jueves, 5 de octubre de 2017

Harry Potter y el Caliz de Fuego- Cap 1

Aclaración: Bueno todos los personajes y los libros que leen pertenecen a Jo Rowling, yo solo lo traspaso a un blog para que puedan leerlo de una manera diferente con las intervenciones de ciertos personajes pertenecientes a ella.


Harry Potter y el Caliz de Fuego.


Capitulo I: "La mansión de los Riddle"

-Otro día otro libro- Hermione sacó de la caja el cuarto libro, había decidido hacer aquel pequeño cofre como protección, solo ella podía acceder a ellos. No es que no confiase en Harry y Ron o Ginny, pero tenían la sangre demasiado caliente y quizás acabarían tirando todo el orden por la borda intentando hacer todo mejor, pero acabarían arruinándolo todo. Y ni hablar de Sirius.
-Cada vez son más largos- suspiró Lily-me encanta leer la vida de mi hijo pero sé que cada página es una página más que estaré cortando clavos sin saber si terminaras herido física o psicológicamente.
-No te preocupes tanto por el proceso, estoy bien ahora, todo eso forma de algo que dejé atrás.
-¿Leerás tú, Hermione?- la castaña asintió.
-El capítulo se llama La mansión de los Riddle.
-¿Voldemort tiene mansión?-Harry pensó un momento.
-Algo así. Una mansión familiar, mejor dicho.
Alastor apretó la mandíbula, tenía un presentimiento de que aquella sería una pieza de información crucial.

Los aldeanos de Pequeño Hangleton seguían llamándola «la Mansión de los Ryddle» aunque hacía ya muchos años que los Ryddle no vivían en ella. Erigida sobre una colina que dominaba la aldea, tenía cegadas con tablas algunas ventanas, al tejado le faltaban tejas y la hiedra se extendía a sus anchas por la fachada.

-Algo así como Malfoy Mannor- murmuró Draco.
-Espera un momento ¿Qué has dicho?- Lucius estaba aún más pálido, rígido y frío como un apuñalante trozo de hielo- ¿Qué le has hecho a la ancestral casa de mi familia? ¡Era una reliquia! ¡Una mina de oro! ¿Por qué has dejado la mansión? ¿Dónde demonios vives tú y la traidora que tienes por esposa?- Astoria rodó los ojos.
-¿En serio crees que eso me afecta? Me has dicho cosas peores suegrito y no dirijas tu enojo a mi porque yo no fui quien tomó la decisión de irnos de ese lugar, aunque me alegró bastante hacerlo.
-La casa se volvió una prisión durante la guerra, un cuartel, convertida en la mismísima Azkaban. Después de la guerra, la intervinieron, destrozaron muchas cosas y deje que se llevaran todo lo que había de magia oscura. Pero no podía quedarme ahí, las paredes...-Draco se estremeció- las paredes gritaban, los gritos de los torturados…la sangre de los niños…No lo soportaba, no podía quedarme ahí, acabaría tirándome del último piso.
Lucius no dijo nada, parecía demasiado ofendido para si quiera mirarlo, pero encontró una mirada familiar, una con los iris del mismo color que el suyo, Sirius se percató de la fina lágrima que Draco no pudo limpiar suficientemente rápido.
Quizás Andromeda, Tonks y él no fuesen los únicos traidores de la familia Black.
-Tranquilo cariño, nunca volveremos a ese lugar- Astoria rozó su mano con la de Draco- Nuestra casa es mucho más pequeña que Malfoy Mannor, pero es perfecta y si te interesa ver a tu hijo o ver crecer a tus nietos, estas invitado a ir Lucius.

En otro tiempo había sido una mansión hermosa y, con diferencia, el edificio más señorial y de mayor tamaño en un radio de varios kilómetros, pero ahora estaba abandonada y ruinosa, y nadie vivía en ella. En Pequeño Hangleton todos coincidían en que la vieja mansión era siniestra. Medio siglo antes había ocurrido en ella algo extraño y horrible, algo de lo que todavía gustaban hablar los habitantes de la aldea cuando los temas de chismorreo se agotaban. Habían relatado tantas veces la historia y le habían añadido tantas cosas, que nadie estaba ya muy seguro de cuál era la verdad.

-Pensé que eso solo pasaba en el Ministerio- Ironizó Harry, ganándose un par de miradas de desconcierto.

Todas las versiones, no obstante, comenzaban en el mismo punto: cincuenta años antes, en el amanecer de una soleada mañana de verano, cuando la Mansión de los Ryddle aún conservaba su imponente apariencia, la criada había entrado en la sala y había hallado muertos a los tres Ryddle.

-No es posible que él… Nadie sería tan cruel ¿verdad?-Nadie quiso contestar, porque nadie podía asegurar que la maldad de Voldemort conociese algún limite.
-Bueno al menos odia a todo el mundo y no es nada personal contra los sangre sucia, me siento mejor- James arrugó en entrecejo.
-No uses ese término, es degradante y tú vales oro, sin importar de dónde vienes- Lily tuvo que hacer un esfuerzo para suprimir la necesidad de mirar a la mesa de Slytherin, donde Severus estaba con la cabeza gacha.

 La mujer había bajado corriendo y gritando por la colina hasta llegar a la aldea, despertando a todos los que había podido.
—¡Están allí echados con los ojos muy abiertos! ¡Están fríos como el hielo! ¡Y llevan todavía la ropa de la cena!
Llamaron a la policía, y toda la aldea se convirtió en un hervidero de curiosidad, de espanto y de emoción mal disimulada. Nadie hizo el menor esfuerzo en fingir que le apenaba la muerte de los Ryddle, porque nadie los quería.

-Si vamos al caso, creo que mis vecinos harán una fiesta el día que muera, no me toleran.
-Marlene, llevas destrozando los gnomos de jardín de los señores Jones desde hace años.
-¡ESAS COSAS SON HORRIBLES! No parecen gnomos y me ven por la ventana mientras me desvisto.
-No hay que ser un gnomo para querer verte mientras te desvistes- la rubia arqueó levemente la comisura.
-Me gustaría decir lo mismo cachorro, pero te has paseado medio desnudo tantas veces por los vestuarios, y la sala común, y las habitaciones, y los baños y aquella vez por el pasillo… por no mencionar que te liaste con medio colegio…ya no queda nada de tu anatomía por descubrir.
-Hay una parte que estoy segura que te gustará tanto que vas a …
-¡SEÑOR BLACK!- Sirius soltó una carcajada perruna, algo más grave por el alcohol y el cigarro que la de su yo pequeño.

El señor y la señora Ryddle eran ricos, esnobs y groseros, aunque no tanto como Tom, su hijo ya crecido.

-Me recuerdan a una familia- Arthur dirigió una mirada de desdén hacia Lucius, gesto que se ablandó al enfocarse en Draco, aquel muchacho parecía ciertamente afectado por todo lo que le había tocado vivir.
-No es su culpa haber nacido ahí- aceptó Molly con tristeza, entendiendo la expresión de su esposo- Los niños son como un espejo Arthur, solo reflejan lo que tienen enfrente y suficientemente bien lo ha hecho solo el pequeño con semejantes ejemplos.
-Harry creció en un lugar horrible y sin embargo es buena persona- contradijo Fabian.
-Es la eterna discusión sobre si somos o nos hacemos, ¿Harry nació bueno? ¿A Draco lo hicieron malo? No tiene sentido discutir eso, los muggles lo vienen haciendo desde el siglo dieciocho y solo han logrado enredarse cada vez más.

Los aldeanos se preguntaban por la identidad del asesino, porque era evidente que tres personas que gozan, aparentemente, de buena salud no se mueren la misma noche de muerte natural.

La imperdonable. Alastor comenzaba a reunir todos aquellos datos en su cabeza.

El Ahorcado, que era como se llamaba la taberna de la aldea, hizo su agosto aquella noche, ya que todo el mundo acudió para comentar el triple asesinato. Para ello habían dejado el calor de sus hogares, pero se vieron recompensados con la llegada de la cocinera de los Ryddle, que entró en la taberna con un golpe de efecto y anunció a la concurrencia, repentinamente callada, que acababan de arrestar a un hombre llamado Frank Bryce.

-Esa manía que tienen los muggles de culpar a un inocente cuando claramente no tienen idea de que pasaba- se quejó Andromeda.
-Claramente no es solo cosa de muggles- corrigió Sirius, con tono serio y sombrío.

—¡Frank! —gritaron algunos—. ¡No puede ser! Frank Bryce era el jardinero de los Ryddle y vivía solo en una humilde casita en la finca de sus amos. Había regresado de la guerra con la pierna rígida y una clara aversión a las multitudes y a los ruidos fuertes.

-El perfil de un asesino- Alastor dirigió su mirada a Fred.
-No te confíes nunca muchacho, por más inofensivo parece alguien, siempre puede atacarte.
-¡Eso! Alerta- gritó Tonks, harte de mantenerse callada.
-Exactamente niña, hay que mantenerse en alerta permanente. Todo mago debería saber eso ¡Alerta permanente!- Ron tosió.
-Espera si Tonks es el origen de esa frase pero esto nunca sucedió en nuestro tiempo ¿Cómo pudo…? ¿De dónde salió esa frase originalmente en la versión original sin nuestra intervención?- Hermione se frotó la sien.
-Las paradojas temporales me hacen doler el cerebro.

Desde entonces, había trabajado para los Ryddle. Varios de los presentes se apresuraron a pedir una bebida para la cocinera, y todos se dispusieron a oír los detalles.
—Siempre pensé que era un tipo raro —explicó la mujer a los lugareños, que la escuchaban expectantes, después de apurar la cuarta copa de jerez—. Era muy huraño. Debo de haberlo invitado cien veces a una copa, pero no le gustaba el trato con la gente, no señor.

-Oh claro, porque no querer emborracharse con la empleada es sinónimo de ser un asesino serial.

—Bueno —dijo una aldeana que estaba junto a la barra—, el pobre Frank lo pasó mal en la guerra, y le gusta la tranquilidad. Ése no es motivo para...
—¿Y quién aparte de él tenía la llave de la puerta de atrás? —la interrumpió la cocinera levantando la voz—. ¡Siempre ha habido un duplicado de la llave colgado en la casita del jardinero, que yo recuerde! ¡Y anoche nadie forzó la puerta! ¡No hay ninguna ventana rota! Frank no tuvo más que subir hasta la mansión mientras todos dormíamos... Los aldeanos intercambiaron miradas sombrías.
—Siempre pensé que había algo desagradable en él, desde luego —dijo, gruñendo, un hombre sentado a la barra. —La guerra lo convirtió en un tipo raro, si os interesa mi opinión —añadió el dueño de la taberna.

-Qué fácil es hacer leña del árbol caído- Sirius sentía la misma amargura que Harry- una mancha, una duda, es el disparador para que todos arrojen su basura sobre ti.
-Dímelo a mí- James miró a Harry confuso.
-Entiendo lo de Canuto, pero ¿tú? No creo que lo de hablar pársel y lo del heredero sea tan grave.
-Espera al siguiente libro, por poco no me arrojaban basura…literalmente. No todos- aclaró rápidamente- Muchos se mantuvieron leales a mí, la mayoría en realidad, al menos de los que me importaban- Percy y Seamus miraron el suelo avergonzados, a pesar de que no había rastro de rencor en la voz de Harry.

—Te dije que no me gustaría tener a Frank de enemigo. ¿A qué te lo dije, Dot? —apuntó, nerviosa, una mujer desde el rincón.
—Horroroso carácter —corroboró Dot, moviendo con brío la cabeza de arriba abajo—. Recuerdo que cuando era niño...
A la mañana siguiente, en Pequeño Hangleton, a nadie le cabía ninguna duda de que Frank Bryce había matado a los Ryddle. Pero en la vecina ciudad de Gran Hangleton, en la oscura y sórdida comisaría, Frank repetía tercamente, una y otra vez, que era inocente y que la única persona a la que había visto cerca de la mansión el día de la muerte de los Ryddle había sido un adolescente, un forastero de piel clara y pelo oscuro.

-¿Un adolescente? Un momento, cincuenta años… La cámara de los secretos ocurrió por esa fecha, ¡Por Godric! No solo envió a ese monstruo a matar a la niña, asesinó a su propia familia- Molly se llevó la mano al pecho conmocionada- ¿Cómo puede existir esa maldad?
-Si no lo sabes es que no eres capaz de sentirlo, Molly querida- Albus sonrió levemente- eso habla muy bien de ti y de todos los que miran ese libro atónitos, lamentablemente existe y no es tan extraña.

Conozco varios que han sido capaces de sentirla, pensó con dolor.


PARTE 2 (ACTUALIZACIÓN 20 | 11 | 2017)


-Siempre supe que Voldemort era malo, pero siempre pensé que hasta la maldad tenía ciertos límites…Aunque considerando que es el hombre que intentó matar a mi hijo de un año, nada me sorprende en él- Lily estaba quieta, aunque su cerebro iba a mil por segundo.

Nadie más en la aldea había visto a semejante muchacho, y la policía tenía la convicción de que eran invenciones de Frank. Entonces, cuando las cosas se estaban poniendo peor para él, llegó el informe forense y todo cambió. La policía no había leído nunca un informe tan extraño. Un equipo de médicos había examinado los cuerpos y llegado a la conclusión de que ninguno de los Ryddle había sido envenenado, ahogado, estrangulado, apuñalado ni  herido con arma de fuego y, por lo que ellos podían ver, ni siquiera había sufrido daño alguno.

-El avada- la voz oscura, cargada de vivencias que pesaban una tonelada, de Alastor les erizó el pelo de la nuca a muchos.

De hecho, proseguía el informe con manifiesta perplejidad, los tres Ryddle parecían hallarse en perfecto estado de salud, pasando por alto el hecho de que estaban muertos.

-Ha de ser un verdadero dolor de cabeza para los de la autopsia- Ron miró confundido a Hermione- La autopsia es- arrugó la nariz un poco al pensar en la situación- una exploración del cadáver, ya sabes, lo abren y ven cada parte del cuerpo, interna y externamente, aunque en esa época no creo que pudiesen detectar gran cosa.
-¿Qué tan retorcido ha de ser disfrutar ese trabajo?- Marlene fingió vomitar.
-Es algo parecido a la medicina, supongo, los médicos estudian para salvar la vida y los forenses para entender la muerte.   

Decididos a encontrar en los cadáveres alguna anormalidad, los médicos notaron que los Ryddle tenían una expresión de terror en la cara; pero, como dijeron los frustrados policías, ¿quién había oído nunca que se pudiera aterrorizar a tres personas hasta matarlas? Como no había la más leve prueba de que los Ryddle hubieran sido asesinados, la policía no tuvo más remedio que dejar libre a Frank.

-Bueno al menos no encerraron a un inocente- podría ser un comentario sin peso alguno, salvo porque había salido de la boca de Sirius y eso hacía que se removieran las culpas.

Se enterró a los Ryddle en el cementerio de Pequeño Hangleton, y durante una temporada sus tumbas siguieron siendo objeto de curiosidad. Para sorpresa de todos y en medio de un ambiente de desconfianza, Frank Bryce volvió a su casita en la mansión.
—Para mí él fue el que los mató, y me da igual lo que diga la policía — sentenció Dot en El Ahorcado—. Y, sabiendo que sabemos que fue él, si tuviera un poco de vergüenza se iría de aquí. Pero Frank no se fue. Se quedó cuidando el jardín para la familia que habitó a continuación en la Mansión de los Ryddle, y luego para los siguientes inquilinos, porque nadie permaneció mucho tiempo allí.

-Para empezar, no entiendo quién se mudaría a una casa donde hubo un triple asesinato.

 Quizá era en parte a causa de Frank por lo que cada nuevo propietario aseguró que se percibía algo horrendo en aquel lugar, el cual, al quedar deshabitado, fue cayendo en el abandono.

Draco casi podía ver a sus demonios rodearlo. Él sabía lo que era que las paredes estuviesen levantadas con sangre y en ellas guardaran los gritos de dolor, Malfoy Manor cargaba con siglos de almas en pena pereciendo entre sus puertas y aún así, era lo único que podía llamar hogar…aunque quizás fuera solo porque su hogar era con Astoria y ella parecía ser feliz en aquel lugar.

 El potentado que en aquellos días poseía la Mansión de los Ryddle no vivía en ella ni le daba uso alguno; en el pueblo se comentaba que la había adquirido por «motivos fiscales», aunque nadie sabía muy bien cuáles podían ser esos motivos. Sin embargo, el potentado continuó pagando a Frank para que se encargara del jardín. A punto de cumplir los setenta y siete años, Frank estaba bastante sordo y su pierna rígida se había vuelto más rígida que nunca, pero todavía, cuando hacía buen tiempo, se lo veía entre los macizos de flores haciendo un poco de esto y un poco de aquello, si bien la mala hierba le iba ganando la partida.

-¿Y por qué esto es importante? Quiero decir, Voldemort mató a su familia, es terrible pero ¿qué hay del jardinero? ¿Por qué relatan eso ahora?- Harry suspiró, buscando las palabras para responderle a Fabian sin revelar más de lo que podía .
-No es que Frank sea particularmente importante, pero si la situación.  

Pero la mala hierba no era lo único contra lo que tenía que bregar Frank. Los niños de la aldea habían tomado la costumbre de tirar piedras a las ventanas de la Mansión de los Ryddle, y pasaban con las bicicletas por encima del césped que con tanto esfuerzo Frank mantenía en buen estado.

Molly frunció el ceño, eso hablaba mal de los niños y de su crianza. Ella nunca permitiría que sus hijos fueran tan irrespetuosos…aunque Fred y George eran bastante... Bueno, eran Fred y George.

En una o dos ocasiones habían entrado en la casa a raíz de una apuesta. Sabían que el viejo jardinero profesaba veneración a la casa y a la finca, y les divertía verlo por el jardín cojeando, blandiendo su cayado y gritándoles con su ronca voz. Frank, por su parte, pensaba que los niños querían castigarlo porque, como sus padres y abuelos, creían que era un asesino. Así que cuando se despertó una noche de agosto y vio algo raro arriba en la vieja casa, dio por supuesto que los niños habían ido un poco más lejos que otras veces en su intento de mortificarlo.

-Me suena que es algo un poco más grande que eso- James se tronó el cuello- ¿es que nunca pueden tener un año tranquilo?
-¿Tranquilo como tú?- ironizó Harry.
-¡TU MADRE ES TRANQUILA! Al menos cuando duerme- masculló.
-Es decir que desde que comenzamos la lectura hasta ahora ya has dormido con ella- dedujo Canuto con una sonrisilla pícara- Me enorgulleces Corni, por fin aprendiste algo de mí.
Lily estaba demasiado sonrojada como para responder, sus mejillas estaban de un tono tan carmín que Marlene soltó una carcajada.
-Tu cara está más roja que la decoración de San Valentín de Madame Tudipié.
Hermione rió ante la mueca de desagrado de Harry ante la mención del lugar.

 Lo que lo había despertado era su pierna mala, que en su vejez le dolía más que nunca. Se levantó y bajó cojeando por la escalera hasta la cocina, con la idea de rellenar la botella de agua caliente para aliviar la rigidez de la rodilla. De pie ante la pila, mientras llenaba de agua la tetera, levantó la vista hacia la Mansión de los Ryddle y vio luz en las ventanas superiores. Frank entendió de inmediato lo que sucedía: los niños habían vuelto a entrar en la Mansión de los Ryddle y, a juzgar por el titileo de la luz, habían encendido fuego.

-Me parece que la cojera no será el peor problema del pobre Frank- murmuró Charlie con el ceño fruncido.

 Frank no tenía teléfono y, de todas maneras, desconfiaba de la policía desde que se lo habían llevado para interrogarlo por la muerte de los Ryddle. Así que dejó la tetera y volvió a subir la escalera tan rápido como le permitía la pierna mala; regresó completamente vestido a la cocina, y cogió una llave vieja y herrumbrosa del gancho que había junto a la entrada. Tomó su cayado, que estaba apoyado contra la pared, y salió de la casita en medio de la noche. La puerta principal de la Mansión de los Ryddle no mostraba signo alguno de haber sido forzada, ni tampoco ninguna de las ventanas. Frank fue cojeando hacia la parte de atrás de la casa hasta llegar a una entrada casi completamente cubierta por la hiedra, sacó la vieja llave, la introdujo en la cerradura y abrió la puerta sigilosamente. Penetró en la cavernosa cocina.

Astoria se estremeció, ¿es qué era una regla de los Sangre Pura que sus casas fueran malditamente aterradoras? Ella había puesto como condición para mudarse a Malfoy Manor una remodelación al completo. Quería vivir en un hogar, no en una cueva de serpientes…por más paradójico que aquello sonara.

A pesar de que hacía años que Frank no pisaba en ella y de que la oscuridad era casi total, recordaba dónde se hallaba la puerta que daba al vestíbulo y se abrió camino hacia ella a tientas, mientras percibía el olor a decrepitud y aguzaba el oído para captar cualquier sonido de pasos o de voces que viniera de arriba. Llegó al vestíbulo, un poco más iluminado gracias a las amplias ventanas divididas por parteluces que flanqueaban la puerta principal, y comenzó a subir por la escalera, dando gracias a la espesa capa de polvo que cubría los escalones porque amortiguaba el ruido de los pies y del cayado.

La tensión crecía poco a poco, ¿qué iba a encontrarse ese hombre escaleras arriba? Cualquier cosa era posible.

En el rellano, Frank torció a la derecha y vio de inmediato dónde se hallaban los intrusos: al final del corredor había una puerta entornada, y una luz titilante brillaba a través del resquicio, proyectando sobre el negro suelo una línea dorada. Frank se fue acercando pegado a la pared, con el cayado firmemente asido. Cuando se hallaba a un metro de la entrada distinguió una estrecha franja de la estancia que había al otro lado. Pudo ver entonces que estaba encendido el fuego en la chimenea, cosa que lo sorprendió.

-Espera ¿son Mortífagos?- Remus se sorprendió- Es extraño que un- se negó a llamarlo hombre- Voldemort, quien siempre negó su sangre muggle y quien asesinó a su familia muggle, llevé a ese mismo lugar a los seguidores que alaban la pureza ¿Qué clase de racista va a al lugar que más detesta sin ningún motivo aparente? Es como si los que piden el genocidio hibrido fueran a dormir a una cueva de licántropos.
-Quizás ahí está el punto- la voz ronca de Alastor le ponía los pelos de punta a varios- El mejor lugar para ocultarse es en ese lugar donde sabes que nunca van a buscarte. Los aurores cometen ese error seguido, ¿cómo un hombre de inteligencia privilegiada se escondería en un lugar tan obvio como la casa de su padre?
Sirius levantó la mano- A mí me funcionó.
-Demonios ¿te mudaste a casa de Walburga y Orión?- James fingió vomitar- colega no sabía que llegaste a estar TAN mal.
-Aunque en retrospectiva, no fueron tan malos ratos. De mi última década y media de vida, los mejores ratos los viví en esa casa del infierno- recordó charlar con Harry, darle a Fred su primer copa de Whiskey, abrazar a Ginny mientras ella confesaba que sentía cosas por su ahijado, los guisados de Molly, las burlas a los ataques de tos de Remus cada vez que Tonks le coqueteaba descaradamente. Tal vez, Grimmauld Place no fue tan malo.

Se quedó inmóvil y escuchó con toda atención, porque del interior de la estancia llegaba la voz de un hombre que parecía tímido y acobardado.
—Queda un poco más en la botella, señor, si seguís hambriento.
—Luego —dijo una segunda voz. También ésta era de hombre, pero extrañamente aguda y tan iría como una repentina ráfaga de viento helado. Algo tenía aquella voz que erizó los escasos pelos de la nuca de Frank—Acércame más al fuego, Colagusano.

Los Merodeadores sintieron ese apodo como un golpe en el centro del estomago.
-Al menos podría tener el respeto de cambiarse el apodo que le dimos. Maldita rata traidora.-
Era difícil para James, Remus parecía impotente, Sirius enfadado, pero él no podía. Sencillamente no podía más que sentir un vacio gigante, a pesar de todo no podía asociar la imagen del buen y tontorrón Peter con ese traidor que había acabado con su vida, y aún más importante con la de Lily. No era idiota, no negaría lo innegable, pero al escucharlo sentía que hablaban de dos Peter totalmente diferentes.
-¿Estás bien?- Lily le acarició el brazo- Tómatelo con calma ¿sí? No es necesario que lo digieras de sopetón, Sirius y Remus tuvieron doce años para acostumbrarse a la idea de un Merodeador traidor, aunque fuese el equivocado- Remus miró a Sirius con la invisible culpabilidad que siempre se cernía sobre ellos al hablar de las desconfianzas- tú pasaste de creer que tenías una lealtad asegurada al enterarte que te mató indirectamente, procésalo despacio, nadie te culpa si no puedes odiarlo, hasta hace un segundo tu lo querías como un hermano, es normal que el cariño tarde en irse, James.
-Lo sé, solo que él te hizo daño y lo odio, lo odio profundamente, pero a la vez pienso en el Peter al que le enseñé como volar sin caerse de la escoba y no puedo creer que… Sigue leyendo.

 Frank volvió hacia la puerta su oreja derecha, que era la buena. Oyó que posaban una botella en una superficie dura, y luego el ruido sordo que hacía un mueble pesado al ser arrastrado por el suelo. Frank vislumbró a un hombre pequeño que, de espaldas a la puerta, empujaba una butaca para acercarla a la chimenea. Vestía una capa larga y negra, y tenía la coronilla calva. Enseguida volvió a desaparecer de la vista.
—¿Dónde está Nagini? —dijo la voz iría.

-¿Nagini?- Gideon miró a Hermione, al parecer su sobrina política era quien tenía la batuta sobre qué información podía o no revelarse.
-Es una serpiente, algo así como la mascota de Voldemort… es bastante más complejo que eso, pero por ahora es todo lo que puedo mencionar.

—No... no lo sé, señor —respondió temblorosa la primera voz—Creo que ha ido a explorar la casa...
—Tendrás que ordeñarla antes de que nos retiremos a dormir, Colagusano —dijo la segunda voz—. Necesito tomar algo de alimento por la noche. El viaje me ha fatigado mucho.

-Espero que se refiera a sacarle veneno, pero aún así ordeñar…para comer lo que saque…Agh demonios, ahora recuerdo porque odiaba husmear los libros de Orión, la magia oscura es repugnante- Sirius, y varios otros, sintieron una arcada de pura repulsión.

Frunciendo el entrecejo, Frank acercó más la oreja buena a la puerta. Hubo una pausa, y tras ella volvió a hablar el hombre llamado Colagusano.
—Señor, ¿puedo preguntar cuánto tiempo permaneceremos aquí?
—Una semana —contestó la fría voz—. O tal vez más. Este lugar es cómodo dentro de lo que cabe, y todavía no podemos llevar a cabo el plan. Sería una locura hacer algo antes de que acaben los Mundiales de quidditch.

-Entre el caos y el fuego, ese mundial era el mismísimo infierno- Hermione regañó a Ginny con la mirada, no debían adelantar nada.

Frank se hurgó la oreja con uno de sus nudosos dedos. Sin duda debido a un tapón de cera, había oído la palabra «quidditch», que no existía.

Lucius puso los ojos en blanco, estúpidos muggles.

—¿Los... los Mundiales de quidditch, señor? —preguntó Colagusano. Frank se hurgó aún con más fuerza—. Perdonadme, pero... no comprendo. ¿Por qué tenemos que esperar a que acaben los Mundiales?

—Porque en este mismo momento están llegando al país magos provenientes del mundo entero, idiota, y todos los mangoneadores del Ministerio de Magia estarán al acecho de cualquier signo de actividad anormal, comprobando y volviendo a comprobar la identidad de todo el mundo. Estarán obsesionados con la seguridad, para evitar que los muggles se den cuenta de algo. Por eso tenemos que esperar. 


PARTE 3 (ACTUALIZACIÓN 26 | 11 | 2017)

Frank desistió de intentar destaponarse el oído. Le habían llegado con toda claridad las palabras «magos», «muggles» y «Ministerio de Magia». Evidentemente, cada una de aquellas expresiones tenía un significado secreto, y Frank pensó que sólo había dos tipos de personas que hablaran en clave: los espías y los criminales. Así pues, aferró el cayado y aguzó el oído.
—¿Debo entender que Su Señoría está decidido? —preguntó Colagusano en voz baja.

-Como si ser un esclavo voluntario no fuese suficientemente humillante, es el mismo cobarde de siempre. O aún peor.

—Desde luego que estoy decidido, Colagusano. —Ahora había un tono de amenaza en la iría voz. Siguió una ligera pausa, y luego habló Colagusano. Las palabras se le amontonaron por la prisa, como si quisiera acabar de decir la frase antes de que los nervios se lo impidieran:
—Se podría hacer sin Harry Potter, señor. Hubo otra pausa, ahora más prolongada, y luego se escuchó musitar a la segunda voz:
—¿Sin Harry Potter? Ya veo...
—¡Señor, no lo digo porque me preocupe el muchacho! —exclamó Colagusano, alzando la voz hasta convertirla en un chillido—. El chico no significa nada para mí, ¡nada en absoluto!

-James te harás daño- los puños de James estaban tan apretados que aún con uñas cortas podía sentirlas clavándose en su piel. El enojo comenzaba a formarse poco a poco, absorbiendo todo a su paso. Podían meterse con él, con Sirius, con Remus incluso con Lily, pero jamás, jamás, iba a permitir que hablaran así de su hijo.
-¿Dónde está Peter?- miró fijamente a Dumbledore, que no respondió- ¿Dónde está Peter? Dumbledore, no es un pedido, ¡Dígame donde esta Peter Pettigrew! ¡Ahora mismo si no quiere que vuele el maldito salón!
-James comprendo lo que sientes, pero la señorita Granger amablemente me ha pedido que Peter Pettigrew no esté presente hasta el séptimo libro, aunque ahora este intentando esconderse detrás del joven Weasley- Hermione estaba al borde de comerse las uñas, una cosa era presentar una lista de reglas y otra enfrentarse al padre herido y enfadado de su mejor amigo.
-Sé que quieres matarlo- Harry lo miró con esa determinación que lo caracterizaba frente a los escuadrones de aurores- pero si matas a un inocente serás lo que detestas: un asesino. Por mucho que les pesé, él aún no ha hecho nada, y el punto de esto es que eviten que eso suceda, si Peter decide ser un mortífago, tendrán oportunidad de enfrentarse a él, pero por lo que te conozco sé que no serás capaz de pararte a él y asesinarlo cuando este desprevenido y sin entender porque, no eres ese tipo de hombre… papá- James tragó grueso, mientras dejaba que Lily lo jalara para sentarse. Era verdad, por más que la ira le recorriera por las venas, no creía ser capaz de matar a Peter.
-¿Darle una golpiza hasta matarlo sin querer califica como asesinato?- Marlene se encogió de hombros.
-Estos niños ya se parecen a McGonagall, reglas aquí y allá, ¡Queremos venganza, joder!- Dorcas le dio un codazo.
-Eres una psicópata.
-Al menos tu estas vivas, a mi me mataron en la guer…-Harry carraspeó incómodo- ¡Moriste tu también! ¿Esperen alguno de nosotros sobrevivió a la primer guerra…sin secuelas?- agregó mirando dudosa a Remus y Sirius, sin saber que considerar "sobrevivir".
-Peter.
-Otra razón para matarlo.

Sólo lo digo porque si empleáramos a otro mago o bruja, el que fuera, se podría llevar a cabo con más rapidez. Si me permitierais ausentarme brevemente (ya sabéis que se me da muy bien disfrazarme), podría regresar dentro de dos días con alguien apropiado.
—Podría utilizar a cualquier otro mago —dijo con suavidad la segunda voz—, es cierto...
—Muy sensato, señor —añadió Colagusano, que parecía sensiblemente aliviado—. Echarle la mano encima a Harry Potter resultaría muy difícil. Está tan bien protegido...

-Bueno, me gusta pensar que hago bien mi trabajo- comentó Dumbledore con su retintín peculiar, misterioso e inadecuado para casi cualquier ocasión.

—¿O sea que te prestas a ir a buscar un sustituto? Me pregunto si tal vez... la tarea de cuidarme se te ha llegado a hacer demasiado penosa, Colagusano. ¡Quién sabe si tu propuesta de abandonar el plan no será en realidad un intento de desertar de mi bando!

-Lo desertar y traicionar se le da bastante bien- masculló Canuto.

—¡Señor! Yo... yo no tengo ningún deseo de abandonaros, en absoluto.
—¡No me mientas! —dijo la segunda voz entre dientes—. ¡Sé lo que digo, Colagusano! Lamentas haber vuelto conmigo. Te doy asco. Veo cómo te estremeces cada vez que me miras, noto el escalofrío que te recorre cuando me tocas...

-Demonios, no sé si es su líder o su suegra- a pesar del ambiente tenso, muchos no pudieron esconder su risa ante el comentario de Fred, después de todo ese era el talento único de Fred, poder hacer reír a las personas aún en el momento más tenso y oscuro.

—¡No! Mi devoción a Su Señoría...
—Tu devoción no es otra cosa que cobardía.

-Lo que más detesto de Pettigrew, es que me haga estar de acuerdo en algo con ese asesino de quinta- Marlene arrugó la nariz con enfado.

—No estarías aquí si tuvieras otro lugar al que ir. ¿Cómo voy a sobrevivir sin ti, cuando necesito alimentarme cada pocas horas? ¿Quién ordeñará a Nagini?

-¿Podríamos omitir de ahora en adelante el termino ordeñar? De verdad, creo que voy a descomponerme la próxima vez que lo escuche.

—Pero ya estáis mucho más fuerte, señor.
—Mentiroso —musitó la segunda voz—. No me encuentro más fuerte, y unos pocos días bastarían para hacerme perder la escasa salud que he recuperado con tus torpes atenciones. ¡Silencio! Colagusano, que había estado barbotando incoherentemente, se calló al instante.

Remus se estremeció. Eso era lo que Peter solía hacer cerca de ellos, ¿acaso los había observado tantos años con el mismo sentimiento de temor y amenaza? Trato de recordar algún momento donde ellos hayan hecho algo por él, algo que no fuese acogerlo bajo su ala de protección y popularidad, ayudarlo en alguna tarea cuando mucho ¿pero alguna vez alguno de ellos tres se había preguntado que pasaba por la mente de él? La respuesta era clara y le dejaba clavada la pequeña espina de Peter nunca había sido realmente parte de aquel grupo como él y Sirius. James era el corazón latiente a tope, él la cabeza sensata y Sirius la sangre caliente y errática, pero ¿qué había sido Peter? ¿Los ojos chismosos?¿Las manos serviciales? ¿Era si quiera un amigo más allá de un admirador? ¿Qué tanta dosis de lealtad hay una admiración?

Durante unos segundos, Frank no pudo oír otra cosa que el crepitar de la hoguera. Luego volvió a hablar el segundo hombre en un siseo que era 8 casi un silbido.

-Había olvidado que el jardinero seguía ahí, eso no acabará bien para él.

—Tengo mis motivos para utilizar a ese chico, como te he explicado, y no usaré a ningún otro. He aguardado trece años. Unos meses más darán lo mismo. Por lo que respecta a la protección que lo rodea, estoy convencido de que mi plan dará resultado. Lo único que se necesita es un poco de valor por tu parte... Un valor que estoy seguro de que encontrarás, a menos que quieras sufrir la ira de lord Voldemort.

-El nivel de arrogancia muchas veces en proporcional a las inseguridades que uno posea.
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ACTUALIZACIÓN 28 | 11 | 2017

—¡Señor, dejadme hablar! —dijo Colagusano con una nota de pánico en la voz—. Durante el viaje le he dado vueltas en la cabeza al plan... Señor, no tardarán en darse cuenta de la desaparición de Bertha Jorkins.

-Pobre niña, era algo chismosa pero nadie merece desaparecer así- Sprout se lamentó, recordaba perfectamente a aquella muchachita regordeta que siempre murmuraba por los pasillos y solía delatar a sus compañeros, hacía poco menos de seis años que la niña había estado en su propia casa.

 Y, si seguimos adelante, si yo echo la maldición...
—¿«Si»? —susurró la otra voz—. Si sigues el plan, Colagusano, el Ministerio no tendrá que enterarse de que ha desaparecido nadie más. Lo harás discretamente, sin alboroto. Ya me gustaría poder hacerlo por mí mismo, pero en estas condiciones... Vamos, Colagusano, otro obstáculo menos y tendremos despejado el camino hacia Harry Potter. No te estoy pidiendo que lo hagas solo. Para entonces, mi fiel vasallo se habrá unido a nosotros.

-¿Quién puede ser tan fiel para apoyarlo…y no estar en Azkaban? Los Lestrange…
- Tweedledum y Tweedledee- Hermione puso los ojos en blanco- Azkaban, junto con Bellatrix.
-Lucius es un inepto inservible- James ignoró el insulto del rubio- ¿Quiénes quedan? Rosier, Goyle, Travers, Crabbe…
-Créeme, no lo adivinaras. Su apellido es demasiado honrado como para que lo adivines- Alastor se tensó, se venía información de la buena.

—Yo también soy un vasallo fiel —repuso Colagusano con una levísima nota de resentimiento en la voz.

-Hay un gran trecho entre leal o extorsionado por el miedo a morir.

—Colagusano, necesito a alguien con cerebro, alguien cuya lealtad no haya flaqueado nunca. Y tú, por desgracia, no cumples ninguno de esos requisitos.

-Acaba de decirle traidor y estúpido, detesto a Pettigrew, me hace sentir que opino lo mismo que el viejo Voldy y eso es avergonzante.

—Yo os encontré —contestó Colagusano, y esta vez había un claro tono de aspereza en su voz—. Fui el que os encontró, y os traje a Bertha Jorkins.

-¿Estamos diciendo que Peter es el culpable de que ese desquiciado vuelva al poder? ¿Es qué no tenemos ya suficientes motivos para partirle su…- Hermione hizo su mejor gesto de reprobación, de esos que había sacado calcado a McGonagall- Lo sé, lo sé, no podemos apalear a nadie hasta el fin de los libros. Pero me da igual como termine, se merece que lo destroce.

—Eso es verdad —admitió el segundo hombre, aparentemente divertido—. Un golpe brillante del que no te hubiera creído capaz, Colagusano. Aunque, a decir verdad, ni te imaginabas lo útil que nos sería cuando la atrapaste, ¿a qué no?
—Pen... pensaba que podía serlo, señor.

-Mentiroso.
—Mentiroso —dijo de nuevo la otra voz con un regocijo cruel más evidente que nunca.

-¿Y si Voldemort lo mata?- preguntó Marlene, cual niña que espera regalo de navidd.

—Sin embargo, no niego que su información resultó enormemente valiosa. Sin ella, yo nunca habría podido maquinar nuestro plan, y por eso recibirás tu recompensa, Colagusano. Te permitiré llevar a cabo una labor esencial para mí; muchos de mis seguidores darían su mano derecha por tener el honor de desempeñarla...
Los que sabían lo irónico que resultaba aquel comentario, rieron de manera misteriosa.

—¿De... de verdad, señor? —Colagusano parecía de nuevo aterrorizado— ¿Y qué...?
—¡Ah, Colagusano, no querrás que te lo descubra y eche a perder la sorpresa! Tu parte llegará al final de todo... pero te lo prometo: tendrás el honor de resultar tan útil como Bertha Jorkins.
 —Vos... Vos... —La voz de Colagusano sonó repentinamente ronca, como si se le hubiera quedado la boca completamente seca—. Vos... ¿vais a matarme... también a mí?

-Espero que no, quiero tener los honores- Sirius apretó los puños.
-Oh, ¿puedo hacerlo yo también?
-Por supuesto preciosa.
-¿Por qué hablan como si degollar a su ex mejor amigo fuera una cita romántica?

—Colagusano, Colagusano —dijo la voz iría, que ahora había adquirido una gran suavidad—, ¿por qué tendría que matarte? Maté a Bertha porque tenía que hacerlo. Después de mi interrogatorio ya no servía para nada, absolutamente para nada. Y, sin duda, si hubiera vuelto al Ministerio con la noticia de que te había conocido durante las vacaciones, le habrían hecho unas preguntas muy embarazosas.

-¿Cómo es posible que hable de asesinar como si lo hiciera de lustrar zapatos? Esto lo necesitamos, aquí quitamos y movemos esto de aquí hacía allá? ¿Qué clase de ser humano es?
-No creo que pueda considerarse humano a alguien que ya no tiene ni una pisca de humanidad.
  Los magos que han sido dados por muertos deberían evitar encontrarse con brujas del Ministerio de Magia en las posadas del camino... Colagusano murmuró algo en voz tan baja que Frank no pudo oírlo, pero lo que fuera hizo reír al segundo hombre: una risa completamente amarga, y tan fría como su voz.
—¿Que podríamos haber modificado su memoria? Es verdad, pero un mago con grandes poderes puede romper los encantamientos desmemorizantes, como te demostré al interrogarla. Sería un insulto a su recuerdo no dar uso a la información que le sonsaqué, Colagusano.

-Ese es humor negro. Maldito bastardo, hasta se siente orgulloso de sus manos bañadas en la sangre de muchos inocentes. Con las almas aferradas a su varita.  

Fuera, en el corredor, Frank se dio cuenta de que la mano que agarraba el cayado estaba empapada en sudor. El hombre de la voz fría había matado a una mujer, y hablaba de ello sin ningún tipo de remordimiento, con regocijo. Era peligroso, un loco.

-El tipo no sabe ni de que demonios hablan y ya sabe que es un loco peligroso.

Y planeaba más asesinatos: aquel muchacho, Harry Potter, quienquiera que fuese, se hallaba en peligro. Frank supo lo que tenía que hacer. Aquél era, sin duda, el momento de ir a la policía.

-¿Policia?- James miró a Lily confuso.

-Son los aurores muggles, ¿recuerdas? Traje azul, amra, sombrero… atrapan a los malos.
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ACTUALIZACIÓN 30 | 11 | 2017

Saldría sigilosamente de la casa e iría directo a la cabina telefónica de la aldea. Pero la voz fría había vuelto a hablar, y Frank permaneció donde estaba, inmóvil, escuchando con toda su atención.

-Voldemort tiene ese talento con las personas- se lamentó Dumbledore, ese talento que Grindelwald tenía, al oírlo sencillamente tenías que quedarte a oír más, el siseo de la serpiente entrando en tus oídos y convenciéndote de que todo lo que dicen es cierto y tiene la verdad absoluta.

—Una maldición más... mi fiel vasallo en Hogwarts... Harry Potter es prácticamente mío, Colagusano.

-Es obvio que no logro su cometido porque estas aquí vivo, pero me preocupa que tan dañado saliste de esa ocasión.
-No tan mal como otros- murmuró con esa pesadumbre que le traía recordar a los muertos por la guerra.

Está decidido. No lo discutiremos más. Silencio... Creo que oigo a Nagini...
Y la voz del segundo hombre cambió. Comenzó a emitir unos sonidos que Frank no había oído nunca; silbaba y escupía sin tomar aliento.

-Pársel- James miró a su hijo con curiosidad- sobre eso ¿por qué puedes hablar pársel tú?- Harry se acomodó las gafas con nerviosismo, pero Hermione no alcanzó abrir la boca cuando James bufó- esperar a los otros libros, ya entendí.

Frank supuso que le estaba dando un ataque. Y entonces Frank oyó que algo se movía detrás de él, en el oscuro corredor. Se volvió a mirar, y el terror lo paralizó. Algo se arrastraba hacia él por el suelo y, cuando se acercó a la línea de luz, vio, estremecido de pavor, que se trataba de una serpiente gigante de al menos cuatro metros de longitud.

-Claro, es que tener una lechuza es la mar de complicado, es más fácil tener una pitón endemoniada de doscientos kilos.

Horrorizado, Frank observó cómo su cuerpo sinuoso trazaba un sendero a través de la espesa capa de polvo del suelo, aproximándose cada vez más. ¿Qué podía hacer? El único lugar al que podía escapar era la habitación en la que dos hombres tramaban un asesinato, y, si se quedaba donde estaba, sin duda la serpiente lo mataría.

-Pobre Frank, como siempre en las guerras mueren muchas personas que solo estaban en el lugar y momento erróneo.

Antes de que hubiera tomado una decisión, la serpiente había llegado al punto del corredor en que él se encontraba e, increíble, milagrosamente, pasó de largo; iba siguiendo los sonido siseantes, como escupitajos, que emitía la voz al otro lado de la puerta y, al cabo de unos segundos, la punta de su cola adornada con rombos había desaparecido por el resquicio de la puerta.

-Eso no tiene buena pinta, no puede  ser tan fácil- Fabian frunció el ceño, algo malo le esperaba al viejo jardinero y por piedad, deseaba que fuese lo menos doloroso posible.

 Frank tenía la frente empapada en sudor, y la mano con que sostenía el cayado le temblaba. Dentro de la habitación, la iría voz seguía silbando, y a Frank se le ocurrió una idea extraña, una idea imposible: que aquel hombre era capaz de hablar con las serpientes.

Lucius casi da un brinco ¿Cómo aquel viejo y estúpido muggle había podido descifrar tan fácil aquello?
-Si los muggles no saben de la magia, es porque nadie es más ciego que el que no quiere ver, Señor Malfoy, pero cuando uno se decide a abrir los ojos, comprende todo de un plumazo.
-¿Está leyendo mi mente? ¡Eso es ilegal Dumbledore!- el anciano sonrió.
-No lo he hecho, solo he hecho lo que nuestro colega Frank hizo: sencilla unión de puntos. Además, Señor Malfoy, no creo que sea el mejor para enseñarme de legalidad.

No comprendía lo que pasaba. Hubiera querido, más que nada en el mundo, hallarse en su cama con la botella de agua caliente. El problema era que sus piernas no parecían querer moverse. De repente, mientras seguía allí temblando e intentando dominarse, la fría voz volvió a utilizar el idioma de Frank.
—Nagini tiene interesantes noticias, Colagusano —dijo.

-Pobre desgraciado, como si no le hubiese causado suficientes problemas, vuelve a por él medio siglo después.

—¿De... de verdad, señor?
—Sí, de verdad —afirmó la voz—. Según Nagini, hay un muggle viejo al otro lado de la puerta, escuchando todo lo que decimos.

-Su destino esta sellado- suspiró con tristeza Lily- tendría que haber huido.
-La curiosidad mata al gallo- soltó Sirius.
-Al gato- corrigió Marlene.
-¿Por qué la curiosidad mataría a un gato?
-¿Y por qué demonios mataría a un gallo?
-¡Pregúntale a un perro si gallina curiosa no termina desplumada!
-¿Te comiste una gallina?
-Ese fue Remus- el castaño se encogió de hombros.
-Sirius intentó cazar un pato, pero se cayó al lago.
-¿Seguiremos fingiendo que este diálogo es normal? ¡Que van a matar al pobre Frank!

Frank no tuvo posibilidad de ocultarse. Oyó primero unos pasos, y luego la puerta de la habitación se abrió de golpe. Un hombre bajo y calvo con algo de pelo gris, nariz puntiaguda y ojos pequeños y llorosos apareció ante él con una expresión en la que se mezclaban el miedo y la alarma.

-Definitivamente, eso no es envejecer con estilo.
-Creo que después de trece años viviendo como rata, se le hizo difícil volver a ser humano.

—Invítalo a entrar, Colagusano. ¿Dónde está tu buena educación?
La fría voz provenía de la vieja butaca que había delante de la chimenea, pero Frank no pudo ver al que hablaba. La serpiente estaba enrollada sobre la podrida alfombra que había al lado del fuego, como una horrible parodia de perro hogareño.

Algunos se estremecieron al pensar en aquella imagen, asqueroso era lo más leve, aunque lo más pensado fue lo aterrador de aquella postal.

Con una seña, Colagusano ordenó a Frank que entrara. Aunque todavía profundamente conmocionado, éste agarró el cayado con más fuerza y pasó el umbral cojeando. La lumbre era la única fuente de luz en la habitación, y proyectaba sobre las paredes largas sombras en forma de araña.

Ron contuvo una arcada, como si la serpiente ordeñada no fuese suficiente agregaban arañas en las paredes.

Frank dirigió la vista al respaldo de la butaca: el hombre que estaba sentado en ella debía de ser aún más pequeño que su vasallo, porque Frank ni siquiera podía vislumbrar la parte de atrás de su cabeza.
—¿Lo has oído todo, muggle? —dijo la fría voz.

Lucius frunció el ceño, ¿Por qué el señor oscuro hablaba con un muggle y el viejo no parecía sentir temor alguno? ¿En qué se había convertido Él?

—¿Cómo me ha llamado? —preguntó Frank desafiante, porque, una vez dentro y llegado el momento de hacer algo, se sentía más valiente. Así le había ocurrido siempre en la guerra.
—Te he llamado muggle —explicó la voz con serenidad—. Quiere decir que no eres mago.

-¿Cómo ha de estar Voldemort de débil para no matarlo tan solo cruzo la puerta?

—No sé qué quiere decir con eso de mago —dijo Frank, con la voz cada vez más firme—. Todo lo que sé es que he oído cosas que merecerían el interés de la policía. ¡Usted ha cometido un asesinato y planea otros! Y le diré otra cosa —añadió, en un rapto de inspiración—: mi mujer sabe que estoy aquí, y si no he vuelto...

-Sabra que es mentira y aunque lo fuese, sería absurdo querer ahuyentarlo con eso.

—Tú no tienes mujer —cortó la fría voz, muy suave—. Nadie sabe qué estás aquí. No le has dicho a nadie que venías. No mientas a lord Voldemort, muggle, porque él sabe... él siempre sabe...

-Que manía que tienen los ególatras de referirse a si mismo en tercera persona. Es absurdo e ilógico.

—¿Es verdad eso? —respondió Frank bruscamente—. ¿Es usted un lord? Bien, no es que sus modales me parezcan muy refinados, milord. Vuélvase y dé la cara como un hombre. ¿Por qué no lo hace?
—Pero es que yo no soy un hombre, muggle —dijo la fría voz, apenas audible por encima del crepitar de las llamas—. Soy mucho, mucho más que un hombre. Sin embargo... ¿por qué no? Daré la cara... Colagusano, ven a girar mi butaca. El vasallo profirió un quejido. —Ya me has oído, Colagusano.

Todos se tensaron, verían en que se había convertido aquel hombre que había esparcido el pánico, ¿qué tanto daño tenía su carne?

 Lentamente, con el rostro crispado como si prefiriera hacer cualquier cosa antes que aproximarse a su señor y a la alfombra en que descansaba la serpiente, el hombrecillo dio unos pasos hacia delante y comenzó a girar la butaca. La serpiente levantó su fea cabeza triangular y profirió un silbido cuando las patas del asiento se engancharon en la alfombra.

-¿Qué tan terrible puede ser?
-Cuando destruyen tu cuerpo y por algún motivo sobrevives, tomas la forma de lo que quedo de ti, supongo que cobró un aspecto tan putrefacto como su interior.

 Y entonces Frank tuvo la parte delantera de la butaca ante sí y vio lo que había sentado en ella. El cayado se le resbaló al suelo con estrépito. Abrió la boca y profirió un grito. Gritó tan alto que no oyó lo que decía la cosa que había en el sillón mientras levantaba una varita. Vio un resplandor de luz verde y oyó un chasquido antes de desplomarse. Cuando llegó al suelo, Frank Bryce ya había muerto.
A trescientos kilómetros de distancia, un muchacho llamado Harry Potter se despertó sobresaltado.

-¿Qué demonios ha sido eso? ¿Tú…tú… puedes ver…? ¿Cómo? ¿Por qué?-Hermione carraspeó- Lo sé ¡Por Merlín! Esperar al resto de libros. Tienes que empezar a ordenar cosas y responder dudas o mi cabeza volará por los aires.


lunes, 3 de julio de 2017

Harry Potter y el prisionero de Azkaban- Cap 22

Aclaración: Bueno todos los personajes y los libros que leen pertenecen a Jo Rowling, yo solo lo traspaso a un blog para que puedan leerlo de una manera diferente con las intervenciones de ciertos personajes pertenecientes a ella.


Harry Potter y el Prisionero de Azkaban


Capitulo XXII: "Más lechuzas mensajeras"

-Creo que sería adecuado que Sirius lea el último capítulo, ¿No creen?- Sirius tomó el libro, con el ceño fruncido.
-Siempre creí que escribirían libros de mí y mis andanzas, pero nunca esperé que así…supongo que hay que especificar cuando crees en algo. Aunque no fui el que peor quedó de esa guerra- murmuró, sin poder dar un inevitable vistazo a Frank y Alice, algo que solo Neville notó.
-Me pregunto si es correcto lo que estamos haciendo, ni siquiera es legal Harry, el domino de nuestras acciones afectara no solo a nosotros, si no a Inglaterra y medio mundo mágico. ¿Crees que realmente todo salga bien? Tu lo has dicho nuestros planes suelen salir mal.
-Hermione, nuestros planes serán un asco, pero lo que tenemos a favor es que ya terminaba muy mal para muchos aún sin meternos,  ¿qué puedes hacerles peor que los que ya les hicieron? ¡Míralos! Destrozaron a todos aquí de una forma u otra, no hay chance de que las cosas sean peor de lo que ya lo eran.
-Empiecen- Sirius suspiró, antes de comenzar a leer.
-El último capítulo se llama Más lechuzas mensajeras.

—¡Harry! —Hermione le tiraba de la manga, mirando el reloj.

- ¿Por qué los relojes funcionan y no otros aparatos?- preguntó Seamus confundido.
-Porque los relojes son muy antiguos, además de que su funcionamiento es simple porque no necesitan energía eléctrica.

—. Tenemos diez minutos para regresar a la enfermería sin ser vistos. Antes de que Dumbledore cierre la puerta con llave.
—De acuerdo —dijo Harry, apartando los ojos del cielo—, ¡vamos!
Entraron por la puerta que tenían detrás y bajaron una estrecha escalera de caracol. Al llegar abajo oyeron voces. Se arrimaron a la pared y escucharon. Parecían Fudge y Snape.

-Cuando pienso que dos personas no pueden caerme peor, se juntan y se sobrepasan.
-Espera a conocer a Umbr…- Hermione le dio un codazo.

Caminaban aprisa por el corredor que comenzaba al pie de la escalera.
—... Sólo espero que Dumbledore no ponga impedimentos —decía Snape—. ¿Le darán el Beso inmediatamente?

Sirius se estremeció, Lily rozó su pierna con la de él por debajo de la mesa, como un pequeño tirón a la realidad, fuera de sus demonios.

—En cuanto llegue Macnair con los dementores. Todo este asunto de Black ha resultado muy desagradable. No tiene ni idea de las ganas que tengo de decir a El Profeta que por fin lo hemos atrapado. Supongo que querrán entrevistarle, Snape...

Canuto sintió una arcada. Mientras James hacía una mueca de asco.
-¿Puedo atacarlo? ¿Golpearlo? ¿Atarle las piernas con cinta y hacerlo quitar como ruleta?- Hermione negó rotundamente, Marlene frunció la cara como niña enfurruñada- ya no la dejan hacer nada a una, censura y opresión ¡Eso es!

Y en cuanto el joven Harry vuelva a estar en sus cabales, también querrá contarle al periódico cómo usted lo salvó.
Harry apretó los dientes.

De la misma manera que muchos en el comedor. Harry sentía que estaba por tener jaqueca, con el paso de los años las acciones de Snape parecían haberse justificado pero ahora, contándolas una por una y reviviéndolas se daba cuenta que él no era un santo, a pesar de que él era de los buenos…Harry se repitió la última frase en su mente, intentando no confundir sus pensamientos.
Entrevió la sonrisa hipócrita de Snape cuando él y Fudge pasaron ante el lugar en que estaban escondidos. Sus pasos se perdieron. Harry y Hermione aguardaron unos instantes para asegurarse de que estaban lejos y echaron a correr en dirección opuesta. Bajaron una escalera, luego otra, continuaron por otro corredor y oyeron una carcajada delante de ellos.

-Maldito bichejo insufrible- masculló Hermione.
-Vas a ganarte la antipatía de la sociedad protectora de Peeves abandonados- se burló Ron.

—¡Peeves! —susurró Harry, asiendo a Hermione por la muñeca—. ¡Entremos aquí!
Corrieron a toda velocidad y entraron en un aula vacía que encontraron a la izquierda. Peeves iba por el pasillo dando saltos de contento, riéndose a mandíbula batiente.
—¡Es horrible! —susurró Hermione, con el oído pegado a la puerta—. Estoy segura de que se ha puesto así de alegre porque los dementores van a ejecutar a Sirius... —Miró el reloj—. Tres minutos, Harry.

-Peeves no tiene nada contra mí, su corazón es tan puro que nos odia a todos por igual- explicó.

Aguardaron a que la risa malvada de Peeves se perdiera en la distancia. Entonces salieron del aula y volvieron a correr.
—Hermione, ¿qué ocurrirá si no regresamos antes de que Dumbledore cierre la puerta? —jadeó Harry.
—No quiero ni pensarlo —dijo Hermione, volviendo a mirar el reloj—. ¡Un minuto! —Llegaron al pasillo en que se hallaba la enfermería—. Bueno, ya se oye a Dumbledore —dijo nerviosa Hermione—. ¡Vamos, Harry!

-¡Apúrense!- Por la manera en que varios alentaban, parecía más una carrera de caballos que una lectura.
-¡Silencio ustedes! Que es algo serio esto, no un tonto partido de quidditch.
-Hablo una de las mejores buscadoras que Gryffindor ha tenido- Minerva regañó a Sirius con la mirada, pero sin contener una pequeña sonrisa de orgullo.

Siguieron por el corredor cautelosamente. La puerta se abrió. Vieron la espalda de Dumbledore.
—Os voy a cerrar con llave —le oyeron decir—. Son las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.
Dumbledore salió de espaldas de la enfermería, cerró la puerta y sacó la varita para cerrarla mágicamente. Asustados, Harry y Hermione se apresuraron. Dumbledore alzó la vista y una sonrisa apareció bajo el bigote largo y plateado.
—¿Bien? —preguntó en voz baja.

-Encierra a Harry y Hermione, al girarse ve a otros Harry y Hermione que liberaron a una bestia y a un asesino serial y lo primero que dice es ¿BIEN?- Molly parecía a punto de la crisis nerviosa- ¡Que son niños, Albus! Pones demasiado peso en sus pequeños hombros.
-Harry no tiene  nada pequeño- comentó Ginny distraídamente, ganándose varias miradas, desde pícaras y divertidas hasta asqueadas de parte de sus hermanos- ¿Qué? Nunca ha tenido hombros peq… ¡No me refería a eso y no me culpen de sus mentes pervertidas!
-Considerando que tuviste tres embarazos en cinco años…parece que el cachorro no tiene problemas de ese calibre- se burló Sirius, mientras Harry enrojecía como un tomate.

—¡Lo hemos logrado! —dijo Harry jadeante—. Sirius se ha ido montado en Buckbeak...
Dumbledore les dirigió una amplia sonrisa.
—Bien hecho. Creo... —Escuchó atentamente por si se oía algo dentro de la enfermería—. Sí, creo que ya no estáis ahí dentro. Entrad. Os cerraré.

-Nunca entenderé como puede estar tan calmado en situaciones tan surrealistas- Fabian se encogió de hombros.
-Es Dumbledore, puede hacer todo.

Entraron en la enfermería. Estaba vacía, salvo por lo que se refería a Ron, que permanecía en la cama. Después de oír la cerradura, se metieron en sus camas. Hermione volvió a esconder el giratiempo debajo de la túnica. Un instante después, la señora Pomfrey volvió de su oficina con paso enérgico.
—¿Ya se ha ido el director? ¿Se me permitirá ahora ocuparme de mis pacientes?

-Madame Pomfrey es la única persona que he conocido capaz de regañar a Albus Dumbledore- comentó Remus con cierto cariño, había pasado tantos días en la enfermería después de la luna llena y tantas situaciones en que Madame Pomfrey intentaba que su dolor fuera el mínimo posible que era imposible que no sintiera un agradecimiento enorme por aquella señora.

Estaba de muy mal humor. Harry y Hermione pensaron que era mejor aceptar el chocolate en silencio. La señora Pomfrey se quedó allí delante para asegurarse de que se lo comían. Pero Harry apenas se lo podía tragar. Hermione y él aguzaban el oído, con los nervios alterados. Y entonces, mientras tomaban el cuarto trozo del chocolate de la señora Pomfrey, oyeron un rugido furioso, procedente de algún distante lugar por encima de la enfermería.

-¿Más problemas?- bufó Dorcas- ¿No pueden tener aunque sea una hora de tranquilidad?

—¿Qué ha sido eso? —dijo alarmada la señora Pomfrey.
Oyeron voces de enfado, cada vez más fuertes. La señora Pomfrey no perdía de vista la puerta.
—¡Hay que ver! ¡Despertarán a todo el mundo! ¿Qué creen que hacen?

-No puede ser un alumno, ya lo hubiesen enviado a detención, Sirius se marchó…A no ser que- no fue una coincidencia que varios pares de ojos miraran derecho a la mesa verde y plata.

Harry intentaba oír lo que decían. Se aproximaban.
—Debe de haber desaparecido, Severus. Tendríamos que haber dejado a alguien con él en el despacho. Cuando esto se sepa...
—¡NO HA DESAPARECIDO! —bramó Snape, muy cerca de ellos—. ¡UNO NO PUEDE APARECER NI DESAPARECER EN ESTE CASTILLO! ¡POTTER TIENE ALGO QUE VER CON ESTO!

-¿Esto es de lo que te jactas Snape? ¿Tus brillantes actuaciones, poderes y mente fría? ¿Amenazar a un niño de trece años porque no te dejo vengar tu berrinche escolar? ¿Te parece acaso que te hace más hombre? No eres nada, eres una cáscara vacía repleta de resentimiento y envidia y deja de meterte con quienes quiero o acabarás muy mal- era impresionante, pensó Sirius, como Marlene podía verse tan amenazante a pesar de su estatura, su rostro infantil y sus ojos claros, pero lo supo por su mirada, aquella chica no mentía, no amenazaba en vano, sería capaz de destrozar a quien sea para defender a los que amaba…Se preguntó si Marlene murió al ser atacada o al defender a alguien, las dos opciones le hacían un hueco en el estómago.

—Sé razonable, Severus. Harry está encerrado.

¡PLAM!
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ACTUALIZACIÓN 9 DE JULIO.


La puerta de la enfermería se abrió de golpe. Fudge, Snape y Dumbledore entraron en la sala con paso enérgico. Sólo Dumbledore parecía tranquilo, incluso contento. Fudge estaba enfadado, pero Snape se hallaba fuera de sí.
—¡CONFIESA, POTTER! —vociferó—. ¿QUÉ ES LO QUE HAS HECHO?

Sirius se tronó el cuello, con una sonrisa triunfal.
-Me escapo, mi ahijado me quiere y a Quejicus le explota la vena de la frente, día productivo.

—¡Profesor Snape! —chilló la señora Pomfrey—, ¡contrólese!
—Por favor, Snape, sé razonable —dijo Fudge—. Esta puerta estaba cerrada con llave. Acabamos de comprobarlo.
—¡LE AYUDARON A ESCAPAR, LO SÉ! —gritó Snape, señalando a Harry y a Hermione. Tenía la cara contorsionada. Escupía saliva.

-A veces me sorprende como cuando crees que no puede ser más odioso…se supera a si mismo.
Lily intentó reír con los demás, pero James le dio la mano por debajo de la mesa, a pesar de que el disfrutaba ver a Snape en plena crisis nerviosa, sabía que era como una puñalada  para ella cada vez que él se metía con su hijo.

—¡Tranquilícese, hombre! —gritó Fudge—. ¡Está diciendo tonterías!
—¡NO CONOCE A POTTER! —gritó Snape—. ¡LO HIZO ÉL, SÉ QUE LO HIZO ÉL!

Minerva se frotó la sien.
-Merlín santo, que fijación tiene ese muchacho con Potter. Lo escucho quejarse sobre él desde hace siete años y aparentemente me esperan dos décadas más.

—Ya vale, Severus —dijo Dumbledore con voz tranquila—. Piensa lo que dices. Esta puerta ha permanecido cerrada con llave desde que abandoné la enfermería, hace diez minutos. Señora Pomfrey, ¿han abandonado estos alumnos sus camas?
—¡Por supuesto que no! —dijo ofendida la señora Pom­frey—. ¡He estado con ellos desde que usted salió!

Severus tenía el ceño fruncido con fuerza. No entendía como los Potter podían hacer lo que les plazca y siempre todos los aplaudían como si fuesen héroes. Solo eran unos petulantes cabrones.

—Ahí lo tienes, Severus —dijo Dumbledore con tranquilidad—. A menos que crea que Harry y Hermione son capaces de encontrarse en dos lugares al mismo tiempo, me temo que no encuentro motivo para seguir molestándolos.
Snape se quedó allí, enfadado, apartando la vista de Fudge, que parecía totalmente sorprendido por su comportamiento, y dirigiéndola a Dumbledore, cuyos ojos brillaban tras las gafas. Snape dio media vuelta (la tela de su túnica produjo un frufrú) y salió de la sala de la enfermería como un vendaval.

-¿Está mal sentir cierta satisfacción al arruinar lo de Snape?- Murmuró Hermione, Harry arrugó el ceño, de la misma manera que lo hacía Lily al enfadarse.
-Prefiero no replantearme mis sentimientos por Snape y sus acciones, siempre que lo hago me da jaqueca.

—Su colega parece perturbado —dijo Fudge, siguiéndolo con la vista—. Yo en su lugar; Dumbledore, tendría cuidado con él.
—No es nada serio —dijo Dumbledore con calma—, sólo que acaba de sufrir una gran decepción.

-Snape es en sí mismo una decepción  con patas- razonó Marlene.
-Creo que me quedaré contigo rubia, me agradas- felicitó Canuto.
-Nos conocemos desde primero, Lassie, y desde entonces quieres mirar mis bragas al subir la escalera, ¿por qué finges que no nos conocemos?
-Ya, pero yo tenía planes de revolcones geniales contigo, esto de ser pareja abre un mundo de posibilidades.
-Creo que voy a golpearte, pero lo más doloroso sería darte en la cara o la entrepierna, tu cara sería una pena y tu entrepierna sería más pérdida para mí que para ti.
-Me llamaste Lassie y hablaste de sexo en la misma conversación, no sé si me disgusta o no.
-James, recuérdame nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia tener una cita doble con estos dos.

—¡No es el único! —repuso Fudge resoplando—. ¡El Profeta va a encontrarlo muy divertido! ¡Ya lo teníamos arrinconado y se nos ha escapado entre los dedos! Sólo faltaría que se enterasen también de la huida del hipogrifo, y seré el hazmerreír. Bueno, tendré que irme y dar cuenta de todo al Ministerio...

Alastor bufó.
-Estupido Fudge.

—¿Y los dementores? —le preguntó Dumbledore—. Espero que se vayan del colegio.
—Sí, tendrán que irse —dijo Fudge, pasándose una mano por el cabello—. Nunca creí que intentaran darle el Beso a un niño inocente..., estaban totalmente fuera de control. Esta noche volverán a Azkaban.

Sirius se estremeció.
-Soy de los que creen que no deberían existir en ninguna parte del mundo, aún cuando se habla de los peores seres humanos, actuar sin humanidad nos vuelve iguales o peores que ellos- Dumbledore estaba tenso, la simple mención de Azkaban lo alteraba casi tanto como a Sirius.

Tal vez deberíamos pensar en poner dragones en las entradas del colegio...
—Eso le encantaría a Hagrid —dijo Dumbledore, dirigiendo a Harry y a Hermione una rápida sonrisa. Cuando él y Fudge dejaron la enfermería, la señora Pomfrey corrió hacia la puerta y la volvió a cerrar con llave. Murmurando entre dientes, enfadada, volvió a su despacho.

-Es admirable como Pomfrey ignora todo cuando se trata de atender a un alumno, puede caerse el mundo pero ella no se desconcentra- comentó Remus, con un dejo cariñoso en su voz, había pasado demasiadas mañanas bajo los cuidados de la enfermera y no podía evitar tener aprecio por aquella mujer que curaba sin preguntar.

Se oyó un leve gemido al otro lado de la enfermería. Ron se acababa de despertar. Lo vieron sentarse, rascarse la cabeza y mirar a su alrededor.
—¿Qué ha pasado? —preguntó—. ¿Harry? ¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde está Sirius? ¿Dónde está Lupin? ¿Qué ocurre?
Harry y Hermione se miraron.
—Explícaselo tú —dijo Harry, cogiendo un poco más de chocolate.

-Le pegas tu vicio a mi hijo- culpó Lily, poniendo los ojos en blanco. -Y yo que creí que el que pegaría vicios sería el perro.
-Me discriminan por ser perro- a la mitad de las muchachas del comedor se le caían las bragas al ver al galán de Hogwarts con esa expresión de pena.
-Qué curioso, la que se meta con el perro acabará pareciendo pekinés…Porque le aplastaré la cara contra la mesa- advirtió Marlene con una sonrisa que pretendía ser tierna.

Cuando Harry; Ron y Hermione dejaron la enfermería al día siguiente a mediodía, encontraron el castillo casi desierto. El calor abrasador y el final de los exámenes invitaban a todo el mundo a aprovechar al máximo la última visita a Hogsmeade. Sin embargo, ni a Ron ni a Hermione les apetecía ir, así que pasearon con Harry por los terrenos del colegio, sin parar de hablar de los extraordinarios acontecimientos de la noche anterior y preguntándose dónde estarían en aquel momento Sirius y Buckbeak.

-Les doy mi palabra que no era nada tan agradable o aventurero como imaginan, era poco menos que un vagabundo desnutrido.
-Sirius no hables así, lastimas a mucha gente en esta mesa- regañó Andrómeda, señalando con la cabeza a James que parecía a punto de llorar, al igual que Tonks.

 Cuando se sentaron cerca del lago, viendo cómo sacaba los tentáculos del agua el calamar gigante, Harry perdió el hilo de la conversación mirando hacia la orilla opuesta. La noche anterior; el ciervo había galopado hacia él desde allí.

-Es extraordinario como un par de horas hacen la diferencia- Remus suspiró con cansancio.
-Así funciona con los que son como yo, unas horas hacen la diferencia entre humano y bestia, entre ser lo que ven o ser un asesino, es la maldición, soy una criatura mald…-Remus sintió un fuerte golpe en la nuca, dado por una mano demasiado pequeña como para la fuerza del golpe.

-Tonto- Tonks volvió a sentarse junto a su madre, mientras Harry y los demás sonreían con cierta complicidad, Tonks no cambiaba con el tiempo.
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ACTUALIZACIÓN 16 de JULIO.



Una sombra los cubrió. Al levantar la vista vieron a Hagrid, medio dormido, que se secaba la cara sudorosa con uno de sus enormes pañuelos y les sonreía.
—Ya sé que no debería alegrarme después de lo sucedido la pasada noche —dijo—. Me refiero a que Black se volviera a escapar y todo eso... Pero ¿a que no adivináis...?
—¿Qué? —dijeron, fingiendo curiosidad.

-Solo Hagrid feliz por una criatura no lo notaría, son pésimos actuando, especialmente tú Hermione- la castaña fingió no darse por aludida, aún sabiendo que su cuñado tenía toda la razón del mundo.

—Buckbeak. ¡Se escapó! ¡Está libre! ¡Lo estuve celebrando toda la noche!

-Solo Hagrid feliz y borracho no lo notaría- ratificó Fred,  mientras Hagrid sonreía, demasiado feliz como para avergonzarse.

—¡Eso es estupendo! —dijo Hermione, dirigiéndole una mirada severa a Ron, que parecía a punto de reírse.
—Sí, no lo atamos bien —explicó Hagrid, contemplando el campo satisfecho—. Esta mañana estaba preocupado, pensé que podía tropezarse por ahí con el profesor Lupin. Pero Lupin dice que anoche no comió nada.

-¿Espera qué?- James miró al resto confundido- Nadie revelaría ese secreto, nadie salvo…Lily si aún quieres a ese bastardo como amigo sería buen momento para decírmelo, antes de que deje su cuello como un alfiler por estrangularlo- la pelirroja bajó la cabeza, sin saber como responder.
-¿Por qué él, Snape?- Sirius lo miró, sin la malicia usual, con seriedad- ¿Así funciona? No pudiste con James y te desquitas con Harry, no pudiste con Lily y te desquitas con la primer niña que te recuerda a ella- señaló a Hermione- y como no pudiste conmigo te desquitas con Remus, que ha sido el único de nosotros, demonios, el único en este colegio que nunca se ha reído de ti. ¡Si hasta te ofreció chocolate, maldita sea! Quieres destrozarme, ven a por mi, pero no te metas con él porque ahí si seré yo quien te recuerde porque te detesto como lo hago.
-¿Crees qué diciendo las mismas estupideces de héroe justiciero te aplaudiré como todos los imbéciles que van besando tu…?- Snape se detuvo al ver girarse a Lily, para mirarlo fijamente desde el asiento en la mesa de Gryffindor.
-¿Y si soy yo quien lo dice, Severus? ¿Serás capaz de responderme o seré otra estúpida con aires de héroe justiciero? Dime tú, ¿es lo que tú haces justo acaso?
-Lily…- Lucius lo miró con una mueca de asco, si había algo más despreciable que los sangre sucia, eran los traidores.
-Deja de pensar lo que estas pensando, que yo soy bastante traidorcita- cortó Astoria, mientras Draco ocultaba una sonrisa por semejante término.

—¿Cómo? —preguntó Harry.
—Caramba, ¿no lo has oído? —le preguntó Hagrid, borrando la sonrisa. Bajó la voz, aunque no había nadie cerca—. Snape se lo ha revelado esta mañana a todos los de Slytherin.

Solo Albus fue capaz de oír la opinión poco favorecedora de Minerva sobre la casa de las serpientes.

Creía que a estas alturas ya lo sabría todo el mundo: el profesor Lupin es un hombre lobo. Y la noche pasada anduvo suelto por los terrenos del colegio. En estos momentos está haciendo las maletas, por supuesto.

James se revolvió el pelo, con frustración.
-He sido la perdición de todos los que quería proteger…Peter se volvió un traidor, Sirius condenado al infierno, Remus expulsado por una estúpida rivalidad que ni siquiera era suya y Lily…Lily…-No podía decirlo, le dolía la simple idea de imaginar a su pelirroja sin ese sonrojo en sus mejillas y ese brillo en sus ojos esmeraldas- creo que lo mejor será que me aleje y así ustedes podrán h…-Lily le dio una bofetada, que dejó a todo el comedor estático.
-¿Estas demente o eres idiota? Remus te adora, Sirius te ama más que a su reflejo, tienes un hijo que debe nacer y yo no pienso quedarme como una soltera con treinta gatos, destrozaste mi paciencia cinco años para que saliera contigo y ahora que estoy a tus pies ¿pretendes dejarme? ¡Eso ni se te ocurra! Que ya pensé mi vestido de novia, estúpido.
-¿Estas a mis pies?- repitió, aún con la mano palpándose la mejilla afectada.
-¿En serio es todo lo que escuchaste?- Marlene puso los ojos en blanco.
-Me recuerdan a nosotros- comentó Ginny.
-No crees que esa broma de la maldición Potter es cierta ¿verdad? Miopía, pelirroja con carácter de los mil demonios…- Harry se calló, cuando Ron y Hermione lo miraron con exacta expresión de "¿Recién lo notas?"

—¿Que está haciendo las maletas? —preguntó Harry alarmado—. ¿Por qué?
—Porque se marcha —dijo Hagrid, sorprendido de que Harry lo preguntara—. Lo primero que hizo esta mañana fue presentar la dimisión. Dice que no puede arriesgarse a que vuelva a suceder.

-Aún no entiendo como acepté en primer lugar- Remus bajó la cabeza abatido.
-Eres el mejor profesor que ha tenido el colegio, no me hagas hacer que mi sobrina te pegue de nuevo- cortó Sirius.
-Estaría encantada- acotó Tonks, con una sonrisita traviesa.
-Entre todas las personas a las que podías parecerte, ¿Por qué a Sirius?- preguntó Andrómeda exasperada.

Harry se levantó de un salto.
—Voy a verlo —dijo a Ron y a Hermione.
—Pero si ha dimitido...
—No creo que podamos hacer nada.

—No importa. De todas maneras, quiero verlo. Nos veremos aquí mismo más tarde.
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ACTUALIZACIÓN 6 DE AGOSTO.



Remus suspiró, con una resignación que rozaba la tristeza. Ese era su destino, trabajar un par de semanas y ser despedido, o irse antes de que lo descubran, era la vida que le esperaba a un ser como él.
-Es solo un problema peludo Lunático, no sé porque le das tantas vueltas al asunto. Y tampoco porque vives como un pobre, sabes que el dinero de los Potter es tan tuyo como mío, no es de puro cariño que digo que son mis hermanos, yo siempre…
-Tú siempre me ayudaste James, pero no puedo ser un mantenido, mucho menos que me mantenga tu hijo, que podría ser mi hijo en edad…sería avergonzante. Y no entiendo como una mujer accedió a esa vida de paria- Ginny soltó una palabrota.
-Es el mejor profesor que hemos tenido y ser pobre no es ninguna deshonra, yo crecí en una familia pobre y fui inmensamente feliz, como lo soy casada con Harry tenga él dinero o no. Remus da igual si comes caviar o sopa mientras la persona que este contigo en la mesa te ame. Y ella te ama.
-Además de que se ríe pasando los dedos por los hoyitos de tu ropa- agregó Hermione con una sonrisa.
-En realidad creo que se divierte más quitando la ropa- Molly miró feo a su hijo mayor- ¿Nadie va a mencionar el hecho de que esos dos pasaban todas las noches de guardia aunque ni guardia hubiese?- Remus se sonrojó, tomando el color del cabello de Lily.
-Son las desventajas de casarte con alguien trece años más joven, no te da tregua-Los merodeadores miraron a Charlie al mismo tiempo, Canuto fue el primero en sonreír con picardía.
-¿Están diciendo que Remusín se agarró una cachorrita? ¡Te casaste con una veintiañera, Lunático! Menos mal que te echaron de Hogwarts por hombre lobo, antes de que lo hicieran por asaltar cunas.
El Remus adulto miró a su yo pequeño, al que estaba más rojo que un tomate y dio una mirada de soslayo a Tonks, que comía galletas distraída.  
-Sé lo que piensas, aún no sé que me vio o porque se enamoró como lo hizo, pero déjame decirte que es la mujer más maravillosa que he conocido y que seré un egoísta por estar con ella a pesar de todo.

La puerta del despacho de Lupin estaba abierta. Ya había empaquetado la mayor parte de sus cosas. Junto al depósito vacío del grindylow, la maleta vieja y desvencijada se hallaba abierta y casi llena. Lupin se inclinaba sobre algo que había en la mesa y sólo levantó la vista cuando Harry llamó a la puerta.
—Te he visto venir —dijo Lupin sonriendo. Señaló el pergamino sobre el que estaba inclinado. Era el mapa del merodeador.

-No puedo creer que hayamos sido alumnos de Lunático sin saberlo- Fred se pellizcó el puente de la nariz- ¡Son legendarios! Tuvimos a tres de cuatro ese año bajo el mismo techo y no lo supimos.
-Dos y medio, a Peter le falta el dedo, la ética y los cojones- Lily y McGonagall miraron con igual desaprobación a la rubia, mientras Sirius asentía con expresión seria.

—Acabo de estar con Hagrid —dijo Harry—. Me ha dicho que ha presentado usted la dimisión. No es cierto, ¿verdad?
—Me temo que sí —contestó Lupin. Comenzó a abrir los cajones de la mesa y a vaciar el contenido.
—¿Por qué? —preguntó Harry—. El Ministerio de Magia no lo creerá confabulado con Sirius, ¿verdad?
Lupin fue hacia la puerta y la cerró.

-Como si no te culparan de lo mío, también te culpan de lo de él- bufó James.
-Tranquilo, ya me he acostumbrado a eso- miró de soslayo y con nostalgia a la mesa de los profesores.

—No. El profesor Dumbledore se las ha arreglado para convencer a Fudge de que intenté salvaros la vida —suspiró—. Ha sido el colmo para Severus. Creo que ha sido muy duro para él perder la Orden de Merlín. Así que él... por casualidad... reveló esta mañana en el desayuno que soy un licántropo.

-¿Sabías que eso no te devolvería la orden, verdad? Eres lo suficientemente egoísta como para querer que si te hundes todos se hundan contigo- Snape rodó los ojos.
-Tú sabes mucho de hundirte McKinnon, estarás seis metros bajo tierra.
Canuto dio un golpe seco con la varita, que mandó a Severus contra la pared de piedra.
-¿No piensa intervenir?- Lucius le exigió a Minerva, quien solo frunció el ceño.
-Mal hecho señor Black, cinco puntos menos. Tú turno Slughorn- Horace puso su mejor expresión de Me he perdido de todo- Prácticamente ha bailado sobre la tumba de una de tus alumnas, Horace- recordó, con seriedad.
-Cin…Och..Die…-Minerva gruño- Quince, no…Veinte…Si eso ¡Veinte puntos menos para Slytherin!

—¿Y se va sólo por eso? —preguntó Harry.
Lupin sonrió con ironía.

—Mañana a esta hora empezarán a llegar las lechuzas enviadas por los padres. No consentirán que un hombre lobo dé clase a sus hijos, Harry. Y después de lo de la última noche, creo que tienen razón. Pude haber mordido a cualquiera de vosotros... No debe repetirse.

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ACTUALIZACIÓN 20 DE AGOSTO. 



—¡Es usted el mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido nunca! —dijo Harry—. ¡No se vaya!

Ginny se levantó de un salto y comenzó a aplaudir con solemnidad- ¡Que aplauda el que sienta que Remus Lupin merece un asiento en esa mesa!- señaló la mesa de los profesores, donde Dumbledore se puso de pie, aplaudiendo con solemnidad seguido por McGonagall.
Remus sintió como el corazón le latía errático y los ojos se le aguaban, al ver casi en cámara lenta, como las personas se paraban y aplaudían. Algunos en silencio como Astoria, que ignoraba la mirada fulminante de Lucius, y otros como James y Sirius que gritaban y vitoreaban cual partido de Quidditch.
Bajo la cabeza avergonzado y agradecido, viendo como todos creían que él merecía lo que él mismo no creía merecer.
-Eres un profesor asombroso, un hombre intachable y serás un esposo y padre amoroso Remus, nadie te está regalando nada, esto es lo que has ganado, ni más ni menos que eso.
-¡POR EL PROFESOR LUPIN!- gritó Harry.
-Yo nunca creí que…es que soy…- Remus suspiró, silenciándose a sí mismo, no había nada que decir.

Lupin negó con la cabeza, pero no dijo nada. Siguió vaciando los cajones. Luego, mientras Harry buscaba un argumento para convencerlo, Lupin añadió:
—Por lo que el director me ha contado esta mañana, la noche pasada salvaste muchas vidas, Harry. Si estoy orgulloso de algo es de todo lo que has aprendido. Háblame de tu patronus.
—¿Cómo lo sabe? —preguntó Harry anonadado.

-Él es nuestro Hermione- explicó Sirius- Sabe todo y aún no entiendo cómo demonios lo hace.
-Estoy casado con Hermione hace años y todavía no lo entiendo- comentó Ron resignado.

—¿Qué otra cosa podía haber puesto en fuga a los dementores?
Harry contó a Lupin lo que había ocurrido. Al terminar, Lupin volvía a sonreír:
—Sí, tu padre se transformaba siempre en ciervo —confirmó—. Lo adivinaste. Por eso lo llamábamos Cornamenta.

-Parece que ambos le han protegido muy bien- felicitó Molly, con sonrisa maternal, dolorida por la simple idea de imaginarse en la situación de Lily, escuchando a tu niño sufrir sin poder hacer nada más que contemplar.

 Lupin puso los últimos libros en la maleta, cerró los cajones y se volvió para mirar a Harry—. Toma, la traje la otra noche de la Casa de los Gritos —dijo, entregándole a Harry la capa invisible.

-¿No vas a regañarlo?- cuestionó Marlene. James se encogió de hombros.
-Falta que use la capa como almohada para los pies o para limpiar el jugo que chorrea, este mocoso no entiende lo que significa reliquia.
-Ese mocoso ya es un hombre- recordó Harry, pero James lo miró con gesto sobrador.
-Dime hombre responsable, ¿Dónde tienes la capa ahora?- Harry apretó los labios, no podía recordar si estaba en el armario o en el escritorio- Cuanta desdicha. ¡RELIQUIA MUCHACHO! ¡RELIQUIA DE IGNOTIUS PEVERELL!- Minerva miró extrañada a Albus que dio un respingo en la silla.

—: Y... —titubeó y a continuación le entregó también el mapa del merodeador—. Ya no soy profesor tuyo, así que no me siento culpable por devolverte esto. A mí ya no me sirve. Y me atrevo a creer que tú, Ron y Hermione le encontraréis utilidad.

-¡Señor Lupin!- Minerva tenía el ceño fruncido, pero Remus solo sonrió.
-Ante todo soy un Merodeador, siempre lo seré- Canuto lo jaló y le dio una gran lamida en la mejilla- ¡Qué asco, Hocicos! Eso solo resulta tierno cuando eres un perro, tonto.
-Según tú, porque conozco varias personas que te dirían que soy bueno con la leng…-Marlene carraspeo- ¿Por qué no seguimos leyendo?

Harry cogió el mapa y sonrió.
—Usted me dijo que Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta me habrían tentado para que saliera del colegio..., que lo habrían encontrado divertido.

-Lo habríamos hecho, sin duda- James sonrió con cierta añoranza, su niñez dorada correteando por los pasillos de piedra parecían, repentinamente, dolorosamente lejanos. El mundo, la vida en sí, parecía haber perdido ese inocente brillo.
-Sé que ser adulto es duro James, y que los psicólogos me juzgarían por decir esto, pero tu infancia se repetirá en Harry, vivirás a través de él, como lo hará el idiota de Sirius- abrazó a Lily y la besó.
-No tengo idea de que es un psicólogo, pero gracias pelirroja.

—Sí, lo habríamos hecho —confirmó Lupin, cerrando la maleta—. No dudo que a James le habría decepcionado que su hijo no hubiera encontrado ninguno de los pasadizos secretos para salir del castillo.

-Aunque admito que estoy feliz de que ya lo haya hecho sin mi influencia.

Alguien llamó a la puerta. Harry se guardó rápidamente en el bolsillo el mapa del merodeador y la capa invisible.
Era el profesor Dumbledore. No se sorprendió al ver a Harry.
—Tu coche está en la puerta, Remus —anunció.
—Gracias, director.

-Es un hombre adulto Minerva, no puedo retenerlo por más que quiera, así que no me regañes.
-¿Cómo sabías que iba a regañarte?
-Oh querida, medio siglo de amistad no vienen solo.

Lupin cogió su vieja maleta y el depósito vacío del grindylow.
—Bien. Adiós, Harry —dijo sonriendo—. Ha sido un verdadero placer ser profesor tuyo. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar en otra ocasión.

-¿En otra ocasión? ¡Es tu sobrino maldita sea!- James le golpeó el hombro- no puedo creer eso.
-James, Harry tenía suficientes problemas por si solo como para cargar conmigo.
-¡Harry necesitaba amor! Estaba solo, te necesito y te marchaste por esos estúpidos complejos que tienes, él no necesitaba un benefactor rico y exitoso Remus, él necesitaba un chocolate y una carta que le recordara que alguien se preocupa por él.
-Lo siento Harry, por no haber sido la familia que tanto necesitabas. Especialmente después de…Ya sabes- Sirius agachó la cabeza.
-Está bien, no es que estuviese acostumbrado a recibir cartas o regalos de todas maneras.

-Señor director; no hay necesidad de que me acompañe hasta la puerta. Puedo ir solo.
Harry tuvo la impresión de que Lupin quería marcharse lo más rápidamente posible.
—Adiós entonces, Remus —dijo Dumbledore escuetamente. Lupin apartó ligeramente el depósito del grindylow para estrecharle la mano a Dumbledore. Luego, con un último movimiento de cabeza dirigido a Harry y una rápida sonrisa, salió del despacho.
Harry se sentó en su silla vacía, mirando al suelo con tristeza. Oyó cerrarse la puerta y levantó la vista. Dumbledore seguía allí.
—¿Por qué estás tan triste, Harry? —le preguntó en voz baja—. Tendrías que sentirte muy orgulloso de ti mismo después de lo ocurrido anoche.

-Y no solo por el potencial de tu magia, si no porque lo usas de la manera correcta. No todos pueden decir eso, señor Potter- Dumbledore le sonrió con tranquila solemnidad, aquel muchacho parecía ver todo con una claridad asombrosa, una que aún hoy a él le costaba mantener.

—No sirvió de nada —repuso Harry con amargura—. Pettigrew se escapó.
—¿Que no sirvió de nada? —dijo Dumbledore en voz baja—. Sirvió de mucho, Harry. Ayudaste a descubrir la verdad. Salvaste a un hombre inocente de un destino terrible.
«Terrible.» Harry recordó algo. «Más grande y más terrible que nunca.» ¡La predicción de la profesora Trelawney!


-Ay demonios, no me digas que la loca realmente adivina el futuro.
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ACTUALIZACIÓN FINAL DEL LIBRO TRES.

—Profesor Dumbledore: ayer; en mi examen de Adivinación, la profesora Trelawney se puso muy rara.
—¿De verdad? —preguntó Dumbledore—. ¿Quieres decir más rara de lo habitual?

-Luego yo soy el bullie- se mofó Canuto, Marlene sonrió.
-Eres un chico malo Black, será difícil domarte.
-No dejo que me pongan correas.
-Curioso, yo tenía la idea de que te encantaría estar amarrad…
-BASTA USTEDES, MI HIJA ESTA PRESENTE.
-Ya le va gustar echar correas a la pequeña Nymphi- se burló Charlie.

—Sí... Habló con una voz profunda, poniendo los ojos en blanco. Y dijo que el vasallo de Voldemort partiría para reunirse con su amo antes de la medianoche. Dijo que el vasallo lo ayudaría a recuperar el poder. —Harry miró a Dumbledore—. Y luego volvió a la normalidad y no recordaba nada de lo que había dicho. ¿Sería una auténtica profecía?
Dumbledore parecía impresionado.

-No sé porque siempre siento que algo anda mal cuando Dumbledore se sorprende- murmuró Lily- como si por un momento el mundo perdiese su orden natural.
-Es cierto- Hermione miró al director- es como que sin importar la situación o lo rebuscada que sea su ayuda te sientes seguro, porque sabes que él sabe que pasara al final.
-¿Estan admitiendo que Trelawney es capaz de poner su mundo patas para arriba?- preguntó Ron, con cierta burla.
-NO.

—Pienso que podría serlo —dijo pensativo—. ¿Quién lo habría pensado? Esto eleva a dos el total de sus profecías auténticas. Tendría que subirle el sueldo...
—Pero... —Harry lo miró aterrorizado: ¿cómo podía tomárselo Dumbledore con tanta calma?—, ¡pero yo impedí que Sirius y Lupin mataran a Pettigrew! Esto me convierte en culpable de un posible regreso de Voldemort.

Ron se estremeció.
-Maldita sea, Trelawney realmente...- Hermione negó con la cabeza, silenciándolo. Pero no fueron lo suficientemente rápidos para ser ignorados por James.
-Digánme que Peter no tendrá nada que ver con el regreso de Voldemort o lo despellejaré tan pronto como lo vea.
-Yo ya quería despellejarlo desde antes- comentó por lo bajo Sirius.
-Señor Potter…James, no podemos adelantar nada. Ya es demasiado riesgoso hacer esto como para hacerlo desordenadamente. Deben leer hasta la última página antes de hacer algo, habrá muchos giros antes del final y deberán entender la evolución de cada ser humano antes de juzgarlo. Y no hablo específicamente de Peter, todos hemos estado en situaciones horribles y hemos hecho cosas de las que no estamos orgullosos.
-Hemos cometido crímenes- admitió Ginny- hemos usado todas las imperdonables, pesan muertes sobre nuestros hombros y también enterramos a demasiados, ustedes aún no lo han vivido, pero después de tener que matar y ver morir las varas con las que juzgas al resto cambian mucho. Solo esperen, y después de caminar en nuestros zapatos, en los zapatos de Harry, solo después de la última página los dejaremos tomar las riendas del asunto.

—En absoluto —respondió Dumbledore tranquilamente—. ¿No te ha enseñado nada tu experiencia con el giratiempo, Harry? Las consecuencias de nuestras acciones son siempre tan complicadas, tan diversas, que predecir el futuro es realmente muy difícil. La profesora Trelawney, Dios la bendiga, es una prueba de ello. Hiciste algo muy noble al salvarle la vida a Pettigrew.

-Algo que solo James habría hecho, el resto no somos tan nobles- suspiró Sirius- aún trato de convencerme que hicimos lo correcto. Pero considerando que acabe comiendo ratas, me cuesta hacerlo.
-Todo será diferente cachorro, aprenderé a cocinar- Marlene esbozó una pequeña sonrisa, triste- si no muero claro.
-No morirás, ahora que he dejado de ignorarte y por fin te presto atención no me dejarás en paz.
-Serás idiota.

—¡Pero si ayuda a Voldemort a recuperar su poder...!
—Pettigrew te debe la vida. Has enviado a Voldemort un lugarteniente que está en deuda contigo. Cuando un mago le salva la vida a otro, se crea un vínculo entre ellos. Y si no me equivoco, no creo que Voldemort quiera que su vasallo esté en deuda con Harry Potter.
—No quiero tener ningún vínculo con Pettigrew —dijo Harry—. Traicionó a mis padres.
—Esto es lo más profundo e insondable de la magia, Harry. Pero confía en mí. Llegará el momento en que te alegres de haberle salvado la vida a Pettigrew.

-Harry, tú podrás verte al espejo sin vergüenza después de tu decisión, Peter no puede decir lo mismo. La gente no valora lo suficiente la conciencia y su tortura, porque puedes engañar a cualquiera menos a ti mismo.

Harry no podía imaginar cuándo sería. Dumbledore parecía saber lo que pensaba Harry.
—Traté mucho a tu padre, Harry, tanto en Hogwarts como más tarde —dijo dulcemente—. Él también habría salvado a Pettigrew, estoy seguro.

-Harry es mejor hombre de lo que yo podré ser nunca, en lo que a piedad se refiere, saliste a tu madre.
-No he conocido a un mejor hombre que tú en mi vida, James, solo eres un niño mimado- Lily le besó la mejilla- todos somos idiotas a los quince años.
Harry soltó una risita.
-No puedo creer que tú y Sirius dijesen las mismas palabras.

Harry lo miró. Dumbledore no se reina. Se lo podía decir.
—Anoche... pensé que era mi padre el que había hecho aparecer mi patronus. Quiero decir... cuando me vi a mí mismo al otro lado del lago, pensé que lo veía a él.
—Un error fácil de cometer —dijo Dumbledore—. Supongo que estarás harto de oírlo, pero te pareces extraordinariamente a James. Menos en los ojos: tienes los de tu madre.

-Lo hicimos perfecto- tomó la mano de Lily, sin ocultar el orgullo en su voz- creo que ya encontré el motivo de mi existencia, otra generación va a disfrutar de tus ojazos pelirroja.
-No sé porque les prestan tanta atención, no son la gran cosa.
-¿Estas demente? Tienes dos esmeraldas por ojos, son bellísimos. Casi diría que lo más lindo de ti, pero no voy a negar mi fetiche por tu pelirrojez pecosa.
-Eres extraño.
-Ya me dijiste que si, no puedes devolverme.
-Ni a mí- agregó Canuto.
-¿En qué momento acepté casarme contigo también, Sirius?- sonrió cual niño.
-Venimos en paquete. James te da los bebés, Remus el chocolate y yo mi maravillosa presencia. Aunque si quieres bebés ojigrises…pues, tu pelirrojez pecosa es bastante atractiva.
-¿Estas ligando con mi madre?- Harry no sabía si reír o vomitar.
-Tranquilo, está en sus genes, coquetea con todo lo que respire- rió Marlene.


Harry sacudió la cabeza.
—Fue una idiotez pensar que era él —murmuró—. Quiero decir... ya sé que está muerto.
—¿Piensas que los muertos a los que hemos querido nos abandonan del todo? ¿No crees que los recordamos especialmente en los mayores apuros? Tu padre vive en ti, Harry, y se manifiesta más claramente cuando lo necesitas. ¿De qué otra forma podrías haber creado ese patronus tan especial? Cornamenta volvió a galopar anoche.

Sirius bajó la mirada, avergonzado de su nostalgia arrasadora.
-Dumbledore se equivoca Sirius- Remus puso la mano en su hombro como apoyo- mira en frente de ti y lo verás galopando al ritmo de los latidos del corazón de Harry.
-Eres un poeta frustrado Lunático, quizás sea por el tema de la luna y eso.

—Harry tardó un rato en comprender lo que Dumbledore acababa de decirle—. Sirius me contó anoche cómo se convertían en animagos —añadió Dumbledore sonriendo—. Una hazaña extraordinaria... y aún más extraordinario fue que yo no me enterara. Y entonces recordé la muy insólita forma que adoptó tu patronus cuando embistió al señor Malfoy en el partido contra Ravenclaw. Así que anoche viste realmente a tu padre... Lo encontraste dentro de ti mismo.

-Es tranquilizante- Lily miró a su hijo- saber que sin importar como salga este proyecto surrealista del futuro, estaremos junto a ti. Siempre.
-Eso nunca lo he dudado.

Y Dumbledore abandonó el despacho dejando a Harry con sus confusos pensamientos.


Nadie en Hogwarts conocía la verdad de lo ocurrido la noche en que desaparecieron Buckbeak, Sirius y Pettigrew, salvo Harry; Ron, Hermione y el profesor Dumbledore. Al final del curso, Harry oyó muchas teorías acerca de lo que había sucedido, pero ninguna se acercaba a la verdad.

-Sí que se oían cosas estrafalarias por aquellos días- Neville rió- hasta oímos que el calamar gigante se habría tragado a Sirius.
-¿Qué demonios les enseñan a ustedes en las clases? Callie es más tranquilo que cualquiera de ustedes.
-¿Le pusiste Callie a un calamar?- Marlene alzó las cejas rubias con un claro gesto de 'no es cierto'
-Es un Can y se llama Canuto, creo que quedo claro que no es bueno para los nombres.

Malfoy estaba furioso por lo de Buckbeak. Estaba convencido de que Hagrid había hallado la manera de esconder el hipogrifo, y parecía ofendido porque el guardabosques hubiera sido más listo que su padre y él. Percy Weasley, mientras tanto, tenía mucho que decir sobre la huida de Sirius.
—¡Si logro entrar en el Ministerio, tendré muchas propuestas para hacer cumplir la ley mágica! —dijo a la única persona que lo escuchaba, su novia Penelope.

-Pobre muchacha- Fred frunció el ceño- nunca entenderé como te casaste tú y no Charlie.
-¿Quién te ha dicho que yo no puedo casarme?- Molly abrió los ojos ilusionada- Ni lo sueñes madre, dije que puedo hacerlo no que vaya a hacerlo.
-Además de que Audrey es bonita y divertida…y tú eres tú.
Percy bufó.
-Muy gracioso Ginevra.
-¡No me llames Ginevra, Percival Ignotius!
-¡No me llames así!
-¡Ya ves que no soy la única loca que odia su nombre!- saltó la pequeña Nymphadora.

Aunque el tiempo era perfecto, aunque el ambiente era tan alegre, aunque sabía que había logrado casi lo imposible al liberar a Sirius, Harry nunca había estado tan triste al final de un curso.
Ciertamente, no era el único al que le apenaba la partida del profesor Lupin. Todo el grupo que acudía con Harry a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras lamentaba su dimisión.
Remus, a pesar de que debería sentirse triste, sentía una extraña felicidad en el estomago. No estaba acostumbrado a ser respetado y admirado por su trabajo, era extraño sentirse valioso.
-Cuando notes como ella te mira, tendrás esa sensación cada día- le dijo Ginny por lo bajo, con una sonrisa tierna. Ella había esperado a Harry cinco años, sabía lo que era anhelar a alguien, y Tonks lo había pasado suficientemente mal, si podía hacer su amor más sencillo iba a hacerlo.

—Me pregunto a quién nos pondrán el próximo curso —dijo Seamus Finnigan con melancolía.
—Tal vez a un vampiro —sugirió Dean Thomas con ilusión.
Lo que le pesaba a Harry no era sólo la partida de Lupin. No podía dejar de pensar en la predicción de la profesora Trelawney. Se preguntaba continuamente dónde estaría Pettigrew, si estaría escondido o si habría llegado ya junto a Voldemort. Pero lo que más lo deprimía era la perspectiva de volver con los Dursley.

-Eso deprime a cualquiera- bufó Lily- hasta yo me deprimía al pensar en volver que Tuney, era un infierno el último tiempo.
-Te mudaste con James mientras estábamos en el colegio- recordó Sirius- bueno, te mudaras. Vacaciones de navidad, ya no soportabas a tu hermana y a Dursley.
-Pero seré aún menor de edad, hasta Febrero no cumpliré los diecisiete-  James sonrió de lado.
-Tendré una niña a mi cuidado- acarició su pierna por debajo de la mesa- tranquila preciosa, cuidaré muy bien tu inocencia, especialmente junto a la chimenea en la mansión Potter- murmuró en su oído.
-¿Quién te ha dicho que quiero que la cuides? No salgo con el muchacho más atractivo de Hogwarts para ir de novios de manito sudada.
-Luego no te quejes si ando de creído.
-James a estas alturas, sabes que tienes con qué creértelas.

  Durante media hora, una gloriosa media hora, había creído que viviría en adelante con Sirius, el mejor amigo de sus padres. Era lo mejor que podía imaginar, exceptuando la posibilidad de tener allí otra vez a su padre.
-Yo soy casi tan padre tuyo como tu propio padre, Harry. Sé que Azkaban no ayudo a mi cordura y sé que sabes que muchas veces veía a James en ti, pero eso no significa que no te amase por lo que tú eres, te amé en el instante mismo en que te tuve en brazos cuando pesabas poco menos de tres kilos y te amaré hasta el último día de mi vida, sea en una mansión, en esa prisión del demonio o en una cueva en la punta de Gales. Eres mi cachorro y siempre estaré para ti, ningunos tíos imbéciles pueden hacerte creer lo contrario.

Y aunque era una buena noticia no tener noticias de Sirius, porque significaba que no lo habían encontrado, Harry no podía dejar de entristecerse al pensar en el hogar que habría podido tener y en el hecho de que lo había perdido.
Los resultados de los exámenes salieron el último día del curso. Harry, Ron y Hermione habían aprobado todas las asignaturas. Harry estaba asombrado de que le hubieran aprobado Pociones. Sospechaba que Dumbledore había intervenido para impedir que Snape lo suspendiera injustamente. El comportamiento de Snape con Harry durante toda la última semana había sido alarmante. Harry nunca habría creído que la manía que le tenía Snape pudiera aumentar; pero así fue. A Snape se le movía un músculo en la comisura de la boca cada vez que veía a Harry, y se le crispaban los dedos como si deseara cerrarlos alrededor del cuello de Harry.

Lily se tronó el cuello.
-Discuteme lo que quieras sobre Snape- Hermione habló por lo bajo para que solo Harry y Ron la escuchasen- pero niégame que necesitaba un buen psiquiatra.
-Si estaba algo traumatizado.
-¿Traumatizado? Harry, Freud se haría un festín con su cabeza, era un psicópata con buenos sentimientos.

Percy obtuvo las más altas calificaciones en ÉXTASIS. Fred y George consiguieron varios TIMOS cada uno.
Molly frunció el entrecejo.

Mientras tanto, la casa de Gryffindor; en gran medida gracias a su espectacular actuación en la copa de quidditch, había ganado la Copa de las Casas por tercer año consecutivo.

-¡ESO LEONES!- Lily se sobresalto por el repentino grito de James y los vitoreos de la casa, ¿Cómo demonios hacían los fanáticos del Quidditch para despertar de golpe la euforía?
Por eso la fiesta de final de curso tuvo lugar en medio de ornamentos rojos y dorados, y la mesa de Gryffindor fue la más ruidosa de todas, ya que todo el mundo lo estaba celebrando. Incluso Harry, comiendo, bebiendo, hablando y riendo con sus compañeros, consiguió olvidar que al día siguiente volvería a casa de los Dursley.

·   ·   ·

Cuando a la mañana siguiente el expreso de Hogwarts salió de la estación, Hermione dio a Ron y a Harry una sorprendente noticia:
—Esta mañana, antes del desayuno, he ido a ver a la profesora McGonagall. He decidido dejar los Estudios Muggles.
—¡Pero aprobaste el examen con el 320 por ciento de eficacia!

-¿Es siquiera eso posible?-Gideon miró a su sobrina política entre asombrado y escandalizado.

—Lo sé —suspiró Hermione—. Pero no puedo soportar otro año como éste. El giratiempo me estaba volviendo loca. Lo he devuelto. Sin los Estudios Muggles y sin Adivinación, volveré a tener un horario normal.
—Todavía no puedo creer que no nos dijeras nada —dijo Ron resentido—. Se supone que somos tus amigos.
—Prometí que no se lo contaría a nadie —dijo gravemente. Se volvió para observar a Harry, que veía cómo desaparecía Hogwarts detrás de una montaña. Pasarían dos meses enteros antes de volverlo a ver—. Alégrate, Harry —dijo Hermione con tristeza.

Hermione le dio la mano a Harry, quien entrelazó los dedos con ella. Quienes no los conocieran podrían ver un gesto casi romántico, pero ellos sabían que tenían una hermandad no sanguínea, habían pasado juntos todas las situaciones, y tenían una confianza ciega y desvergonzada en el otro. Ron y Ginny miraban el gesto tranquilos, a pesar de que varios desconocidos los miraban con asombro.
-Quiten esas caras, Hermione es mi hermana, la he visto hasta sin ropa y jamás sentiré por ella nada más de lo que siento, no quiero volver a explicar mi lazo con ella, ya lo he hecho demasiadas veces en la vida- no puedo evitar mirar de soslayo a Ron.
Ron tomó la mano de Ginny de un tirón y la puso en la misma posición que las de Harry y Hermione.
-¿Ven? Así funciona. Hermanos. Si consideran esto- levantó las manos unidas- como algo romántico están enfermos de la cabeza.

—Estoy bien —repuso Harry de inmediato—. Pensaba en las vacaciones.
—Sí, yo también he estado pensando en ellas —dijo Ron—. Harry, tienes que venir a pasar unos días con nosotros. Lo comentaré con mis padres y te llamaré. Ya sé cómo utilizar el felétono.
—El teléfono, Ron —le corrigió Hermione—. La verdad, deberías coger Estudios Muggles el próximo curso...
Ron no le hizo caso.

-Nunca lo hace- a esta altura de su matrimonio ya estaba resignada.

—¡Este verano son los Mundiales de quidditch! ¿Qué dices a eso, Harry? Ven y quédate con nosotros. Iremos a verlos. Mi padre normalmente consigue entradas en el trabajo.
La proposición alegró mucho a Harry.
—Sí... Apuesto a que los Dursley estarán encantados de dejarme ir... Especialmente después de lo que le hice a tía Marge...
Mucho más contento, Harry jugó con Ron y Hermione varias manos de snap explosivo, y cuando llegó la bruja con el carrito del té, compró un montón de cosas de comer; aunque nada que contuviera chocolate.

-Sin Remus, parecía haber perdido el chiste- el ojimiel le sonrió.
-Lamento no haber estado más para ti Harry, realmente no creí que yo te importase de la manera en que Sirius lo hacía.

Pero fue a media tarde cuando apareció lo que lo puso de verdad contento...
—Harry —dijo Hermione de repente, mirando por encima del hombro de él—, ¿qué es eso de ahí fuera?
Harry se volvió a mirar. Algo muy pequeño y gris aparecía y desaparecía al otro lado del cristal. Se levantó para ver mejor y distinguió una pequeña lechuza que llevaba una carta demasiado grande para ella. La lechuza era tan pequeña que iba por el aire dando tumbos a causa del viento que levantaba el tren.

Muchas muchachas del gran comedor soltaron un awww colectivo, pensando en la ternura del animal.
-Bicho del demonio- bufó Fred, la lechuza incordiosa siempre defecaba en su almohada.

Harry bajó la ventanilla rápidamente, alargó el brazo y la cogió. Parecía una snitch cubierta de plumas. La introdujo en el vagón con mucho cuidado. La lechuza dejó caer la carta sobre el asiento de Harry y comenzó a zumbar por el compartimento, contenta de haber cumplido su misión.
-¿No había otra lechuza más decente?- preguntó con una sonrisa burlona James.
-¿Cómo sabes que fui yo?
-Tienes cierta debilidad por los desamparados, no ibas a dejar a esa lechuza sola si nadie más la quería.
-Cachorrito tiene su lado tierno- Canuto iba a quejarse, hasta que sintió un beso de Marlene en su cuello. Maldito punto sensible.  

Hedwig dio un picotazo al aire con digna actitud de censura. Crookshanks se incorporó en el asiento, persiguiendo con sus grandes ojos amarillos a la lechuza. Al notarlo, Ron la cogió para protegerla.

-Cachorrito tiene su lado tierno- Hermione imitó el tono agudo de una indignada Marlene, mientras Ron se ponía colorado.

Harry recogió la carta. Iba dirigida a él. La abrió y gritó:
—¡Es de Sirius!
—¿Qué? —exclamaron Ron y Hermione, emocionados—. ¡Léela en voz alta!

Querido Harry:
Espero que recibas esta carta antes de llegar a casa de tus tíos. No sé si ellos están habituados al correo por lechuza.
Buckbeak y yo estamos escondidos. No te diré dónde por si ésta cae en malas manos. Tengo dudas acerca de la fiabilidad de la lechuza, pero es la mejor que pude hallar, y parecía deseosa de acometer esta misión.
Creo que los dementores siguen buscándome, pero no podrán encontrarme. Estoy pensando en dejarme ver por algún muggle a mucha distancia de Hogwarts, para que relajen la vigilancia en el castillo.
Hay algo que no llegué a contarte durante nuestro breve encuentro: fui yo quien te envió la Saeta de Fuego.

—¡Ja! —exclamó Hermione, triunfante—. ¿Lo veis? ¡Os dije que era de él!
—Sí, pero él no la había gafado, ¿verdad? —observó Ron—. ¡Ay!
La pequeña lechuza, que daba grititos de alegría en su mano, le había picado en un dedo de manera al parecer afectuosa.

-Es que el bichito no puede ser más tierno- Ginny se removió, Harry observó en silencio y embelesado como sus mejillas se ponían rojas al emocionarse como una niña.

Crookshanks llevó el envío a la oficina de correos. Utilicé tu nombre, pero les dije que cogieran el oro de la cámara de Gringotts número 711, la mía. Por favor, considéralo como el regalo que mereces que te haga tu padrino por cumplir trece años.

-Recuerdame comprarle una dotación ilimitada de pescado a ese bendito gato.

También me gustaría disculparme por el susto que creo que te di aquella noche del año pasado cuando abandonaste la casa de tu tío. Sólo quería verte antes de comenzar mi viaje hacia el norte. Pero creo que te alarmaste al verme.
Te envío en la carta algo que espero que te haga disfrutar más el próximo curso en Hogwarts.
Si alguna vez me necesitas, comunícamelo. Tu lechuza me encontrará.
Volveré a escribirte pronto.
Sirius

-Realmente lo amas- Lily se abrazó al cuello de Sirius estrechándolo con fuerza- No me importa si vienes en paquete o no Sirius, te quiero en mi vida y en la de Harry. Te quiero.
-Y yo a ti Evans- acarició la nuca pelirroja con un cariño desinteresado. Aquella era la única mujer que se había permitido amar, la única mujer a la que había amado sin esperar nada, sin desear nada, con el amor que se le tiene a una madre o a una hija, con un amor tan puro como solo un perro podía tener.

Harry miró impaciente dentro del sobre. Había otro pergamino. Lo leyó rápidamente, y se sintió tan contento y reconfortado como si se hubiera tomado de un trago una bote­lla de cerveza de mantequilla.

Yo, Sirius Black, padrino de Harry Potter, autorizo por la presente a mi ahijado a visitar Hogsmeade los fines de semana.

—Esto le bastará a Dumbledore —dijo Harry contento. Volvió a mirar la carta de Sirius—. ¡Un momento! ¡Hay una posdata...!

He pensado que a tu amigo Ron tal vez le guste esta lechuza, ya que por mi culpa se ha quedado sin rata.

-Eres un amor de persona, idiota, no lo escondas tanto- regañó Marlene.

Ron abrió los ojos de par en par. La pequeña lechuza se­guía gimiendo de emoción.
—¿Quedármela? —preguntó dubitativo. La miró muy de cerca durante un momento, y luego, para sorpresa de Harry y Hermione, se la acercó a Crookshanks para que la olfatease.
—¿Qué te parece? —preguntó Ron al gato—. ¿Es una lechuza de verdad?
Crookshanks ronroneó.
—Es suficiente —dijo Ron contento—. Me la quedo.

-Por estas cosas recuerdo porque me enamoré de ti en aquel entonces. Tú pensando en si mi gato quería a tu lechuza y yo pensando en que quería que me protegieses como cuidabas a ese bichito.
-Tarde demasiado en darme cuenta de eso. Nunca creí que fueses de las mujeres que quieren ser cuidadas.
-Todos los seres humanos necesitamos que nos cuiden Ron, aunque no sepamos como decirlo.

Harry leyó y releyó la carta de Sirius durante todo el trayecto hasta la estación de King’s Cross. Todavía la apretaba en la mano cuando él, Ron y Hermione atravesaron la barrera del andén nueve y tres cuartos. Harry localizó enseguida a tío Vernon. Estaba de pie, a buena distancia de los padres de Ron, mirándolo con recelo. Y cuando la señora Weasley abrazó a Harry, confirmó sus peores suposiciones sobre ellos.

-Si será…-Molly se silenció a si misma, pero por lo que Bill podía percatarse en el sutil movimiento de su labio, mentalmente estaba soltando una colorida catarata de insultos para Vernon.

—¡Te llamaré por los Mundiales! —gritó Ron a Harry, al despedirse de ellos. Luego volvió hacia tío Vernon el carrito en que llevaba el baúl y la jaula de Hedwig. Su tío lo saludó de la manera habitual.
—¿Qué es eso? —gruñó, mirando el sobre que Harry apretaba en la mano—. Si es otro impreso para que lo firme, ya tienes otra...
—No lo es —dijo Harry con alegría—. Es una carta de mi padrino.

-Y la relación da un giro interesante- un brillo pícaro inundo la mirada de Fred- si eres el cuñado que espero, lo usaras a tu favor.

—¿Padrino? —farfulló tío Vernon—. Tú no tienes padrino.
—Sí lo tengo —dijo Harry de inmediato—. Era el mejor amigo de mis padres. Está condenado por asesinato, pero se ha escapado de la prisión de los brujos y ahora se halla escondido. Sin embargo, le gusta mantener el contacto conmigo... Estar al corriente de mis cosas... Comprobar que soy feliz...

-¡ESE ES MI CUÑADO FAVORITO!- gritó Fred.
-Soy tu único cuñado.
-Aún no lo sabemos, sospecho de Charlie.
-¡Que no soy gay! Solo amo más a los dragones que a las personas.
-Por eso, Norberto es mi cuñado.
-¡Es hembra!
-¿Por qué hablas como si eso lo hiciera más normal?- cortó George.

Y sonriendo ampliamente al ver la expresión de terror que se había dibujado en el rostro de tío Vernon, Harry se dirigió a la salida de la estación, con Hedwig dando picotazos delante de él, para pasar un verano que probablemente sería mucho mejor que el anterior.

Y cerraron por fin, el tercer libro.

-¿Las cosas mejoraran?- preguntó James sin esperar nada optimista, sabiendo la respuesta que fue confirmada cuando nadie respondió.