James.

—¡Chist!
Snape cogió la rama que había usado Lupin para inmovilizar el árbol, apretó el nudo con ella y, cubriéndose con la capa, se perdió de vista.
—Ya está —dijo Hermione en voz baja—. Ahora ya estamos todos dentro. Y ahora sólo tenemos que esperar a que volvamos a salir...
Cogió el extremo de la cuerda de Buckbeak y lo amarró firmemente al árbol más cercano. Luego se sentó en el suelo seco, rodeándose las rodillas con los brazos.

-Oh no, seguro tendrá un refriado terrible el día siguiente.
-Sabes que tienes instinto maternal cuando puede chuparle el alma un dementor, asesinarla un hombre lobo o ser mutilada por un hipogrifo pero lo que te preocupa es el resfriado.

—Harry, hay algo que no comprendo... ¿Por qué no atraparon a Sirius los dementores? Recuerdo que se aproximaban a él antes de que yo me desmayara.
Harry se sentó también. Explicó lo que había visto. Cómo, en el momento en que el dementor más cercano acercaba la boca a Sirius, algo grande y plateado llegó galopando por el lago y ahuyentó a los dementores.

-Un patronus extraordinariamente poderoso. Solo un mago extremadamente entrenado podría lograr algo así.

Cuando terminó Harry de explicarlo, Hermione tenía la boca abierta.
—Pero ¿qué era?
—Sólo hay una cosa que puede hacer retroceder a los dementores —dijo Harry—. Un verdadero patronus, un patronus poderoso.
—Pero ¿quién lo hizo aparecer?
Harry no dijo nada.

-Dumbledore se había marchado, Sirius débil, Remus al borde de convertirse, Snape inconsiente...¿Quién pudo hacer un patronus lo suficientemente poderoso como para salvarlos?

Volvió a pensar en la persona que había visto en la otra orilla del lago. Imaginaba quién podía ser... Pero ¿cómo era posible?
—¿No viste qué aspecto tenía? —preguntó Hermione con impaciencia—. ¿Era uno de los profesores?
—No.

La cosa se ponía cada vez más extrañas, era un adivina el personaje y las pistas comenzaban a agotarse.

—Pero tuvo que ser un brujo muy poderoso para alejar a todos los dementores... Si el patronus brillaba tanto, ¿no lo iluminó? ¿No pudiste ver...?
—Sí que lo vi —dijo Harry pensativo—. Aunque tal vez lo imaginase. No pensaba con claridad. Me desmayé inmediatamente después...
—¿Quién te pareció que era?
—Me pareció —Harry tragó saliva, consciente de lo raro que iba a sonar aquello—, me pareció mi padre.


James se quedó tieso en el lugar, palideciendo, mientras los murmullos y teorías se esparcían por el gran comedor. ¿Podría haber sido él? ¿Era posible que regresara de la muerte? Nunca había pensado realmente si la magia era la más fuerte que la muerte y cuando la posibilidad estaba frente a la mesa, reducida en un par de páginas, le dio escalofríos.

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ACTUALIZACIÓN 12 DE JUNIO.


-¿Es si quiera posible?- murmuró Andrómeda.
-No, no por lógica al menos, pero este muchacho va contra cualquier lógica- respondió Alastor, cada vez más confundido e intrigado.

Miró a Hermione y vio que estaba con la boca abierta. La muchacha lo miraba con una mezcla de inquietud y pena.
—Harry, tu padre está..., bueno..., está muerto —dijo en voz baja.

-Lo siento, no había otra forma de decirlo pero no deja de ser algo insensible- se avergonzó Hermione.

—Lo sé —dijo Harry rápidamente.
—¿Crees que era su fantasma?
—No lo sé. No... Parecía sólido.
—Pero entonces...
—Quizá tuviera alucinaciones —dijo Harry—. Pero a juzgar por lo que vi, se parecía a él. Tengo fotos suyas... —Hermione seguía mirándolo como preocupada por su salud mental—. Sé que parece una locura —añadió Harry con determinación. Se volvió para echar un vistazo a Buckbeak, que metía el pico en la tierra, buscando lombrices. Pero no miraba realmente al hipogrifo.

-No quiero ser cruel, pero creo que es pura y dura sugestión, con el asunto de los Merodeadores tenías a tu padre en pleno pensamiento y eso te jugó una mala pasada- George miró algo sorprendido a su gemelo- ¿Qué? Soy brillante.
-Lo sé, pero es extraño que comiences la frase con 'no quiero ser cruel'- Fred se encogió de hombros.
-Estamos hablando de su padre muerto, ni yo podría hacer una broma con eso. 

Pensaba en su padre y en sus tres amigos de toda la vida. Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta... ¿No habrían estado aquella noche los cuatro en los terrenos del castillo? Colagusano había vuelto a aparecer aquella noche, cuando todo el mundo pensaba que estaba muerto. ¿Era imposible que su padre hubiera hecho lo mismo?

­-Por esa deducción tiene sentido, salvo porque James jamás habría dejado morir a Lily y escapar, para matarla a ella tuvieron que pasar por sobre su cadaver.
Lily tomó la mano de James por debajo de la mesa.
-Es lo más valiente y leal que una persona puede hacer por mí.

 ¿Había visto visiones en el lago? La figura había estado demasiado lejos para distinguirla bien, y sin embargo, antes de perder el sentido, había estado seguro de lo que veía.
Las hojas de los árboles susurraban movidas por la brisa. La luna aparecía y desaparecía tras las nubes. Hermione se sentó de cara al sauce, esperando.
Y entonces, después de una hora...
—¡Ya salen! —exclamó Hermione.

Todos se pusieron repentinamente en alerta, como si frente a ellos estuviese realmente el momento de intervenir.

Se pusieron en pie. Buckbeak levantó la cabeza. Vieron a Lupin, Ron y Pettigrew saliendo con dificultad del agujero de las raíces. Luego salió Hermione. Luego Snape, inconsciente, flotando. A continuación iban Harry y Black. Todos echaron a andar hacia el castillo. El corazón de Harry comenzaba a latir muy fuerte.

Dumbledore suspiró, aquel niño vivía con las emociones a flor de piel, con sangre caliente, con sentimientos que lo dominaban y aquello era un peligro, no solo por el lugar en que la vida lo había puesto, si no porque sufriría demasiado y temía que no fuese capaz de soportarlo.

 Levantó la vista al cielo. De un momento a otro pasaría la nube y la luna quedaría al descubierto...
—Harry —musitó Hermione, como si adivinara lo que pensaba él—, tenemos que quedarnos aquí. No nos deben ver. No podemos hacer nada.
—¿Y vamos a consentir que Pettigrew vuelva a escaparse? —dijo Harry en voz baja.
—¿Y cómo esperas encontrar una rata en la oscuridad? —le atajó Hermione—. No podemos hacer nada. Si hemos regresado es sólo para ayudar a Sirius. ¡No debes hacer nada más!
—Está bien.

Por un momento Sirius quiso enfadarse con la niña, por dejar ir a Peter, pero sabía que él no tenía nada que perder, en cambio ella hubiese padecido las consecuencias de romper la telaraña del tiempo toda su vida, rodeada de las posibilidades de lo que podría haber sido si no intervenía.
-Sé que da el aspecto de que Harry se parece más a mí, pero solo Lily podría mantener la compostura en esa situación, yo hubiese ido corriendo tirando hechizos para acá y para allá- reconoció James.

La luna salió de detrás de la nube. Vieron las pequeñas siluetas detenerse en medio del césped. Luego las vieron moverse.
—¡Mira a Lupin! —susurró Hermione—. Se está transformando.
—¡Hermione! —dijo Harry de repente—. ¡Tenemos que hacer algo!
—No podemos. Te lo estoy diciendo todo el tiempo.
—¡No hablo de intervenir! ¡Es que Lupin se va a adentrar en el bosque y vendrá hacia aquí!
Hermione ahogó un grito.

-Quien diría que a Hermione Granger le quedaría un cabo sin atar- Hermione bufó.
-Si quieres te pongo en esa situación y veremos que haces- Fred levantó las manos en señal de inocencia.
-No te sulfures cuñada, era un comentario.

—¡Rápido! —gimió, apresurándose a desatar a Buckbeak—. ¡Rápido! ¿Dónde vamos? ¿Dónde nos ocultamos? ¡Los dementores llegarán de un momento a otro!
—¡Volvamos a la cabaña de Hagrid! —dijo Harry—. Ahora está vacía. ¡Vamos!
Corrieron todo lo aprisa que pudieron. Buckbeak iba detrás de ellos a medio galope. Oyeron aullar al hombre lobo a sus espaldas.

-¿Es qué no pueden pasar una semana sin correr riesgo de muerte?- Molly estaba pálida, casi tanto como Remus, todo era su culpa, Harry, el hijo de su mejor amigo, estaba huyendo a esconderse por un monstruo, un monstruo que él tenía bajo la piel.
-¡No te culpes!- Harry y James hicieron el mismo comentario y Remus los miró, de uno en uno como un partido de tenis, antes de sonreír levemente, con cansancio - solo es un problema peludo lunático, y nada de lo que hagas lo harás apropósito, no importa que tan grave sea, nadie te culparía, no puedes evitarlo.
-Exacto, no puedo evitarlo. No debería poner a los demás en riesgo, ni a tu hijo, ni a quien será mi esposa ni...
-En realidad, ella tiene adoración por ti- cortó Ginny- creo que le gustaste más cuando supo que eras hombre lobo, ella lo consideraba algo sexy.
Sirius soltó un silbido.
-Eso es lunático, a la señora Lupin le gusta hacer aullar al lobo.
-¡No es el momento Sirius!

Vieron la cabaña. Harry derrapó al llegar a la puerta. La abrió de un tirón y dejó pasar a Hermione y a Buckbeak, que entraron como un rayo. Harry entró detrás de ellos y echó el cerrojo. Fang, el perro jabalinero, ladró muy fuerte.
—¡Silencio, Fang, somos nosotros! —dijo Hermione, avanzando rápidamente hacia él y acariciándole las orejas para que callara—. ¡Nos hemos salvado por poco!    —dijo a Harry.
—Sí...
Harry miró por la ventana. Desde allí era mucho más difícil ver lo que ocurría. Buckbeak parecía muy contento de volver a casa de Hagrid. Se echó delante del fuego, plegó las alas con satisfacción y se dispuso a echar un buen sueñecito.

Hagrid sonrió con ternura sin poder evitarlo, sus criaturas eran bebés adorables, no entendía como el resto no podía verlo.

—Será mejor que salga —dijo Harry pensativo—. Desde aquí no veo lo que ocurre. No sabremos cuándo llega el momento. —Hermione levantó los ojos para mirarlo. Tenía expresión de recelo—. No voy a intervenir —añadió Harry de inmediato—. Pero si no vemos lo que ocurre, ¿cómo sabremos cuál es el momento de rescatar a Sirius?

-Tenía miedo de que fueras a intentar algo riesgoso, nunca estoy segura de que vayas a seguir un plan.
-¿Desde cuándo nuestros planes salieron bien? ¡No los sigo porque suelen ser un asco! ¿No es así Ron?- Ron miró en otra dirección- día triste en la vida de un hombre en que traiciona a su mejor amigo por una mujer.
-Lo dice él que se acostó con mi hermana.
-Me casé con ella- corrigió.
-Una cosa no quita la otra.

—Bueno, de acuerdo. Aguardaré aquí con Buckbeak... Pero ten cuidado, Harry. Ahí fuera hay un licántropo y multitud de dementores.
Harry salió y bordeó la cabaña. Oyó gritos distantes. Aquello quería decir que los dementores se acercaban a Sirius... El otro Harry y la otra Hermione irían hacia él en cualquier momento...Miró hacia el lago, con el corazón redoblando como un tambor. Quienquiera que hubiese enviado al patronus, haría aparición enseguida.

El suspenso crecía cada vez más, todos querían saber quién o qué había hecho ese patronus, especialmente para saber si era posible que hubiese sido James el que lo hizo.

Durante una fracción de segundo se quedó ante la puerta de la cabaña de Hagrid sin saber qué hacer. «No deben verte.» Pero no quería que lo vieran, quería ver él. Tenía que enterarse...

James sentía una presión en el pecho, Harry lo necesitaba tanto, su hijo anhelaba verlo al punto de arriesgar su vida por un vistazo, le parecía increíble como eso podía darle tanta calidez y tanto dolor al mismo tiempo. Sabía que era imposible, pero deseaba haber sido él quien lo rescató, haber estado ahí para Harry como nunca había podido estarlo.

Ya estaban allí los dementores. Surgían de la oscuridad, llegaban de todas partes. Se deslizaban por las orillas del lago. Se alejaban de Harry hacia la orilla opuesta... No tendría que acercarse a ellos.
Echó a correr. No pensaba más que en su padre... Si era él, si era él realmente, tenía que saberlo, tenía que averiguarlo.

-Te ama tanto- la voz cortada de Lily le hizo saber que estaba pensando lo mismo que él.

Cada vez estaba más cerca del lago, pero no se veía a nadie. En la orilla opuesta veía leves destellos de plata: eran sus propios intentos de conseguir un patronus.
Había un arbusto en la misma orilla del agua. Harry se agachó detrás de él y miró por entre las hojas. En la otra orilla los destellos de plata se extinguieron de repente. Sintió emoción y terror: faltaba muy poco.
—¡Vamos! —murmuró, mirando a su alrededor—. ¿Dónde estás? Vamos, papá.

James sintió que entraba en pánico. Se sentía tan impotente, quería ir ahí, ayudarlos, salvarlos, pero no podía porque un imbécil con aires de dictador se lo impediría, no podría proteger a su hijo de los Dursley, de los dementores, de Voldemort, era poco más que un recuerdo mal dibujado.
-Señor Potter...James, si esto sale bien no sucederá nada- consoló Hermione, con una pequeña sonrisa que intentaba ser alentadora.

Pero nadie acudió. Harry levantó la cabeza para mirar el círculo de los dementores del otro lado del lago. Uno de ellos se bajaba la capucha. Era el momento de que apareciera el salvador. Pero no veía a nadie. Y entonces lo comprendió. No había visto a su padre, se había visto a sí mismo.
Harry salió de detrás del arbusto y sacó la varita.

-Esto no es posible- Alastor, al igual que todo el comedor, tenían la boca abierta, las cejas levantadas con la misma expresión atónita, no era posible que un niño...ese patronus... era...
-Albus ¡Nunca he visto nada igual!- Minerva estaba sorprendida, mirando a Albus con cierta exasperación por su tranquilidad- ¿Crees que sera un mago poderoso, verdad?
-Si, tiene el poder para serlo, pero- hizo una pausa- tiene tan pocas ambiciones de serlo que ya no será poderoso...será un héroe. El poder es algo caprichoso, suele venir cuando no lo pides y jugarte malas pasadas cuando lo exiges.

—¡EXPECTO PATRONUM! —exclamó.
Y de la punta de su varita surgió, no una nube informe, sino un animal plateado, deslumbrante y cegador. Frunció el entrecejo tratando de distinguir lo que era. Parecía un caballo. Galopaba en silencio, alejándose de él por la superficie negra del lago.

No puede ser.
James sentía el pulso en las orejas, ese patronus no podía ser lo que él creía.

Lo vio bajar la cabeza y cargar contra los dementores... En ese momento galopaba en torno a las formas negras que estaban tendidas en el suelo, y los dementores retrocedían, se dispersaban y huían en la oscuri­dad. Y se fueron.

-¡Un niño de trece años pudo con decenas de dementores! ¡Nunca se ha visto algo igual! ¡Merece un reconocimiento!- Minerva suspiró cansinamente al escuchar a Slughorn.
-Yo que tú Horace ya preparo la invitación, no vaya a ser que el joven e impresionante Potter se pierda un cupo en tu club.
-¿Perderse? ¡Oh no, querida Minerva! Con semejante talento y valentía tendrá un lugar asegurado.
-¿Valentía? Creí que lo tuyo era más la fama y fortuna.

El resto del comedor era ajeno a la pequeña discusión en la meta de profesores, muchos miraban al libro y otros tantos a Harry.
-Sé que siempre me han mirado como un bicho raro pero esto ya se me esta yendo de las manos.
-¡DECENAS DE DEMENTORES CON UN SOLO PATRONUS!- Recordó Ron emocionado.
-Lo sé Ron, ¿estaba ahí, recuerdas?


El patronus dio media vuelta. Volvía hacia Harry a medio galope, cruzando la calma superficie del agua. No era un caballo. Tampoco un unicornio. Era un ciervo.

-¿James, estas llorando?- Marlene notó la línea brillante que iba del ojo a la barbilla, el rastro de una lágrima.
-No solo es la alergia al pelo de perro que Sirius trae encima- Sirius no refutó nada, sabía que James estaba orgulloso hasta el centro de su alma de que el patronus de su hijo sea el mismo. Cornamenta era el patronus de Harry, y en cierta forma James si lo había protegido.

Brillaba tanto como la luna... Regresaba hacia él.

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ACTUALIZACIÓN 26 DE JUNIO. 


Se detuvo en la orilla. Sus pezuñas no dejaban huellas en la orilla. Miraba a Harry con sus ojos grandes y plateados. Lentamente reclinó la cornamenta. Y Harry comprendió:

-Cornamenta- Harry se estremeció al escuchar a los tres merodeadores murmurar la misma palabra. Él no se había equivocado, si había sido su padre quien lo protegió aquella noche.

—Cornamenta —susurró.
Pero se desvaneció cuando alargó hacia él las temblorosas yemas de sus dedos.
Harry se quedó así, con la mano extendida. Luego, con un vuelco del corazón, oyó tras él un ruido de cascos. Se dio la vuelta y vio a Hermione, que se acercaba a toda prisa, tirando de Buckbeak.

James estaba ensimismado, perdido en ese momento, en ese patronus y en su hijo, y solo salió de sus pensamientos cuando una mano jaló de su mentón y lo próximo que sintió fue unos labios sobre los suyos. No recordaba haber sido besado así jamás. Con dosis iguales de dolor, amor y una fuerte promesa de que podrían con todo aquello que venía.
Abrazó a Lily y la siguió besando, nadie se atrevió a hacer un comentario, sea por el temblor en James o las lágrimas de Lily.
-Sé que para un niño normal esta situación sería asquerosa, pero creo que me gusta verlos, saber cuánto se amaron- Ginny acarició su hombro, para ella era inimaginable un mundo sin su padre besando a su madre al llegar a casa.
-Míralos Harry, naciste del más puro y profundo amor.

—¿Qué has hecho? —dijo enfadada—. Dijiste que no intervendrías.

-Dios santo niña, de no intervenir habrían muerto, AMBOS- Hermione se avergonzó ante el regaño de Marlene, quien en ese momento tenía la mitad de su edad.

—Sólo he salvado nuestra vida... Ven aquí, detrás de este arbusto: te lo explicaré.
Hermione escuchó con la boca abierta el relato de lo ocurrido.
—¿Te ha visto alguien?
—Sí. ¿No me has oído? ¡Me vi a mí mismo, pero creí que era mi padre!

-La confusión es entendible- murmuró Seamus, alternando su mirada entre James y Harry, que eran tan parecidos que podrían haber sido gemelos.

—No puedo creerlo... ¡Hiciste aparecer un patronus capaz de ahuyentar a todos los dementores! ¡Eso es magia avanzadísima!
—Sabía que lo podía hacer —dijo Harry—, porque ya lo había hecho... ¿No es absurdo?
—No lo sé... ¡Harry, mira a Snape!

-¿Lo viste hacer eso y solo piensas en Snape? - Sirius estaba entre atónito y molesto.
-Lamento no querer romper el delicado hilo del tiempo- bufó.

Observaron la otra orilla desde ambos lados del arbusto. Snape había recuperado el conocimiento. Estaba haciendo aparecer por arte de magia unas camillas y subía a ellas los cuerpos inconscientes de Harry, Hermione y Black. Una cuarta camilla, que sin duda llevaba a Ron, flotaba ya a su lado. Luego, apuntándolos con la varita, los llevó hacia el castillo.

-Bien, ¿y ahora que prosigue?- Harry miró a Hermione, quién negó con la cabeza, antes de contestar.
-Hay que esperar a seguir la lectura.

—Bueno, ya es casi el momento —dijo Hermione, nerviosa, mirando el reloj—. Disponemos de unos 45 minutos antes de que Dumbledore cierre con llave la puerta de la enfermería. Tenemos que rescatar a Sirius y volver a la enfermería antes de que nadie note nuestra ausencia.
Aguardaron. Veían reflejarse en el lago el movimiento de las nubes. La brisa susurraba entre las hojas del arbusto que tenían al lado. Aburrido, Buckbeak había vuelto a buscar lombrices en la tierra.

Hagrid sonrió con ternura.
-Es un bicho que pesa media tonelada, ¿cómo puedes sonreír como si fuese un gato?- Flitwick miraba asombrado al semi gigante, mientras Minerva arrugó la nariz.
-No es la mejor mesa para hacer chistes sobre gatos, Filius- comentó Albus con una sonrisita.

—¿Crees que ya estará allí arriba? —preguntó Harry, consultando la hora. Levantó la mirada hacia el castillo y empezó a contar las ventanas de la derecha de la torre oeste.
—¡Mira! —susurró Hermione—. ¿Quién es? ¡Alguien vuelve a salir del castillo!
Harry miró en la oscuridad. El hombre se apresuraba por los terrenos del colegio hacia una de las entradas. Algo brillaba en su cinturón.
—¡Macnair! —dijo Harry—. ¡El verdugo! ¡Va a buscar a los dementores!

Canutó sintió como si dejaran caer un cubo de hielo por su columna. La idea de que le arrancaran el alma como si fuese aquello que él daba la vida por eliminar...Lo aterraba.

Hermione puso las manos en el lomo de Buckbeak y Harry la ayudó a montar. Luego apoyó el pie en una rama baja del arbusto y montó delante de ella. Pasó la cuerda por el cuello de Buckbeak y la ató también al otro lado, como unas riendas.
—¿Preparada? —susurró a Hermione—. Será mejor que te sujetes a mí.
Espoleó a Buckbeak con los talones.

-Es extraño que una criatura de esa naturaleza se deje domesticar así- Charlie negó con la cabeza.
-No se dejó domesticar, esas criaturas tienen instinto y saben quienes las aprecian y las respetan, a pesar de su salvajismo natural.

Buckbeak emprendió el vuelo hacia el oscuro cielo. Harry le presionó los costados con las rodillas y notó que levantaba las alas. Hermione se sujetaba con fuerza a la cintura de Harry, que la oía murmurar:
—Ay, ay, qué poco me gusta esto, ay, ay, qué poco me gusta.

Ron soltó una risotada sin poder evitarlo. Hermione le tenía pánico a cualquier cosa que implicara levantar los pies del suelo.

Planeaban silenciosamente hacia los pisos más altos del castillo. Harry tiró de la rienda de la izquierda y Buckbeak viró. Harry trataba de contar las ventanas que pasaban como relámpagos.
—¡Sooo! —dijo, tirando de las riendas todo lo que pudo.

-¿Cómo es posible que manejes esas fieras tan fácilmente?- preguntó Hermione indignada y con un vuelco en el estomago al recordar la experiencia.
-Estoy casado con Ginny, después de ella cualquier fiera es sencilla.
-Para que decir que no si es cierto- se resignó la pelirroja con una sonrisita.

Buckbeak redujo la velocidad y se detuvieron. Pasando por alto el hecho de que subían y bajaban casi un metro cada vez que Buckbeak batía las alas, podía decirse que estaban inmóviles.
—¡Ahí está! —dijo Harry, localizando a Sirius mientras ascendían junto a la ventana. Sacó la mano y en el momento en que Buckbeak bajaba las alas, golpeó en el cristal.

James golpeó las manos emocionado, mientras Sirius sonreía, una vez en su vida lo rescataba un Potter de la miseria absoluta.

Black levantó la mirada. Harry vio que se quedaba boquiabierto. Saltó de la silla, fue aprisa hacia la ventana y trató de abrirla, pero estaba cerrada con llave.
—¡Échate hacia atrás! —le gritó Hermione, y sacó su varita, sin dejar de sujetarse con la mano izquierda a la túnica de Harry.
—¡Alohomora!

-Esa es mi chica- festejó Ron.

La ventana se abrió de golpe.
—¿Cómo... cómo... ? —preguntó Black casi sin voz, mirando al hipogrifo.

-Sabes que una rompedura de reglas es épica cuando Sirius Black no sabe que decir- Marlene parecía al borde de llorar de alegría, como muchos otros ahí.

—Monta, no hay mucho tiempo —dijo Harry, abrazándose al cuello liso y brillante de Buckbeak, para impedir que se moviera—. Tienes que huir, los dementores están a punto de llegar. Macnair ha ido a buscarlos.

-Ya esta, ya ha pasado- Lily apretó la mano de James, a pesar de que la situación seguía siendo compleja, lo peor ya había pasado.

Black se sujetó al marco de la ventana y asomó la cabeza y los hombros. Fue una suerte que estuviera tan delgado. En unos segundos pasó una pierna por el lomo de Buckbeak y montó detrás de Hermione.

-Oh cachorro- Marlene le echó los brazos al cuello, llorando- Es impresionante lo que te han hecho, es tan injusto, tan doloroso.
-Marlene, niña, yo sé que él aún no ha pasado por esto, pero sé lo que va a pasar y yo te llevo casi veinte años, así que ve con el Sirius que corresponde- la rubia se separó algo avergonzada- No seas estúpido y te pierdas a esta mujer, la soltería esta sobrevalorada y la soledad es mucho más dura de lo que parece.
Canuto observó a su yo, más adulto y más sufrido, y entendió precisamente a lo que se refería.
-Pues si Harry pudo con su pelirroja junior, quizás yo pueda con una rubia más loca que una cabra.
-Prefiero ser cabra que tener pulgas.
-Yo no tengo pulgas- Remus le dio un codazo- casi nunca.

—¡Arriba, Buckbeak! —dijo Harry, sacudiendo las riendas—. Arriba, a la torre. ¡Vamos!
El hipogrifo batió las alas y volvió a emprender el vuelo. Navegaron a la altura del techo de la torre oeste. Buckbeak aterrizó tras las almenas con mucho alboroto, y Harry y Hermione se bajaron inmediatamente.
—Será mejor que escapes rápido, Sirius —dijo Harry jadeando—. No tardarán en llegar al despacho de Flitwick. Descubrirán tu huida.

-No pierdas el tiempo, además de que dudo que puedas seguir en pie mucho tiempo más.

Buckbeak dio una coz en el suelo, sacudiendo la afilada cabeza.
—¿Qué le ocurrió al otro chico? A Ron —preguntó Sirius.

Molly no pudo evitar sonreír, a pesar de que reprobaba muchas actitudes del ojigris no podía negar que era un buen hombre.

—Se pondrá bien. Está todavía inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se curará. ¡Rápido, vete!
Pero Black seguía mirando a Harry.
—¿Cómo te lo puedo agradecer?
—¡VETE! —gritaron a un tiempo Harry y Hermione.

Junto con muchos en el comedor que gritaron lo mismo al mismo tiempo.

Black dio la vuelta a Buckbeak, orientándolo hacia el cielo abierto.
—¡Nos volveremos a ver! —dijo—. ¡Verdaderamente, Harry, te pareces a tu padre!

-Gran frase para despedirse Canuto- felicitó Remus con los ojos brillantes.
-Lunático ¿estás llorando?- Remus le quitó importancia con la mano.
-No que va, solo es abstinencia, llevo dos horas sin comer chocolate.

Presionó los flancos de Buckbeak con los talones. Harry y Hermione se echaron atrás cuando las enormes alas volvieron a batir. El hipogrifo emprendió el vuelo... Animal y jinete empequeñecieron conforme Harry los miraba... Luego, una nube pasó ante la luna... y se perdieron de vista.

-Fin del capítulo- anunció.
-¿Qué hacen todos quietos, maldita sea? ¡SIRIUS HA SOBREVIVIDO MANGA DE HIPÓCRITAS, LO HAN CONDENADO TODOS USTEDES Y ÉL HA DEMOSTRADO LO QUE SIEMPRE DEBIERON HABER SABIDO!- no se sabía si Marlene lloraba de alegría o de enojo, pero Canuto la abrazó por la cintura.
-Tú y yo hablaremos después rubia, baja las revoluciones.
-Ellos no te defendieron, James y yo estábamos pudriéndonos en la tumba, dime si eso no es suficiente para estar revolucionada Sirius Blac...-La besó.
-Por Godric Gryffindor, al fin alguien descubrió como callar a Marlene- aplaudió Dorcas.

-Si no les molesta, sería adecuado seguir con el último capítulo- cortó Minerva.